La Silaba Del Cielo

Capítulo 12: Dos formas de morir, una forma de vivir

Capítulo 12: Dos formas de morir, una forma de vivir

Los meses siguientes mostraron dos caminos opuestos para afrontar la destrucción. Ahora, el muerto en vida era Carlos. El remordimiento se convirtió en su sombra constante. Al verse completamente solo en una casa vacía que ya no le pertenecía, decidió enterrar al hombre de familia. Se convenció a sí mismo de que debía recuperar el tiempo perdido por haberse casado tan joven y haber asumido la crianza de un hijo a temprana edad. Se lanzó a la vida nocturna. Comenzó a salir todos los fines de semana en "sábados de hombres", a frecuentar bares de moda y a pasar de cama en cama con mujeres cuyos nombres olvidaba al día siguiente. Se vestía con ropa juvenil y gastaba su dinero en excesos, buscando desesperadamente anestesiar la mente.

Sin embargo, las luces de las discotecas y las risas alcoholizadas eran una fachada que se desmoronaba al llegar la madrugada. Al abrir la puerta de su nuevo departamento y encender la luz, la realidad lo golpeaba con una violencia brutal. Allí no había nadie. Nadie lo recibía con risas ni con abrazos apurados en el pasillo. No había juguetes tirados, ni un plato de comida caliente esperándolo, ni noches de cuentos antes de dormir, ni películas familiares los domingos por la tarde. Su nueva realidad era otra: una inmensa oscuridad, una soledad asfixiante, cenas de comida congelada y una frialdad que se le metía en los huesos. Sentado al borde de su cama matrimonial vacía, con la cabeza entre las manos, el hombre finalmente se enfrentaba a la pregunta que lo atormentaría el resto de sus días: ¿Valió la pena? ¿Valió la pena cambiar siete años de amor puro y complicidad por un minuto de respiro en brazos extraños? La respuesta estaba en el eco de su propio departamento vacío.

Elena, por su parte, vivía un calvario diferente. El dolor en su pecho seguía siendo una pena desgarradora, un hueco en el alma imposible de llenar. Extrañaba a su pequeño Matew con cada fibra de su ser; él seguía siendo su vida entera. Sin embargo, en sus noches de llanto, tomó una decisión: no iba a dejarse morir. Sabía que, desde algún lugar, su pequeño la miraba. Tenía que salir adelante, arrastrarse si era necesario, pero caminar, para que su hijo se sintiera profundamente orgulloso de la mamá que tenía. Costaría, claro que costaría, pero su amor de madre era más grande que la propia muerte.

El día de la firma final llegó. En una fría oficina de abogados, los papeles del divorcio se extendieron sobre la mesa. Firmaron en silencio. Carlos la miró con ojos suplicantes, buscando un rastro de la mujer de la universidad, pero solo encontró a una mujer madura, digna y lejana. Al terminar, Elena se levantó, le dedicó un leve asentimiento de cabeza a modo de despedida eterna y salió legalmente soltera.



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En el texto hay: amor, amor dolor, perdidahijo

Editado: 19.08.2026

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