La noche se extiende lentamente sobre Montpellier, sumiendo la ciudad en una quietud profunda. Las luces de las farolas tiñen de dorado las calles empedradas, creando sombras alargadas que danzan suavemente con la brisa. El aire fresco, impregnado del aroma a tierra húmeda y flores nocturnas, parece envolver cada rincón. El sonido lejano de unos pocos pasos y el murmullo de los grillos son los únicos ecos que rompen el silencio, mientras las viejas fachadas de piedra se levantan serenas bajo el cielo estrellado. La ciudad, alejada del bullicio del día, se convierte en un lugar enigmático donde cada rincón guarda un susurro, una historia antigua, que parece quedar oculta bajo el manto de la noche.
Gala avanza por las calles estrechas y sinuosas, su silueta se confunde con la oscuridad que la rodea. La túnica que viste, sencilla pero de una elegancia inconfundible, se mueve con suavidad, rozando el suelo con cada paso. Es una prenda de tonos plateados que refleja la luz tenue de las farolas, como si estuviera tejida con hilos de luna. Su cuello está adornado con un collar de cristal que brilla débilmente, como una estrella perdida en la vastedad de la noche. La piedra en su collar, apenas visible bajo la luz, parece contener una energía que solo ella puede comprender, un poder antiguo que resuena en lo más profundo de su ser.
Su cabello, largo y blanco como la luna llena, cae en ondas suaves sobre sus hombros, como un río de plata que fluye con la brisa nocturna. Cada hebra se mueve con una delicadeza que parece desafiar la gravedad. Sus ojos, de un azul intenso como las profundidades del océano, recorren las calles con atención, captando cada detalle, cada sombra que se esconde entre los edificios. Su mirada parece estar más allá de lo evidente, como si pudiera ver lo invisible, percibir las energías que laten bajo la superficie de la ciudad.
El aire es fresco y húmedo, y la sensación de la brisa acariciando su piel blanca es reconfortante. Gala avanza sin prisa, sabiendo que el tiempo no la apura. Su paso es seguro, firme, pero a la vez suave, como una danza silenciosa. Aunque la ciudad está en calma, hay algo en el ambiente que la hace sentir más conectada que nunca con la naturaleza y la magia que fluye a su alrededor. El viento susurra entre las ramas de los árboles, y el eco de sus propios pasos se pierde en el silencio, como si la noche estuviera abrazándola, guiándola hacia su destino.
Gala se detiene en un pequeño rincón, con una sonrisa en los labios, y murmura para sí misma, como si la ciudad pudiera escucharla:
—Nací en un encantador pueblo del sur de Francia llamado Montpellier, donde los callejones empedrados y las plazas llenas de vida son el hogar de antiguas leyendas y misterios por descubrir. Desde mi primer suspiro, el aire perfumado por la brisa del mar Mediterráneo y el aroma de lavanda me envolvía, como si la propia naturaleza estuviera tejiendo un hechizo a mi alrededor.—
Respira profundamente, disfrutando del aire fresco, y continúa hablando con voz suave, como si compartiera un secreto con la misma ciudad que la ha visto crecer.
—Mi madre, una bruja respetada y sabia en la comunidad, vio en mí una conexión especial con los reinos más allá de nuestra comprensión humana. En Montpellier, donde el sol pintaba de oro las fachadas de los edificios históricos y las colinas verdes se fundían con el azul intenso del cielo, mi destino comenzó a tomar forma. Entre las callejuelas llenas de historia y los mercados rebosantes de colores vivos, la magia de mi linaje se entrelazaba con el palpitar de la vida cotidiana.—
Gala se queda quieta por un momento, inmersa en sus pensamientos. La ciudad, en su quietud nocturna, parece compartir su reflexión. Las estrellas brillan con intensidad sobre la ciudad, como si estuvieran observando su viaje, guiándola con su luz tenue y misteriosa. La luna, alta en el cielo, se refleja en el cristal de su collar, proyectando destellos plateados sobre las viejas fachadas de las casas que la rodean.
Con una ligera sonrisa en los labios, Gala retoma su paso. Las calles de Montpellier, con sus esquinas y pasajes secretos, parecen reconocerla. Hay algo en el aire, en las piedras, en las sombras, que la hace sentirse parte de esta ciudad antigua. Sabe que hay algo más allá de lo visible, algo que las leyendas susurran, algo que solo los que tienen una conexión especial, como ella, pueden percibir.
La brisa fresca mueve las hojas de los árboles cercanos, creando un murmullo suave que parece responder a sus pensamientos. Gala cierra los ojos por un momento, dejando que la serenidad de la ciudad la envuelva. La magia está en todas partes, en cada rincón de Montpellier, en cada rincón de su ser. Es algo que no puede describir completamente, pero que siente con una claridad absoluta.
Casi como si la ciudad misma le estuviera susurrando, una leve vibración se extiende por sus dedos cuando los coloca en el pasamanos de una vieja escalera de piedra. La superficie rugosa bajo su piel parece reaccionar, como si algo en ella, algún tipo de energía, la estuviera guiando. Es una sensación extraña, pero reconfortante. La ciudad la conoce, y ella la conoce a ella. Juntas, han recorrido caminos invisibles, caminos que la han llevado aquí.
De repente, un sonido lejano llega a sus oídos. Es suave, casi imperceptible, pero hay algo en él que la hace detenerse. No es el viento ni el canto de los grillos, ni siquiera el murmullo constante de la ciudad. Es un susurro bajo, casi como una llamada, una vibración que parece resonar dentro de su pecho. Gala sabe que esta es otra señal, una que no puede ignorar. Un impulso la hace girar sobre sus talones, su corazón palpita con fuerza, y no duda ni por un segundo. El destino la está esperando.
El sonido la guía hacia un pasaje estrecho, casi oculto entre dos viejos edificios de piedra. Las paredes están cubiertas de enredaderas, y el aire se siente aún más denso, como si el tiempo hubiera quedado suspendido aquí, en este rincón olvidado. A lo lejos, una puerta de madera oscura destaca entre las sombras. No es una puerta común, no es algo que una persona corriente notaría, pero para Gala es inconfundible. La puerta está adornada con símbolos extraños, tallados profundamente en la madera, figuras que parecen moverse, que parecen respirar. Como si fueran las puertas de un antiguo templo, la puerta le habla en silencio.