Los guiaron por un pasillo donde caminaban muchos guardianes bien vestidos que los miraban y les sonreían. Ser de OA parecía impresionarlos. Esos colores provocaban admiración y respeto hacia ellos, era la misma manera en la que observaban a Dorian cuando ella lo acompañaba. Para Amara era fascinante observar los uniformes de otras Organizaciones. Por el momento había visto a sabios, creadores y curanderos.
El uniforme de los creadores se dividía en dos, traje formal y el de trabajo. El de trabajo consistía en un overol negro con bordados coral y blanco, llevando en su pecho el símbolo de la diosa creadora. Su traje formal negro, con una capa abierta blanca, un faldón del mismo color y una banda diagonal coral a la derecha, todo se sostenía en una faja. Con unas botas altas café. Para conocer su rango, debían observar la cantidad de insignias en su faja.
Por otro lado, los curanderos vestían más variado. Lo único que destacaba era la gabacha con bordados menta y su sombrero menta con el símbolo de la tortuga.
Llegaron hasta una sala donde cada puerta doble de madera oscura, poseía el nombre de cada Organización tallado con magia. Les indicaron que había dos habitaciones de los discipuli, una para los chicos y otra para las chicas, además de una pequeña sala que compartirían.
Le dieron la llave a Abril, para después hablarles de lo mismo de siempre, que debían comportarse, no hacer ruido y esas cosas. Buitrago parecía preocupada por el hecho de que Gregorio y Tomás estarían en una habitación juntos, aunque Kaira se reía al ver la reacción de su compañera.
Cuando sus mentores se fueron, abrieron la puerta de la habitación. Contaba cinco camas enormes, con sábanas muy limpias, una ventana casi tan grande como la pared por la cual la belleza de la ciudad era pintada de vivos colores y luces. El baño tenía duchas, una tina, lavamanos y un retrete. Abril encendió el televisor y se acostó en la primera cama que vio, Amara eligió la que estaba al lado de la ventana y allí colocó su maleta. Las luces de la viva ciudad emocionaron a Amara, desde allí se veía la enorme estatua del fundador.
Morgan apareció en la habitación y sonrió al ver el entusiasmo de las chicas.
—Hermoso ¿verdad?
—¡Genial! —exclamó Sofía sacando una de las bebidas de la mini refrigeradora.
—Mañana a las siete tienen que estar abajo en la recepción. Recuerden que por el cambio de horario son las cuatro de la tarde. Por hoy, solamente pueden estar fuera bajo mi supervisión —sonrió y con la cabeza señaló la cuidad—. ¿Quieren salir un rato?
Las calles de la ciudad estaban repletas de turistas, llevaban sus cámaras para absorber la mayor cantidad de recuerdos de aquel bello lugar. Era limpio y parecía seguro, aunque la gran cantidad de policías y guerreros daban a entender la ausencia de los ladrones. Kaira les había solicitado que se cambiaran su uniforme por ropa común, ya que no querían destacar mucho, menos con su asignación, por lo que ella llevaba una blusa celeste, zapatos celestes y su overol color crema. El clima en aquella ciudad lo controlaban con magia, de manera que, sin importar la época del año, siempre brillaba el sol.
Se acercaron a varias tiendas de ropa, recuerdos, electrónicos y armas. Le sorprendió la cantidad de librerías en la ciudad, estaban por todos lados, a cada esquina. Había lugares especiales para leer historia del pueblo y estudiarla, enfocadas en los famosos autores y su fundador.
Incluso había una llena de libros de armas y magia. Eyra y Sofía se desviaron hacia una tienda de caramelos, mientras Diana acompañó a Amara y Abril en silencio. No hablaba por nada y parecía importarle poco lo que sucedía a su alrededor, como si ya hubiera estado en aquel lugar decenas de veces y lo conociera de memoria. Kaira Morgan las acompañó de tienda en tienda hasta que terminaron en una calle un poco más solitaria. Las casas imperaban sobre los negocios y el murmullo de las llenas calles desaparecía con el viento.
La mayoría de las tiendas eran de armas, armaduras y objetos mágicos. Morgan, Diana y Abril se dirigieron a una tienda mientras Amara se veía atraída por una librería llena de textos extraños sobre sellos, hechizos, historia de Nerlec y otras.
Unos muchachos jóvenes estaban fuera de la librería con un cartel. Se acercaron a ofrecerle descuentos de tres libros por el precio de dos. Claro, aceptó ir. Abril y Morgan le hicieron señas de que irían a la tienda del frente.
Al entrar la saludó una mujer muy anciana, llevaba unos lentes muy pequeños sobre su gran nariz y el cabello completamente gris, era muy bajita y miraba a Amara con los grandes ojos negros como si fuera extraño ver jóvenes. La anciana sonrió, Amara le devolvió la sonrisa y se dirigió a los libros sobre sellos.
Le interesaban los sellos y los Nerlec desde el relato de El Segundo acerca de La Batalla del Destino. Tomó uno llamado "Sellos simples" y lo ojeó un rato hasta que al final de la estantería, advirtió en uno con el lomo bastante desgastado, pero las plateadas letras estaban legibles. Decían “Azalea y Lisandro Cacharro, los últimos de la familia Soledad". En la contraportada pudo leer lo siguiente:
"En el año 1968 se encontró evidencia clara de que los hermanos Cacharro, eran en realidad los últimos sobrevivientes de la familia Soledad. Familia que luchó por la Ley de Unión. La Red de Exploradores Latinoamericanos, negó estos datos como verídicos. Así que la Escuela de historia de la Universidad de Austrovia se dio la tarea de estudiar en profundidad los hechos. En este libro se analizarán dichas pruebas y su veracidad."