La Sombra De M33

Sabuesos

Unas horas antes de la llegada de Edwin

Lumine, junto con Koji, caminaba por los pasillos del puerto dirigiéndose a la habitación de Farsighted. El bullicio del lugar tras el discurso seguía activo; las personas hablaban de que pronto llegarían las armas y al fin esta guerra empezaría de verdad. Koji miró a las personas y le preguntó a Lumine:

—¿De verdad tenemos que matar a los malos?

Ella, al escuchar la pregunta, se quedó en silencio por unos segundos y habló tras un suspiro largo:

—Es complicado. No mataremos a todos, solo a los que se opongan… Son ellos o nosotros.

Puso la mano en su nuca y Koji miró al suelo para contestar con un tono algo suave:

—Supongo que es una pregunta algo incómoda, pero entiendo.

Él apretó la mano de Lumine y siguieron avanzando hasta llegar a la puerta. La abrieron suavemente y Lumine anunció:

—Fars, tienes visitas. Deberías venir a recibirlas.

Farsighted se levantó del sofá improvisado; sus ojos, llenos de lagañas, se posaron en Lumine y en el niño que la tomaba de la mano.

—¿Cómo estás, Koji? Y hola, Lumine.

Koji levantó el pulgar y ella le sonrió suavemente para luego contestarle:

—Fars, el discurso fue un éxito y la multitud está emocionada; preguntan cuándo llegarán las armas.

Farsighted sonrió un poco y dijo:

—Llegarán en unas horas. Además, he hablado con las distintas bases rebeldes y están dispuestas a seguir con el trato. Todo el Imperio arderá por la revolución y el pueblo renacerá de las cenizas. —Dejó de sonreír y respiró profundo. Lumine, al darse cuenta de su expresión, le tapó los oídos a Koji y escuchó lo que él tenía que decir—: Sin embargo, he estado recibiendo noticias de que los soldados de Taghut se están llevando e interrogando a las personas cercanas a nuestra base. Necesitamos otro escándalo como el ocurrido en el rescate del puerto y, para hacerlo, tengo que pedirte algo.

Lumine miró expectante y respondió, aún con sus manos en las orejas del infante:

—Dime, Fars, ¿qué necesitas?

Él la miró con miedo en los ojos:

—La vigía del centro del puerto, Sun, no responde. Ella es la única que sabe dónde es factible lanzar un ataque y, por lo que veo, tu compañero anónimo no ha dado noticias.

Lumine, con tono de seguridad, habló:

—Mi compañero anónimo es impredecible; hay meses en los que no responde y luego días en los que no deja de hablar. Respecto a tu propuesta, acepto esta “misión de rescate”.

Farsighted volvió a sonreír. Debajo de su sofá sacó un montón de papeles y el olor a papel viejo inundó el lugar.

—Aquí tienes el mapa de la zona. —Extendió un mapa grande de todo el puerto M33 X-7 o, como lo llamaban allí, el Puerto del Agujero. Señaló un punto en rojo—: Aquí debe estar Sun…

Koji interrumpió la explicación quitándose las manos de las orejas. Se volteó y miró directamente a Lumine.

—Sé que irás a esta misión y no puedo hacer nada para cambiarlo; pero, por favor, vuelve con vida, tía Lumine.

Ella se quedó estupefacta. Agarró la cabeza de Koji con ambas manos y le dijo:

—Te prometo que volveré sana y salva. Ningún emperador hambriento de poder va a matarme. Quédate con Fars; es algo raro, pero es alguien divertido.

Koji la abrazó y Farsighted los miró con sorpresa antes de vociferar:

—¡No soy raro! Pero sí soy divertido y muy inteligente.

Lumine respondió con un:

—Lo que digas, Fars, solo eres un fanfarrón.

Rompió el abrazo y encaminó al niño al lado de Farsighted. Agarró el mapa, miró a Koji y volvió a hablar:

—Volveré, no demoraré mucho.

Salió de la habitación y comenzó a caminar por los pasillos. El bullicio continuaba, las voces seguían emocionadas por las armas. En unos momentos salió del Puerto de Estrella Muerta y el silencio empezó a predominar. Sacó su capucha negra como la noche y se cubrió con ella. Lumine caminó por el espacio entre el puerto y la ciudad, un terreno destruido debido a una operación pasada de los rebeldes. Avanzó por el yermo de tierra negra y seca; a su paso veía vagabundos y seres reptantes moviéndose por el lugar mientras un olor pútrido se cernía sobre el ambiente.

Tras unos minutos de caminata, alcanzó los primeros hogares de la ciudad. Las casas eran pequeñas y retorcidas. Mientras avanzaba, vio a niños delgados jugando a la rayuela, saltando y tarareando acerca de un mundo mágico. No podía quedarse mucho tiempo; los caminos hacia el centro de la ciudad empezaban a llenarse de multitudes. El comercio y los letreros del Imperio se alzaban con inscripciones que decían: “Siervos, abracen en espíritu y carne al gran Taghut y serán recompensados con el descanso eterno”. Lumine se movió ágilmente, evitando los principales focos de comercio. Tras unos minutos por caminos estrechos, llegó a la plaza que estaba en reconstrucción por su ataque pasado. Allí lo vio.

Una mujer rezaba y exclamaba en el suelo, frente al pedestal vacío; sus manos sostenían con fuerza una cadena de plata y su rezo clamaba por su hijo:

—Oh, gran emperador Taghut, te ruego… te ruego que traigas de nuevo a mi hijo a casa.

El llanto de la mujer inundaba el lugar hasta que un soldado interrumpió el rezo con voz burlesca:

—Señorita, debo pedirle que salga de la plaza. Incomoda a las demás personas.

La mujer levantó la vista hacia el soldado con ojos llorosos:

—Dejadme rezar, señor soldado. Estoy pidiendo por la misericordia del gran emperador Taghut y que, por su gracia, mi hijo vuelva a casa.

El hombre se ajustó el medallón del pecho y contestó con mirada altanera:

—¿Te atreves a no acatar las órdenes de un superior? ¿Acaso es usted una rebelde o un demonio que se hace pasar por dama? Ahora salga de la plaza, estorba la vista de los civiles. —Se acomodó su kufiya carmesí, roja como la sangre, que cubría su boca y su cabello, dejando solo a la vista sus ojos burlones.




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