Al escuchar el crujido de la puerta, Amara dio un salto. Estaba en medio de la biblioteca con la mochila en mano. Allí se encontraba el destino de su país… probablemente. Ella lo tenía y aún no lo creía. Había recibido instrucciones muy específicas de El Segundo.
Los chicos la llamaron y ella se percató de que Tomás llevaba una carpeta en la mano.
—¿Qué encontraron?
La carpeta poseía unos documentos sobre el Nerlec de la madre del profesor Alvarado. Provenía de una familia extremadamente poderosa. Su madre había sido miembro de una Organización Guardiana, aunque su nombre había sido tachado o cortado. Al parecer era muy poderosa. En fin, la información no sorprendió a Amara, después de lo que acababa de descubrir, así que les dijo que no era relevante y que debían devolver el documento. De todos modos, Dean ya le había tomado varias fotografías.
—Tienes razón, aunque deberíamos buscar el nombre de esa Organización, si la tacharon es por qué le daba vergüenza o ya no existe —explicó Tomás.
—Sabios, Guerreros, Creadores, Investigadores, Cazador, Curanderos y Exploradores... ¿Qué pudo ser? —preguntó Sofía.
—No lo sé... Puede que una guerrera y los traicionó —opinó Tomás inspeccionando los documentos.
—Tal vez fue...
Amara fue interrumpida por el sonido de un vidrio rompiéndose. Alguien había entrado a la casa por la fuerza. Dean rápidamente cerró las puertas de la biblioteca con cuidado y retrocedió. Los chicos mantuvieron silencio por unos segundos.
Escucharon pasos, muy cerca. El corazón de Amara iba a mil por hora y el sonido de la respiración de todos sus compañeros le hizo sentir que los descubrirían. Los pasos se escucharon frente a la biblioteca, detenerse unos segundos que duraron horas para ellos, luego continuaron. Dejó descansar sus hombros y señaló la otra puerta de la biblioteca que, según El Segundo, daba a la cocina.
Dean se adelantó a ella y abrió con sumo cuidado. Ahora debían pensar en cómo salir sin que los atraparan. La ventana de la cocina estaba cerrada. Si salían por allí llegarían al garaje y allí se esconderían hasta que el intruso desapareciera. No sabía quién estaba dentro o si era de nuevo la presencia del Jinete. Así que abrió la ventana tan lento, que las miradas desesperadas de sus compañeros la obligaron a darse prisa. Sentía que el intruso iba a aparecer detrás de ellos en cualquier momento.
Salió de la casa tan ágilmente que se sorprendió, sin tocar el marco de la ventana. Se ocultó detrás de un arbusto y esperó a que todos la siguieran. Tomás tardó mucho tiempo cruzando e incluso tuvo que devolverse a cerrar la ventana. Fue en ese momento que se quedaron inmóviles y sin saber qué hacer. Había un hombre caminando hacia el cobertizo seguido de una mujer. Desde allí podían escuchar de lo que hablaban y no le ayudó en nada a tranquilizarse.
—Si es necesario, tendremos que matar a quien lo hizo —decía la chica, quien parecía muy enfadada. Llevaba un largo abrigo y guantes, además de tres extraños orbes alrededor de su cabeza.
—Baja la voz, idiota —le regañó otra chica. Era Daniela, la imitadora—. ¿Quieres que todo el pueblo se entere?
—¡Perdón! —se disculpó en tono burlón—. ¿No puedo enojarme? ¡Ni siquiera sabemos qué diablos buscamos!
—¡Ya te dije, cualquier cosa que sea anormal! ¡Alguien entró aquí e inclusive dejó la luz encendida! —le gritó Daniela, sí que se armaron un alboroto. A juzgar por su tono y expresiones, parecía ser la real. No tenía esa aura tan oscura que Amara notó con la imitadora.
—Anormal tú, ¡no te creas mi jefa porque le gustas a ese idiota! —le respondió la chica del abrigo.
—¿A quién crees que llamas anormal? ¿Quieres problemas conmigo?
Una llama había aparecido justo en la palma de la mano de Daniela, amenazaba con quemarle el rostro, mientras la otra había sacado un cuchillo y con este amenazaba a la muchacha. Ambas estaban a tan sólo centímetros, era inevitable que no salieran heridas.
—¿Cuál idiota? —preguntó una tercera persona.
Era muy extraño, tenía una especie de cuernos en la cabeza y alas como de murciélago. El cabello negro al igual que sus ojos. Gracias a la luz de la luna pudo verlo. El chico-murciélago estaba sentado sobre el techo del garaje y miraba a los otros como si fueran inferiores a él.
—Hablo de Karim, él se cree nuestro líder —aseguró, la del abrigo, bajando el tono.
—¡No digas su nombre en voz alta! ¡Te pueden escuchar, idiota! —le advirtió Daniela, tapándole la boca.
—Para ti todos se creen superiores, no los culpo. Se nota que tienes serios problemas con la autoridad —le dijo el chico-murciélago con tono burlón.
—¡Problemas tienes tú! ¡Maldito murciélago! ¡Ven y te muestro mis serios problemas con la autoridad! —le retó ella mientras lo señalaba.
Este lo miró como si fuera realmente patética. La chica de cabello rizado hizo un intento de escalar el garaje, pero cayó de espaldas llevándose un tremendo golpe. Daniela, no lo soportó, reía y reía.
—¡Qué escándalo se tienen! —Hubo un gran silencio cuando entró, quien seguramente era el famoso Karim. Los tres lo miraron en silencio, mientras se acercaba al chico de enorme cicatriz en el rostro.