La Séptima: Saga de Guardianes

22. Yendo a la casa de Alvarado

Estaba muy oscuro, hacía frío y se habían perdido. Sí, se habían perdido. Tomás los guiaba por donde el chofer del bus les indicó, pero al parecer ambos se confundieron y acabaron en medio del bosque. Por suerte ese día llevaba botas y una linterna. Ya había anochecido y se escuchaban los insectos por todos lados, esperando a que ellos se acercaran. Amara sintió la mirada de varios animales nocturnos.

Decidió subir un árbol, que en esa zona eran muy altos. Subirlo sin equipo sería muy difícil, así que le pareció mejor usar su Nerlec. Concentró su energía y con el aire se impulsó saltando de un árbol a otro hasta llegar a la copa. Intentó no resbalarse, pero debido a la humedad sería difícil. A la mitad del camino aprovechó el entrenamiento de Raziel y subió. Desde allí pudo ver mucho mejor donde se encontraban. Uno que otro árbol sufrió la fuerza del aire.

Había una carretera a unos metros de allí, daba al barrio donde supuestamente, se encontraba la casa de los abuelos de Mateo. Pudo admirar las luces de las casas y el famoso parque del barrio, que al parecer todos conocían. Avistó un parque infantil, una zona de picnic enorme y varias parrillas, todas alrededor de una fuente enorme. Al final de la calle había una casa de unas dos plantas en un terreno enorme. Estaba muy oscuro como para notar más detalles.

Bajó del árbol y dirigió a sus compañeros hacia el barrio. Tomás parecía muy tranquilo, como si fuera de paseo. Los demás sentían la tensión con cada paso.

—Por cierto —empezó Tomás. Amara esperaba una pregunta completamente innecesaria, lo cual fue cierto—. Si a Sofía le gusta Isaac, ¿quién les gusta a ustedes?

—Tomás, no es el momento —intentó callarlo Amara.

—¿Por qué? ¿Algo que ocultar? —preguntó Sofía. Con tal de que no continuaran el tema de Isaac.

“¿Cómo me los quito de encima?”.

—Ya que Tomás preguntó primero, debería ser el primero en decirnos —dijo Dean, ¿qué hacía? ¡tenía que cambiar el tema!

—Bueno, hay alguien. ¡Pero no se lo cuenten a nadie!

Inmediatamente se pegaron a él, como garrapatas. Los ojos de sus amigos brillaban ante la posible información. Olvidaron donde estaban y qué estaban haciendo. Tomás bajó la mirada y se sonrojó aún más de lo normal.

—Se llama Miriam, es del grupo seis. Le gustan los animales, hacer picnics y tiene un cabello muy bonito.

Sofía inmediatamente escribió la nueva información. Tomás la detuvo.

—¡Pero no le digan a nadie!

—Tranquilo —dijo Sofía—. Puedo investigar más sobre ella si quiere. ¿Cómo se conocieron?

—Le hablé una vez en la biblioteca.

Amara lo miró extrañada.

—¿Usted va a la biblioteca? —preguntó Dean.

—Voy mucho —aclaró él, miró en todas direcciones nervioso—. ¡Ahora ustedes!

Sintió las miradas sobre ella.

—A mí nadie —dijo de una vez Dean.

—A mí tampoco…

—Entonces, ¿quién les parece más lindo o linda? —preguntó Sofía con los ojos muy abiertos.

Realmente no lo había pensado. Sin contar a Tomás, Dean e Isaac, sólo le quedaban Gregorio y Oliver. A pesar del buen aspecto de Gregorio, no soportaba su personalidad, ni siquiera podían trabajar en equipo. Se la pasarían peleando todo el tiempo. Por otro lado, Oliver… A pesar de tener la mitad de su rostro bajo una máscara, era muy bello.

—Supongo que Abril —dijo Dean finalmente. Tomás parecía sorprendido.

Abril era preciosa, tenía rasgos delicados, ojos grandes, cabello negro rizado muy largo y la piel oscura muy brillante. Parecía una muñeca. No le sorprendió la respuesta de Dean. Aunque Eyra y Diana también eran muy lindas. Mientras analizaba las opciones, las miradas volvieron a ella.

—No lo sé, ¿Gregorio? o tal vez Oliver —dijo rápidamente.

—¡Lo sabía! ¡Te gusta Greg! —exclamó Tomás.

—¿Qué? ¡No!

“¿No me dijo ayer que pensaba que me gustaba Oliver? ¡Y frente a Nathan!”. Recordó lo molesta que estaba con Tomás por ese comentario.

—Vieras que un día vi a Amara hablando con Oliver… a solas. Nunca está sin Diana. Y no olvidemos la orquídea —reveló Sofía, causando que se sonrojara.

“Si me sonrojo van a pensar que es cierto. ¡No puedo evitarlo!”, pensó ofuscada. ¿Por qué sólo molestarla a ella y no a Dean? Debía cambiar el tema antes de que creyeran cosas raras. Intentó poner su expresión más seria.

—Me preguntó por los libros que Dean y yo conseguimos, eso es todo…

—¡Vean la hora! Démonos prisa o no llegaremos —les advirtió Dean, como siempre, su salvador. A él siempre le incomodaban ese tipo de preguntas. Evitaba el tema siempre que podía.

Amara rápidamente se acercó a él y caminaron rápidamente. Los otros dos no reclamaron ni continuaron con el tema, los siguieron en silencio.

Cuando llegaron al parque infantil, se encontraron con muchos y muchos adolescentes. Parecía una fiesta de cumpleaños. Había un hombre haciendo malabares con antorchas, una cimarrona tocando al otro lado, una mesa con comida, un hombre sirviendo bebidas y un gran pastel de cumpleaños al lado de una mujer que tomaba fotografías a los chicos que bailaban al ritmo de la música. Muchos de ellos llevaban pulseras, collares o maquillaje fluorescente. Junto con las luces y las máquinas de humo que había, era casi imposible reconocer a alguien de la multitud.




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