La Séptima: Saga de Guardianes

26. El ángel y la reina verde

—Solo digo… ¿Raziel? ¿De los cinco hijos de Gabriel tenía que ser Raziel? —preguntó para sí mismo.

En una casual conversación durante la cena, Amara decidió preguntarle a su padre acerca de su mentor. Ella parecía confundida y le pidió a Dorian una explicación de su extraña reacción.

—Bueno, es solo que se toma las cosas con poca seriedad...

Todo lo dijo mirando lejos. Seguramente le venían recuerdos de cuando Raziel era más joven.

Sebas sí le proporcionó más información. Le contó que de niño le gustaba atrapar a todos en ilusiones, ya que fue el único sobrino de Dorian que heredó ese Nerlec. También les contó que como su padre era la única persona a la que no le hacían efecto, dedicó la mayor parte de su tiempo intentando que cayera en sus bromas. Como convertir su té en tierra, su cama en concreto, atacarlo por sorpresa o incluso llevar duendes a su casa. Su tío soportó las bromas ya que no caía en ninguna, aunque se molestó mucho cuando supo que había encerrado a Sebas en el sótano por dos horas. Luego lo atrapó en una ilusión de la cual sólo Dorian sabe. Desde ese día, Raziel dejó de molestarlo, inclusive comenzó a tratarlo con respeto, pero de vez en cuando salía con una broma o ataque sorpresa.

"¿Y ese es nuestro mentor?", se preguntó Amara.

—Pero no lo juzguen por sus cosas de joven. Ya maduró y de los hijos de Gabriel, es el más fuerte y capaz de todos —agregó Dorian, al ver el terror en los ojos de Amara.

Su familia era muy interesante.

—Por cierto. ¿Cómo te fue con Buitrago? —le preguntó Dorian, a una muy cansada Amara—. Escuché que todos le tienen miedo.

—Creo que bien —comenzó a explicar—. Hubo un ejercicio que por poco no logro, pero una compañera me ayudó y lo terminé.

Reflexionó por unos segundos.

—¿Sabes por qué no los entrenan individualmente? Así era hacía muchos años en OA. A cada alumno, se le asignaba un mentor, para que lo llevara a sus misiones y lo entrenara. El problema, es que los chicos olvidaban trabajar en equipo. Muy pocos trabajos son individuales, debido a lo peligrosos que son. Por eso, nunca funcionaba. Se acostumbraron a confiar solamente en sus mentores. Si necesitas ayuda, pide a tus propios compañeros. Y si ellos la necesitan, ayúdales.

—Gracias, tío.

—No olvides que tienes un tío y un hermano. Dicen que son muy buenos, o eso he escuchado —añadió Dorian.

—Por supuesto.

“Lástima que no puedan ayudarme con lo de El Jinete”, pensó, sintiéndose culpable.

El silencio reinaba en la casa.

—Discúlpenme, ahora tengo una reunión —anunció Dorian, levantándose y llevando su plato—. Volveré a más tardar a las diez. Quiero que cuando llegue ya estén dormidos. Les espera un día atareado.

Dicho eso. Su tío tomó su chaqueta y salió de la casa. Dejando a los hermanos solos. Trabajaba mucho, por ello, solo podía estar en casa con ellos por las tardes. Incluso, algunas veces, Amara lo encontraba dormido sobre su escritorio.

Cuando Sebas tenía una asignación muy importante y debía pasar la noche fuera, su padre la llevaba a las reuniones o al complejo principal de Oculus Aquilae. Así fue cómo conoció a Aylin, a algunos compañeros de trabajo, incluso se había hecho amiga de los guerreros que protegían aquel lugar.

Un momento... ¡El lugar donde El Maestro trabaja! ¿Sería esa su oportunidad? Ya conocía el edificio… en parte, debido al constante aburrimiento que la empujaba a explorar el lugar. Sabía dónde estaba la entrada, el salón de reuniones, las oficinas. ¡Claro! Lo había olvidado durante su conversación con El Segundo. Lo que debía hacer, era contactar con él, y al fin librarse de aquel libro.

Sentía la sensación de vacío, como si le hubieran arrebatado algo que no existía desde hacía un poco tiempo. Extraño ¿no? Estaba segura de que estaba relacionado con el libro. El día que lo encontró, lo llevó al mini ático de la casita del árbol. La quería lo más lejos posible, pero seguro. Allí nadie subía, ni siquiera su hermano. Aun así, sentía su presencia. Inofensiva. Quería que llegara el día. Debía ir a clases una vez más e iniciaría su plan. Fue recordando todo aquello, mientras sus ojos se cerraban.

Esa noche, Dorian no llegó. Su reunión se había extendido demasiado.

Se encontraba una casa muy grande y lujosa. La construcción parecía antigua, de otra época cercana a la suya. Fuera había una tormenta terrible, se escuchaban los rayos cayendo y la lluvia golpeando los cristales. Desde la ventana se veía como los árboles se mecían en las sombras. Una mujer apareció de la nada con un bebé en brazos, atravesando la sala. El bebé tenía al menos seis meses y unos ojos muy hermosos. Ella se sentó al lado de la chimenea mirando a la pequeña criaturita. Una madre enamorada de su hijo.

Escuchó unos golpes en la puerta. Los tres se sobresaltaron. Un hombre alto de ojos al igual que el bebé entró. Tenía la ropa empapada y el cabello rubio sobre la cara. Mojaba el suelo y se disculpó por ello. Luego colocó su maletín, su abrigo y sus botas en la entrada. Se sentó al lado de la mujer y miraba el bebé, lo tomó en brazos. Besó a su esposa y le dijo que descansara mientras él cuidaba al niño. Así lo hizo y fue a la cocina a prepararse algo de beber.




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