Capítulo 2: El sabor de la sal y los castillos de arena
El sol de febrero caía manso sobre la costa, tiñendo el mar de un azul brillante. Sentados sobre una manta, Elena y Carlos contemplaban a Matew, que con sus pequeños baldes de plástico transportaba agua con una seriedad que a ambos les causaba ternura.
—¡Mira, papá! ¡Una torre gigante para el rey dinosaurio! —gritó el niño, mostrando sus manitas cubiertas de arena húmeda.
Carlos se arrodilló a su lado, sin importarle manchar su short de baño. Con una paciencia infinita, le ayudó a moldear las murallas del castillo, dándole palmaditas a la arena.
—Tiene que ser un castillo fuerte, campeón, para que las olas no se lo lleven —dijo Carlos, riendo mientras Matew saltaba de alegría.
Elena los miraba desde la manta, protegiéndose del sol con un sombrero de paja. Sintió una oleada de gratitud tan intensa que le escocieron los ojos. Esas vacaciones eran el fruto de un año entero de organización, de privarse de salidas innecesarias y de anotar cada gasto en su libreta. Ver a su hijo correr persiguiendo a las gaviotas pagaba cada centavo y cada esfuerzo.
Al atardecer, mientras caminaban por la orilla con los zapatos en la mano y el rumor del mar de fondo, el pequeño Matew cayó rendido, dormido en los brazos de su padre. Elena apoyó la cabeza en el hombro de Carlos.
—No quiero que esto termine nunca —susurró ella, aspirando el olor a sal y a protector solar.
—Bueno, técnicamente termina el domingo —comentó Carlos con una mueca de resignación, aunque luego sonrió y la rodeó con el brazo—. El lunes volvemos a la realidad. Tú a tus informes, yo a la oficina y este señorito al jardín de infantes. Ya hablé con la directora, su uniforme está lavado y las mochilas listas en casa.
—Somos una máquina perfecta de organización —rió Elena, pero luego se puso seria, mirando el horizonte—. Pero el próximo año tenemos que ir más al sur. Quiero que Matew conozca los lagos. Hay que empezar a ahorrar desde el próximo mes, ¿vale?
—Lo que tú digas, mi jefa —respondió Carlos, besándole la frente—. El próximo año, una aventura más grande. Los tres.