Capítulo 15: El número en la memoria y una llamada de alivio
El pequeño miró a Elena con sus grandes ojos, aún brillantes por las lágrimas, y con una voz clara pero inocente le contestó:
—Me llamo Marcos, tengo cinco años. Mi mamá está en el cielo cuidándome. Me perdí de papá mientras comprábamos y no sé dónde está, pero me sé los números de su celular. ¿Usted lo podría llamar para decirle que estoy bien? Papá estará muy preocupado porque dice que si me pasa algo, él me acompañaría para no estar solito... y yo no quiero que mi papá esté solito.
Las palabras del niño fueron como un bálsamo y una estocada al mismo tiempo para Elena. Ese hombre, al igual que ella, entendía el miedo absoluto de perder a un hijo, pero estaba dispuesto a todo con tal de que su pequeño no sufriera en la soledad. Elena tragó el nudo en su garganta, le sonró a Marcos para transmitirle seguridad y tomó su teléfono.
—Claro que sí, Marquitos. Vamos a llamar a papá ahora mismo —dijo ella, marcando los números que el niño le dictó de memoria, uno a uno, con sorprendente precisión.
Al tercer tono, el teléfono fue atendido de golpe. Al otro lado de la línea, la voz de un hombre sonó rota, cargada de una desesperación y un pánico que Elena reconoció de inmediato.
—¿Hola? ¿Quién habla? ¡Por favor, dígame si es por mi hijo! —exclamó el hombre, casi sin aire.
—Señor, tranquilo, por favor. Respire —habló Elena con un tono suave pero firme, buscando calmarlo—. Mi nombre es Elena. Su hijo Marcos está conmigo, está perfectamente bien. Encontró refugio en mi local, cerca de la playa, en medio del temporal. Lo vi solito bajo la lluvia, así que lo metí, lo sequé y lo cambié con una camiseta mía para que no se enfermara. Está aquí en el mostrador tomándose una sopa caliente.
Se escuchó un sollozo del otro lado de la línea, un suspiro de alivio tan profundo que pareció mover las maderas del local.
—¡Gracias a Dios! ¡Gracias, de verdad, muchísimas gracias! —decía el padre, con la voz temblando de gratitud—. Me di la vuelta un segundo en la tienda y ya no estaba, lo estaba buscando bajo la tormenta, me estaba volviendo loco... Dígame dónde está exactamente, voy para allá de inmediato.
—Estamos en la avenida de la costanera, el local se llama "El Refugio del Mar" —explicó Elena, mirando cómo Marcos le sonreía desde el mostrador—. Traiga el auto con cuidado, el temporal está fuerte. Ah, y si está la posibilidad, cuando venga a recogerlo, por favor tráigale ropa seca para abrigarlo bien, porque su ropita está empapada y la camiseta mía le queda enorme.
—Sí, sí, por supuesto. Tengo una mochila con mudas en el auto. Llegaré con todo lo necesario en diez minutos. No sé cómo pagarle esto, señora Elena. Gracias.