Capítulo 18: El destello del mar y las miradas que entienden
Elena preparó con esmero tres porciones generosas. Sirvió la taza del pequeño con chocolate caliente bien espeso y, justo antes de continuar, se dio vuelta para mirar a Bruno.
—¿Chocolate o café? —le preguntó, sosteniendo la jarra en la mano.
Bruno la miró fijamente desde su banqueta y, con una sonrisa cómplice, le respondió haciendo caritas igual que su hijo:
—Café, por favor. Si puede ser, con dos de azúcar y bien cargadito.
Elena no pudo contener la risa ante la ocurrencia del padre.
—Está bien, marcha un café cargado —dijo ella, contagiada por la calidez del momento.
Así se sentaron en el mostrador los tres, disfrutando de la dulzura de los waffles con frutas frescas. Afuera, la tormenta ya no parecía tan importante ni tan destructiva; el rugido del viento se desvanecía ante el sonido de las risas que ahora inundaban el local por las ocurrencias de Marcos. El pequeño poseía una imaginación admirable, haciendo que, por unos minutos o quizás horas, el vacío y el dolor crónico no existieran en el corazón de Elena.
En un breve lapso de silencio, Elena desvió la mirada hacia el gran ventanal. Afuera, en medio de la tormenta en la playa, le pareció ver con total nitidez a su pequeño Matew. El niño estaba de pie sobre la arena mojada, mirándola con esa risa brillante que ella extrañaba con toda su alma, y levantaba su manito despidiéndose de ella con dulzura antes de desaparecer. Elena entendió que su hijo le daba su bendición; el pequeño Marcos se lo recordaba en vida frente a ella para poder disfrutar aunque sea de unos minutos de esa calidez.
Mientras comían, Bruno no dejaba de lanzarle miradas discretas a la mujer que tenía enfrente. Observaba con profunda admiración la forma en que Elena miraba a su hijo con amor, aunque en sus ojitos cafés se notaba la tristeza y desolación que él conocía a la perfección. Bruno recordaba haber tenido esa misma mirada. La diferencia era que él tenía a Marcos como un motor para salir adelante; ella, al parecer, estaba completamente sola, ya que no se veía ningún rastro de otra compañía en el local, solo el cuadro con el dinosaurio de plástico.