Desde el inicio de la asignación se le había hecho difícil dormir. No era usual una llamada de El Maestro en medio de la noche, mucho menos después de su acuerdo. Sintió indignación, ¿de verdad debían involucrar a una pobre niña en medio de ese desastre? Jinetes, El Segundo, El Recipiente y en medio de todo ello, su pequeña discipuli. No había tenido el gusto de conocer a su grupo, jamás imaginó que esa sería su primera tarea como mentora. ¡Y cómo se negó a serlo! Ser espectadora de su propio pasado no le apetecía. Por una razón se esforzó tanto para convertirse en miembro lo antes posible. El trabajo no la dejaba descansar. ¿Cuándo fue la última vez que tuvo un buen descanso?
Luego debió prometer al padre de la niña que la cuidaría bien. Sin saber que la enviaban a la boca del lobo. Mirarlo a los ojos y mentirle, lo hacía a menudo. Por alguna razón se sintió más incómodo de lo normal.
Cuando recibió la señal de Nicole, se acercó para observar de cerca a los chicos. Dúkur la escoltaría a la tienda, entregarían el mensaje y luego Dúkur se lo llevaría a El Maestro. Ella simplemente debía observar que nadie se acercara a ellos o a la tienda. Para eso tenía a Pimiento, Cascabel y Soldado, sus urutaú de confianza. Caminaba junto a Buitrago mientras Pimiento y Soldado vigilaban la tienda y Cascabel seguía a Amara.
Todo transcurría con tranquilidad. Tal vez demasiada. Evitó pensar en ello, siempre la acusaban de ser demasiado paranoica. Era su naturaleza, así logró salvarse de muchas situaciones riesgosas. Trabajar sola era tan sencillo, no debía preocuparse por los demás. Vigilar que niños no salgan heridos, era tedioso y sumamente estresante. Su charla con su antigua mentora logró calmarla un poco. De verdad le sorprendía su actitud como colega. Nunca entendió por qué los demás la encontraban aterradora, siempre fue muy dulce con todos. Estricta, pero amable.
Pocos minutos después Dúkur salió de la tienda. Envió a Pimento a vigilar su trayecto hacia el portal secreto. Llegó sin problema, lo esperaría por el tiempo de su charla y luego regresarían todos a la tienda a recoger a la niña. ¿Por qué no hacerlo ella misma? Por alguna razón, El Maestro quería mantener la tienda vigilada por un tiempo.
—¿Qué opina de los chicos? —preguntó Buitrago mirando a lo lejos a Abril y Tomás.
—De acuerdo con sus archivos, parece que tienen dificultad para acoplarse. Especialmente los cuatro de Liternia. Aunque no me sorprende considerando su situación. Por otro lado, Abril es la que tiene más potencial para volverse miembro.
Buitrago escuchó el análisis de su colega, soltó una carcajada y golpeó un poco su hombro.
—Eso ya lo sabemos, doña Celestina quería saber su opinión.
Raziel apareció justo detrás suyo. Ya lo había visto acercarse hacía unos metros. Por alguna razón le divertía aparecerse de repente.
—Señorito, ¿no debería estar vigilando a Gregorio? Será su culpa si vuelve a pelearse con un creador.
—Mujer de poca fe, tampoco son bebés. Pueden estar solos un ratito sin meterse en problemas.
Celestina lo golpeó con su bastón, parecía indignada. Tantos años de conocer a Raziel y era igual de imprudente. Al menos tenía a Celestina para obligarlo a comportarse.
—Opino eso mismo, no he tenido el tiempo de conocerlos bien. La información que me proveen ustedes en las reuniones es más que suficiente para hacerme una idea general. Diría que se llevan mucho mejor. Al menos los observo con más afán de cooperar. Excepto Diana y Gregorio, ellos parecen no tener interés en sus compañeros.
—A mí me sorprendió Oliver, parece que cambió un poco al conocer bien a los de Liternia —intervino Buitrago, con una pequeña sonrisa y brillo en sus ojos.
—No me diga que les agarró cariño tan rápido —se burló Raziel.
—¿Me vas a decir que tú no?
—Un poquitín.
—Lo escuché regañando a la pequeña Amara.
Raziel abrió los ojos, dejando su expresión burlona.
—De verdad que usted escucha todo… solo le decía a mi primita que se portara bien. Nadie quiere a Dorian enojado.
—Si se enoja con alguien sería contigo, Raziel —agregó Kaira.
—Corrijo, yo no quiero a Dorian enojado conmigo.
Celestina se detuvo, levantando una ceja. Conocía bien esa expresión suya.
—¿Por qué se enojaría? ¿Qué hizo la chiquilla? ¿Se consiguió un novio? ¿Se robó algo?
Raziel miró en todas direcciones, señalando una cafetería muy colorida.
—¿Podemos sentarnos a hablar?
***
Considerando la tranquila tarde y la insistencia de su colega. Kaira aceptó tomar un café. Igualmente, Dúkur tardaría su tiempo en conversar con El Maestro. Soldado estaba por dormir del aburrimiento. El lugar los inundó con calidez, sombrillas, luces, cuadros extravagantes decoraban el lugar. Realmente era difícil destacar en una zona turística. Buscaron la mesa más alejada. Buitrago inmediatamente revisó el menú. Su estómago daba vueltas, sería una mala idea pedir comida. Aunque al sentir el aroma de un café y pastel muy colorido que un mesero llevaba, cedió. Su antigua mentora pidió un café negro y Raziel un té, dos empanadas junto a un pastel, parecía hambriento.