La Sombra De M33

Sangre Revolucionaría:

Después del veredicto dado por los soldados de Taghut, los 5 juzgados son arrastrados al borde del puerto y recitan una oración.

—Oh, tú emperador Taghut, da tu paz y tu misericordia a estas almas descarriadas que traicionaron tu fe. —Al recitar esas palabras abren las compuertas que dan al vacío exterior y lanzan a los traidores y vuelven a recitar una oración.

—Descansen almas penosas, que el frío divino del vacío exterior os limpie de vuestros pensamientos y acciones impías.

Una presencia fría y solemne mira desde la parte alta del muelle; su visor rojo es lo único que denota su presencia y por los altavoces pronuncia unas palabras.

—Procedamos con los juicios de alta traición. —Detrás de ella salen 8 hombres esposados y amordazados que se dirigen a la derecha del muelle; ella va detrás de ellos, camina guardando una distancia perfecta y cuando llegan a la zona de motores vuelve a hablar.

—Yo, la general Umbra, condeno a estos 8 hombres por el crimen de alta traición hacia el emperador Taghut. —Su voz no parece humana ni artificial, una combinación perfecta.

Debajo de todo, Lumine se mueve a gran velocidad; debe impedir la ejecución. Corre por el drenaje a gran velocidad, ha estado estudiando el lugar desde hace tiempo. El muelle M33 X-7 no es un planeta, es una nave construida con los restos de exoplanetas, así que en la parte del muelle la gravedad es poca; así que deslizará una nave cargada de dinamita y explotará la parte superficial del muelle.

La dinamita la llevaba preparando desde hace tiempo con materiales orgánicos, nitroglicerina y dióxido de silicio. Mientras deslizaba la nave, sentía que su corazón estallaría; el miedo se estaba apoderando de ella. Sentía que no llegaría a tiempo, los rezos ya estaban comenzando, el coro de soldados reza al unísono pero Umbra permanecía inmóvil. Lumine, aterrada, vio el final del desagüe, encendió una pequeña tela de la nave y la lanzó. La gravedad del muelle la jaló hacia arriba y en cuestión de segundos los compuestos de silicio cubiertos de nitroglicerina explotaron. El estruendo levantó una nube de polvo enorme, la onda expansiva lanzó a los soldados y a la general Umbra bastante lejos.

Los revolucionarios, algo aturdidos, comenzaron a intentar desatarse de sus mordazas y uno a uno lo fueron logrando, pero rápidamente la general Umbra se levantó. No parecía aturdida, su ropa apenas tenía algunos descosidos y su visor rojo seguía brillando. La nube de polvo y fuego fue descendiendo, pedazos de tela quemada caían al suelo lentamente y los revolucionarios aún no se desataban por completo. Umbra sacó su pistola de rayos microondas y empezó a disparar. En ese instante un séptimo revolucionario se había soltado y solo faltaba uno.

Empezaron a correr algunos mientras Umbra disparaba; se acercaba e ignoraba al atado, su objetivo era neutralizar a los demás. Logró darle a uno en la pierna y este se desplomó; su pantorrilla quemada y el olor a carne se hacían notorios, y el atado se lanzó contra Umbra. Ella cayó al suelo pero se lo quitó de encima sin mucha dificultad. No salió de ella ningún sonido ni ninguna queja por la caída. Pateó al atado y disparó 3 veces a su cráneo, matándolo al instante. Giró su cabeza a gran velocidad y vio cómo se llevaban al herido al que ella había disparado con anterioridad; volvió a levantar su pistola y disparó esta vez contra uno que arrastraba al herido. Le dio en el hombro. Un grito de dolor salió.

—¡Ahhh! —Los sonidos de esfuerzo se intensificaban y los otros 5 rebeldes lograron llegar al desagüe; ayudaron a los heridos para que pudieran bajar. Allí Lumine los esperaba algo ansiosa.

Lumine los contó y vio 7 de las 8 personas; en ese momento entendió, su cara se arrugó y sus ojos se aguaron pero no lloró. Hoy no lloraría, debían seguir avanzando a las profundidades del alcantarillado. Se alejaron bastante del muelle y ahí pararon un momento. Lumine sacó unas vendas y las metió en alcohol. Se acercó al herido de la pierna y le habló.

—¿Eres Cosmo, no? —Cosmo asintió, bastante adolorido y Lumine vuelve a hablar.

—Lo que haré dolerá mucho pero es necesario; tenemos que prevenir una infección, así que aguanta. —De manera veloz, Lumine pone la venda en su pantorrilla y aprieta. Cosmo grita desesperado y se desmaya. Uno de sus compañeros lo carga y Lumine se acerca al herido del hombro y hace lo mismo; él refunfuña y aprieta sus brazos con dolor, pero termina rápido.

Después de la pausa siguen avanzando; el silencio es incómodo y Lumine vuelve a hablar.

—¿Cómo se ve ella? Ya saben, la verduga del imperio. —La voz de Lumine tiembla.

—La que mató a Finn, pensé que estaría demasiado aturdida para atacar pero me equivoqué.

Cosmo despierta y habla un poco.

—Su visor rojo es como si no tuviera alma, no tiembla, no se inmuta, parece como si no respirara. Cuando Finn la tiró al suelo ella solo se lo quitó de encima y le disparó. Su uniforme negro cubre todo su cuerpo, usa guantes y su casco no revela nada.

Lumine tiembla y murmura un “gracias” a Cosmo y siguen avanzando hasta llegar al laboratorio de Lumine.

—Le pediré a los demás rebeldes que vengan por nosotros; seguramente las fuerzas de Taghut intenten seguirnos.

Los rebeldes entraron al laboratorio, notaron su hamaca y los múltiples artilugios de vidrio. Era improvisado, no había mucho pero tenía lo necesario para que Lumine sobreviviera. Lumine sacó su computadora plegable y avisó a los rebeldes para que se dirigieran aquí a sacarlos de este lugar; avisaron que llegarían en 30 minutos.

De repente, Lumine abre los ojos con sorpresa: un mensaje de la Academia Astronómica de Nueva Theia (A.A.N.T.). Ella había escuchado de la academia pero nunca pensó que la contactaran; hablaban acerca de un acuerdo y que querían contactar al líder. Ella pensó que tal vez al fin el universo recompensaba todos sus esfuerzos. Pensó en su compañero Finn y logró derramar una lágrima; la mugre y el hollín se limpiaban un poco y luego empezó a empacar la vidriera con cautela en un maletín. En poco tiempo llegaron las naves que flotaban por su campo magnético, las llamadas Magne-moto. Cosmo fue el primero en montarse y así hasta que Lumine fue la última.




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