La Séptima: Saga de Guardianes

40. Oiga, mire, vea

La espera la mataba. Y sus amigos ni cerca de aparecer. Se habían tardado más de lo esperado. Caminaba de lado a lado, bajaba y subía las escaleras. No respondían sus mensajes ni llamadas. Incluso le pidió a Isaac que fuera a buscarlos en sus habitaciones, a pesar de haber asegurado que no los había visto. No había daño en revisar dos veces. ¡Suficiente espera! Intentó enviar algún insecto a explorar las cercanías, así que se sentó en las escaleras de la entrada a crear unos mosquitos. Mientras cerraba para mantener la máxima concentración, sintió un objeto grande aproximarse a gran velocidad.

Oliver había desaparecido en su descanso. Cuando castigaron a Gregorio, Dean y Tomás se fueron juntos a comprar unos cómics. La dejaron sola con Eyra, ¡ni siquiera se conocían tan bien! Para su suerte estaba con Isaac.

¡La atacaban! Se puso de pie rápidamente y al abrir sus ojos se encontró con Abril, quien se había sentado a los pies de la escalera. Parecía cansada, jadeaba con fuerza. ¡Atacaban a Abril! Miró en todas direcciones. Vacío. Silencio. Intentó acercarse con cuidado. ¡Muy sospechoso! ¡Abril no estaría tan preocupada! De seguro era un clon suyo que intentaba jugarle una broma. Esperó a que ella hablara.

—No… me… ¿ayudas?

Era su voz.

Unos pasos detrás suyo. Se volvió rápidamente. Su energía estaba preparada para cualquier…

—¡S-sofi! ¡Abril! ¿Qué hacen afuera? —llamó Isaac, seguro regresaba de buscar a los demás en sus habitaciones. Si estaba solo es porque no logró encontrarlos.

—Los mentores… llámenlos.

Isaac no preguntó, inmediatamente se dio la vuelta. Sofía no podía quedarse con la duda. Abril era la pareja de Tomás. Si ella estaba sola…

—Oiga ¿Dónde están los demás?

Con la llegada de sus mentores, su compañera fue rodeada por sus compañeros confusos. Abril logró incorporarse y miró a su mentora. Los chicos miraron extrañados preguntando por los demás de su grupo. Les había pedido a sus mentores que se acercaran e intentó que ninguno de los chicos las escuchara. Sofía se negó rotundamente a alejarse sin saber de qué se trataba todo aquello y Abril no tuvo más remedio que hablar.

Procedió a contarles lo que había sucedido. Isaac miraba a Sofía con preocupación. La reacción de sus mentores no ayudaba, inmediatamente se prepararon para partir.

—¡Sofía, Isaac, Eyra! Necesito que ayuden a Abril, recolecten toda la información que puedan y contacten con algún Aprendiz. Si no contacten con Oculus Aquilae, es una emergencia —ordenó Buitrago quien, a pesar de sus intentos de parecer en calma, tenía una inquietud en su mirada. Movía mucho su bastón al hablar, lo cual nunca hacía.

—Oliver y Amara van de camino a verse con la Aprendiz. El otro Aprendiz está en la tienda —explicó Abril, ya recuperando color en su piel, estaba terminando de beber un Resucitar.

—¡Morgan! Ella es Aprendiz —recordó Isaac.

—Ella tampoco está, debe estar de camino a la tienda.

“¿Debe estar? Entonces no lo sabe con seguridad. ¿Qué está pasando? ¿Cómo están los demás?” Sintió la necesidad de buscar su celular y llamarlos. Si no respondían era por alguna razón. Aún así lo intentó.

Amara. Observó su rostro sonriente mientras timbraba.

¿Hola?

¡Contestó! ¡Estaba viva! Parecía agitada. Iba corriendo.

—¿Dónde están? Abril acaba de llegar —se apresuró a decir.

Isaac acercó la oreja al celular. Luego le pidió que colocara el celular en el altavoz. Los demás se reunieron.

En la tienda. ¡Tienen que ir ya! Sino Dean y Tom…

Fonseca se dio la vuelta, junto a Buitrago bajaron las escaleras. Sofía los siguió. Isaac no la detuvo, se mantuvo detrás de ella.

—Ustedes quédense —recordó Fonseca—. Los necesitamos aquí.

—Yo iré. Y no me van a convencer de quedarme —aseguró desafiante. Acercó el celular a su boca—. ¿Oliver y tú están bien?

Continuaron su caminata detrás de sus mentores. Era difícil seguirles el paso.

Sí, iremos a reunirnos con Nicole. Pero tiene razón Raziel, quédense en el museo. Esos tipos son peligrosos.

—Cuídate, Amara. Llama si necesitas ayuda.

Luego colgó la llamada.

—¿Dónde se reunirán con la Aprendiz? —preguntó Diana, recién acercándose a ella.

—Abril dijo que en la estatua del fundador, p-pero no deberías ir sola —pidió Isaac.

—Pero Oliver va a-

—Diana, ven con nosotros —ordenó Abril—. Esos dos podrían morir. Después buscaremos a tu hermano.

Para su sorpresa, la chica no protestó. Los siguió en silencio.

Hombres vestidos de plateado. Una tienda. El tal Penrod Becker. Amara y Oliver de camino a la estatua. Un ataque. Podría estar vinculado todo al señor de la tienda. Sus amigos de casualidad se encontraron en medio de un conflicto que no les incumbía. Ahora debía ayudarles. Cuando todo eso terminara, averiguaría más al respecto.

A pesar de las órdenes de Fonseca, ni Sofía ni Isaac aceptaron dejar a los demás atrás. Diana quería ayudar a su hermano. Eyra fue la única que aceptó quedarse atrás en caso de que tuviera que notificar a alguien más. Gregorio estaba encerrado en una oficina. ¡Tremendo espectáculo se montó!




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