La Séptima: Saga de Guardianes

24. ¿Quién es El Segundo?

—¡Detente, Amara! —le pidió, una voz que le pareció más como un eco lejano.

Por unos segundos, estaba ciega. Sus ojos le ardían. Cuando logró abrirlos observó cómo la mitad de la sala estaba completamente oscura, y la otra mitad iluminada. Poco a poco la sala se fue iluminando, hasta que la parte oscura—que tomaba un tono morado oscuro—, disminuía como si fuera quemada por la luz. La biblioteca estaba completamente blanca dando la impresión de que la casa había desaparecido, dejando a Amara sola. La presencia del asesino disminuyó hasta desaparecer, como cuando la preocupación se desvanece a la llegada del alivio. La nueva presencia parecía muy fuerte, eso era muy peligroso. Si tuvo el poder para erradicar al asesino en cuestión de segundos... ¿Qué le haría a ella?

Poco a poco, la intensidad del brillo fue disminuyendo, su vista pudo descansar. Le dolieron la cabeza y los brazos, después la sensación era de calma. El manto blanco dejó en descubierto los libros y las paredes de la casa. Divisó una figura que se había sentado en el sillón. Podía sentir la presencia y verlo. No era maligna ni repulsiva como la otra, inspiraba tranquilidad y poder inmenso.

Era un hombre llegando a los cuarenta años, con el cabello castaño, ojos negros y pequeños, nariz grande y mandíbula cuadrada. El extraño descansaba en el sofá de cuero fino, con un cigarrillo encendido en la boca. El humo rodeaba su cuerpo haciendo parecer de nuevo un espectro.

Aún con el libro en mano, se mantuvo de pie esperando la reacción de aquel hombre. No sabía si era bueno o malo, o simplemente un espectador. Él la miró con sus ojos oscuros, los cuales parecían más viejos de lo que aparentaba, luego habló con una voz muy grave.

—Siéntate, Amara —Apagó el cigarrillo en el cenicero que había sobre la mesita—. Tenemos que hablar.

La chica con cuidado se acercó. Cada paso lo daba con extremo cuidado. Sentía como su corazón latía con fuerza mientras sostenía el libro contra su pecho. No pensaba soltarlo. Se sentó frente al extraño, quien sacó una caja de cigarrillos, tomó uno, lo examinó y lo volvió a guardar el empaque naranja.

—No sabes en lo que se han metido ¿verdad? —preguntó con tono amable.

—¿Quién eres? —preguntó, en voz tan baja que creyó que el extraño no la había escuchado.

—Soy a quien llamas El Segundo —anunció, recostándose en el sillón— Me temo que tendrás que escuchar la historia completa antes de decirte eso.

Amara calló. El hombre vestía con traje entero, llevaba un sombrero de copa negro, el cual se quitó y colocó sobre la mesa al lado del cenicero. Miró el libro y le dijo:

—Debes entregarle ese libro a Oculus Aquilae. Es importante que lo cuiden —ordenó, extendiendo la mano esperando a que le diera el libro, lo cual no hizo—. No te preocupes, es mejor que lo tengas tú.

Finalmente, la chica decidió entregarlo y el hombre lo examinó, acarició la tapa y lo miraba como si fuera un tesoro, que era de suma importante para él, y al mismo tiempo, le traía malos recuerdos. Lo abrió y leyó las primeras letras.

—¿Entiende esas lenguas? —preguntó Amara sorprendida.

—Por supuesto.

Ella reflexionó. No parecía alguien peligroso. Lo mencionado por Daniela le molestaba, estaba en la mira de los investigadores, por homicidio. ¿O en la mira de la imitadora?

—¿Por qué su acento me parece conocido? —observó. El español era, junto con el inglés y portugués, obligatorio para los Guardianes americanos.

—El español es mi lengua natal —afirmó el hombre orgulloso. Devolvió el libro— Me crié en este país.

“Pero en otra época”, pensó ella.

—¿De qué quería hablar?

—Te contaré sobre el asesino. No tengo mucho tiempo, sin embargo, debes conocer esta información —afirmó, mirando seriamente a la temerosa niña—. Recuerda que lo que escucharás es confidencial y absolutamente cierto.

En la historia que tenemos los Guardianes, nunca había ocurrido un evento como aquel. Eran tiempos de caos, apenas estábamos ocupando nuestro lugar en el mundo. Opiniones mixtas sobre nuestra existencia fueron el inicio de tragedias. Siempre tememos a lo desconocido. Lo repudiamos.

Así nos ocurrió. Esa confusión permitió que surgieran ideas radicales. Muy peligrosas.

Hace muchos años, nació un Guardián muy poderoso. Como una especie de broma, lo nombré El Jinete sin cabeza. Nunca lo veíamos. Dirigía un grupo de Guardianes que lo seguían ciegamente. La identidad de su líder era un misterio, una organización sin cabeza.

Adoptó mi apodo como forma de reto y burla. Su objetivo era terrible, quería eliminar a los ordinarios por completo. Sin excepciones. Lo sé, parece una locura, pero debo admitir que recibieron mucho apoyo. De aquellos a los que El Consejo les falló. Quienes fueron rechazados por organizaciones. A quienes Oculus Aquilae ignoró.

Querían convertirse en la novena organización guardiana. ¿Te imaginas? Como si fueran curanderos o exploradores.

Yo tenía diecisiete cuando aparecieron por primera vez. En ese momento había una guerra terrible y mucha discriminación hacia los Khuteneanos y Guardianes. Eso les ayudó a obtener seguidores. Conforme los Ordinarios trataban peor a los Guardianes, más grande su número de seguidores. Cada vez más fieles. Tuvimos muchos problemas controlándolos. Revueltas en las calles, protestas, huelgas, incluso llegaron a ataques violentos, destruían y quemaban edificios importantes.




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