—BZZZ, BZZZ, BZZZ…
—Señor Edwin, despierte —una voz robótica, pero armoniosa, le despertó. —Abre los ojos, sus ojeras denotan que no ha dormido en mucho tiempo.
—¿Qué quieres, CERES? —dijo Edwin algo molesto. Se agarra la cabeza del dolor, el zumbido se había vuelto mucho más fuerte y molesto, tanto que a duras penas podía conciliar el sueño. CERES, con la serenidad de siempre, le contestó:
—Se quedó dormido de nuevo. Recuerde que en una hora tiene una reunión urgente con la directora Nannok.
—Lo sé. Es tan molesta, quiere estar siempre pendiente de mis investigaciones, es tan m… —CERES interrumpe.
—Le recuerdo, señor Edwin, que las faltas de respeto contra los miembros del equipo, y más con la directora, son sancionadas.
—Lo sé, lo sé, solo estoy algo molesto.
Edwin abre la compuerta mecánica colocando su mano en una pantalla y, en ese instante, ve a muchos de sus compañeros caminando lo más rápido posible, los científicos corren de aquí a allá y el desorden ya parece ser rutina.
—Parece ser que Nannok nos tiene algo apresurados —murmuró para sí mismo.
Comenzó a caminar rápidamente hasta que llegó a la entrada. El logo de la Academia Astronómica de Nueva Theia, abreviado A.A.N.T. Se eleva sobre la sala, la arquitectura del lugar era enorme pero vacía, con enormes pilares blancos, una selva de cristal y reactivos se cierne sobre ellos. Miró hacia los alrededores y encontró el dispensador de café; se acercó lentamente y pidió uno con mucha azúcar. De repente, la misma voz robótica le habló:
—Señor Edwin, le informo que tiene 20 minutos para llegar a la reunión; además, ese café tiene demasiado a… —Edwin interrumpe.
—Sé que tengo 20 minutos, eres demasiado hostigante con tus afirmaciones.
Edwin toma sorbos de manera lenta, como si el cansancio lo dominara y termina su café para luego subir las escaleras; sentía que el tiempo iba en su contra. Se dirige hacia la sala de reuniones de la señorita Nannok. Las ventanas daban hacia afuera a una vista artificial: Nueva Theia ya no era lo que era; la vida y los seres orgánicos apenas se recuperaban de la contaminación provocada por las generaciones pasadas y el aire tenía ese toqué a smog y muerte característico de una zona industrial.
Edwin llega a la sala de reuniones un minuto antes de que empiece la reunión y CERES, con un tono artificialmente alegre, habla:
—Perfecto, justo a tiempo. Ahora, señor Edwin, por favor ingrese.
Edwin abre la puerta con un toque en la pantalla al lado de la puerta. Nannok posa su mirada fría e inmutable y habla:
—Pensé que no nos acompañaría el astrónomo Edwin Kepler; entró justo unos 40 segundos antes de que empiece la reunión. Así que tome asiento donde le corresponde.
Edwin toma asiento en el lado izquierdo de la mesa y espera a que empiece la sesión. Nannok empieza a hablar y va de astrónomo en astrónomo hasta que llega a Edwin.
—Señor Edwin Kepler, ¿cómo va su investigación acerca del agujero negro M33 X-7? Bueno, y si sabe qué ocurre en ese puerto.
Edwin responde un poco de mala gana; su investigación aún no estaba completa y ella ya estaba presionando.
—¿Y entonces, astrónomo Edwin Kepler?
—refunfuñó la señora Nannok con un tono expectante.
—Descubrí que el agujero negro M33 X-7 dobla e interfiere con las señales que enviamos debido a su gravedad; por eso es tan complicado comunicarse con las naciones que no sean NGC 604. Además, la cantidad enorme de satélites intercepta las señales sobrevivientes. Si queremos evitar esos problemas debemos surcar el horizonte de sucesos y el anillo de fotones.
Nannok mira y lee parte de su investigación con detenimiento.
—Gracias por su colaboración, señor Edwin Kepler. Parece ser que las cartas interceptadas fueron solo por suerte o por algo que desconocemos.
Nannok mira su pantalla con una intriga genuina, en la pantalla hay mapa especulativo de M33 y el imperio de NGC 604.
En M33:
En el bullicio del puerto de M33 X-7, una figura femenina se mueve por la multitud evitando la propaganda y los ojos incrédulos del imperio. Se acerca a la plaza principal, donde la estatua del enigmático emperador Taghut se eleva; ella se pega a la estatua como si fuera un habitante habitual que va a rezar.
Las voces de las mujeres rogando por un futuro para sus hijos, proclamando con un dolor maternal la divinidad de Taghut. La figura femenina mira a sus alrededores.
Para luego pegar en las orillas de la estatua varias partes de ciclonita. Se aleja rápidamente y entra a un local; en menos de cuatro minutos se oye un estruendo y gritos por doquier.
—¡Auxilio! ¡Ahhhhh! —Las mujeres huyen despavoridas agarrando sus ofrendas y sus regalos.
En las bocinas se escucha un discurso:
—¡Muerte al falso emperador Taghut! ¡Mors falso deo Taghut!
La estatua colapsó tras la explosión. Rompiéndose en mil pedazos de mármol al tocar el suelo. Sirenas se escuchan a lo lejos y naves delgadas que flotan debido a que tienen su propio campo magnético se acercaron de manera elegante pero imponente, y los guardias imperiales alzaron la voz:
—Quien haya provocado tal catástrofe será exterminado y acusado de traición al emperador de la tierra santa, Taghut.
Desenfundaron sus pistolas de rayos microondas, alargadas y extrañas; avanzaron con cautela hacia el local y gritaron.
—¡Sal de ahí traidor!
Después de esas palabras una explosión de humo rojo brotó del lugar; los soldados quedaron cegados y cargaron sus armas para luego disparar a la puerta principal. En milisegundos, el olor a ozono invadió el lugar; el disparo tocó la nube provocando que se genere una descarga eléctrica, incendiando el local y parte de la plaza. Los soldados cayeron al suelo tras la onda de calor; un calor sofocante se cierne sobre los alrededores y la encapuchada se lanza a una esclusa escapando en el proceso.
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Editado: 27.03.2026