La primera noche Marcus pensó que estaba soñando.
La celda estaba en silencio.
El único sonido era el goteo de una tubería vieja en el pasillo.
Entonces lo vio.
De pie, en la esquina de la celda.
Un niño.
Inmóvil.
Mirándolo fijamente.
Marcus se levantó de golpe.
-¿Quién está ahí?
Pero el niño no respondió.
Solo permanecía quieto.
Observándolo.
Y cuando la luz del pasillo iluminó su rostro, Marcus sintió cómo el frío recorría su espalda.
Era Phillips Black.
El niño que él mismo había visto morir.
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Editado: 29.03.2026