La Séptima: Saga de Guardianes

29. La ciudad de la furia

—¿Está todo? —preguntaba Dorian mirando la pequeña maleta que llevaba su hija.

—No necesito mucho, son solo un par de semanas —explicaba Amara.

—Exacto, medio mes —decía sacando un poco de dinero y se lo dio a la chica—. Trae algo de recuerdo o compra algo que te guste. Allí venden de todo, armas, libros, objetos mágicos y cosas interesantes.

—¿Te traigo algo? —preguntó a su hermano.

—No, úsalo para lo que quieras. Recuerda que es una asignación, no un viaje. Ten cuidado.

La chica asintió, tomó su maleta y salieron de la casa en dirección a OA. Su hermano llevaba un libro y Dorian leía unos archivos mientras caminaban. El Maestro, le había pedido personalmente que le entregara archivos con la información de los discipuli, mentores y sus respectivos Nerlec y Vorlec.

La noticia del cambió del destino de su asignación causó gran emoción entre los chicos. Se encontraban en el segundo piso de la sala de su grupo. Reunidos en los sillones, Raziel y Buitrago, aseguraron que conocerían a su misteriosa mentora allí, lo que Amara realmente esperaba con ansias, ya que lo que le mencionó su tío sobre ella, llegó a que sintiera admiración hacia la joven.

Las instrucciones de El Maestro eran muy específicas, le atemorizaba fallar y no contaba con el apoyo de El Segundo o sus compañeros. Por ello debía actuar con sumo cuidado.

—¿De dónde conoces a El Maestro? —preguntó Amara cuando salían del vecindario.

—Desde hace muchos años, trabajamos juntos en algunos casos —respondió sin quitar los ojos de los archivos, como si no fuera nada sorprendente.

—¿En serio?

—Sí, aunque nunca fuimos cercanos —respondió, observando a su hija curioso, sonrió levemente al percatarse de la emoción que causaba en ella.

—¡Genial!

Pasaron por Donde Lucy hasta llegar al portal. En la entrada de OA estaban los demás chicos de la clase S-3 junto con sus mentores. Todos vestían el uniforme. Algunos llevaban una maleta enorme como si fueran a quedarse por el resto del año. Raziel hablaba con una mujer muy joven, mientras la mentora Buitrago intentaba calmar a Gregorio y Tomás, quienes peleaban con unas espadas y reían. Al ver a Dorian, Raziel se puso de pie y se dirigió a él.

—Cuida bien de los chicos, Raziel —le ordenó Dorian sin siquiera saludarlo, al advertir de la presencia de la joven—. Buenos días, Morgan, es bueno verla de nuevo por aquí.

—Buen día, tío. ¿Cómo se encuentra? —dijo un Raziel cruelmente ignorado por Dorian.

—A mí también me alegra —aseguró la mujer de cabello rizado—. ¿Ella es tu hija?

—Así es Kaira, ella es Amara —la presentó.

Realizó la reverencia, la cual la mujer imitó sonriendo. Sus ojos negros reflejaban cariño. Le asombró lo joven que era para ser mentor.

—Un placer —susurró, le parecía alguien digno de admirar.

Kaira Morgan, la mentora más joven de la historia. Ingresó a Oculus Aquilae a los nueve años, asombrando a sus profesores de la escuela por su habilidad para invocar y criar diferentes Criaturas y Bestias. Uno de los Nerlec más interesantes que Amara conocía. Realizó la Prueba del Águila a los once y logró pasarla sin problema, dos años después se graduó. El Maestro la solicitó como aprendiz, ella aceptó y se volvió mentora después de ello. Con tan solo dieciséis ya guiaba un grupo.

Al menos esperaba que ella estuviera al tanto de su asignación secreta. Sería un gran alivio contar con alguien como ella.

—Haz bien tu trabajo —amenazó Dorian sumamente serio.

—Aquí donde lo ves, en el fondo tiene un corazón —dijo Raziel volviéndose a Amara—. A veces lo oculta. Tal vez por la costumbre.

No entendió a qué se refería, así que asintió.

Buitrago había logrado quitarles las espadas a los chicos en un movimiento rápido que dejó a Tomás perplejo, los llevó a una esquina y les habló sobre el respeto y el orden. La chica había aprovechado para conversar con su mentora, le preguntaba sobre su Nerlec y sus años de discipuli.

Los alumnos esperaban emocionados el viaje. El portal tardaba un tiempo en conectarse a su destino ya que estaba bastante lejos. A pesar de la magia, los portales se regían por normas internacionales, así que viajar a otro país requería sus verificaciones. Serían transportados al aeropuerto y de ahí viajarían en otro portal a su destino. Llevaba su pasaporte en mano, al menos así no tendrían que viajar en avión o barco, ya que tardarían mucho tiempo.

Cuando el portal se conectó, cambió a una sala de aeropuerto. Los esperaban para verificar su información y escanear sus pertenencias. Amara colocó sus zapatos y celular en una cajita antes de cruzar el arco de metal. Ya al otro lado, fueron guiados hacia una sala de espera. Se sentaron en las butacas unos minutos. Luego, los volvieron a guiar por los pasillos a otra sala, donde estaba el último portal. Tomás miraba a todos lados con asombro, saltando de Amara a Dean, susurrando cosas que ninguno entendió.

Nunca había hecho un viaje en portal tan lejos como ese, sentía un ligero mareo.

La alfombra verde oscura guiaba hacia una gran entrada con puertas dobles de madera, los símbolos de cada Organización estaban tallados y pintados. Las puertas se abrieron, dándoles la bienvenida a una enorme sala, repleta de estatuas, cuadros y una gran variedad de interesantes herramientas. Podía observar muchísimos discipuli creadores entre ellos.




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