La sombra del Guardián, Vigía Eterno

Huida

Busqué con la mirada el saco de tela; al verlo junto a la cama lo tomé en brazos, segura de que allí se encontraba todo cuanto me pertenecía. A toda prisa me volví, con la intención de reunirme con Jon en la entrada principal de la casa.

Con el corazón oprimido en el pecho, miré por última vez aquella estancia donde solíamos sentarnos a comer. La tristeza me atravesó sin permiso. Dejé el saco sobre una de las sillas, aguardando a que Jon viniera por mí.

Pero al cabo de un momento, lo único que se hizo claro fue un sonido que ya conocía demasiado bien: el rumor de cascos aproximándose, cada vez más cerca de la casa. La misma tribulación, la misma angustia, me sacudieron con violencia.

Miré con temor hacia la puerta y retrocedí un paso; mas al girarme, Jon ya se hallaba allí, asomado en el umbral. Me miró fijamente y llevó uno de sus dedos a los labios, ordenándome silencio. Asentí, quedándome inmóvil. Con pasos medidos se acercó hasta mí.

—¿Princesa, ya tiene lo que necesita llevar? —preguntó.

Su voz fue suave, casi amable, hablándome en un susurro tan cercano a mi oído que fue imposible no estremecerme. Mi corazón se desbocó, golpeando con fuerza dentro del pecho.

—Sí, Jon —respondí con cuidado, sin alzar la voz.

Yastrin y Eldram entraron entonces, cargando sacos semejantes al mío. Se movían con prisa. Jon apretó los labios y les indicó con un gesto que se detuvieran. Eldram obedeció; Yastrin, en cambio, seguía ajustando los cintos del bolso de cuero, sin mirarlo siquiera.

—¡Estamos preparados para irnos!

Su voz resonó con torpeza.

Un golpe estrepitoso nos hizo brincar a todos. Jon, en cambio, avanzó de inmediato, colocándose frente a mí para resguardarme. La puerta se estremeció; otro impacto la hizo crujir con violencia. Pude ver el filo de un hacha descargar sin piedad contra la madera.

—¡Salgan de aquí! Suban a los caballos y aléjense por el bosque… —ordenó Jon.

Del otro lado continuaban golpeando, decididos a derribar la puerta por completo.

—¡Yastrin, vamos, vamos!

Eldram tuvo que empujarla para hacerla reaccionar. Estaba tan paralizada como yo, con la mirada fija al frente.

—Serene… debe irse con ellos —me pidió Jon, justo cuando la puerta cedió.

Varios hombres irrumpieron en la estancia: algunos con hachas, otros con espadas, y otros más tensando arcos. Me quedé contra el muro, aterrada. Jon llevaba el mismo atuendo que le había visto cuando cabalgamos tras abandonar el bosque luego de la invasión; volvió a cubrirse medio rostro.

Se enfrentó al primero que se lanzó contra él. Se movía con una certeza aterradora, esquivando cada embestida del hacha con agilidad implacable. A medida que más hombres se unían a la contienda, su figura no vacilaba.

Para mí era presenciar una pesadilla despierta. Irme sin él me parecía más atroz que quedarme a morir. Con el cuerpo rígido y la mente hecha un nudo, lo vi derribar a uno y a otro con golpes precisos. No desenvainó su espada en ningún momento; usó las sillas, el impulso de sus propios enemigos, y una fuerza que no parecía humana.

Apreté los ojos, sintiendo la frente perlada de sudor. La solidez de sus manos me sostuvo por los hombros; mas al notar que mis piernas no respondían, me alzó sin esfuerzo y me cargó sobre uno de sus hombros, avanzando con paso firme entre el caos.

Me dejó en pie cuando alcanzamos casi las habitaciones. Me miró fijamente, con una severidad que no admitía réplica. Yo aún luchaba por no mirar al frente, pues había visto cómo más hombres desmontaban de sus caballos y se apresuraban a entrar por la puerta derribada.

—Ni se le ocurra discutir ahora conmigo. Reúnase con ellos, la esperan. Obedezca —ordenó con voz imponente.

No aguardó respuesta. Lo vi desenvainar la misma espada que había visto antes, aquella que solía guardar entre sus pertenencias. Ahora pendía de su cinto, envainada bajo la capa. Al liberarla, el filo relució con un brillo frío que me erizó la piel. Mis ojos se llenaron de lágrimas.

Volvió a enfrentarse a los atacantes, y esta vez no se contuvo. Sus movimientos eran los de una danza mortífera: gráciles, veloces, precisos. En cada choque salía vencedor. Era tan letal que apenas alcanzaba a distinguir las heridas; los heridos se arrastraban lejos, cubriéndose los cortes, aún con vida.

Alzó la vista hacia mí cuando obtuvo un breve respiro. Vi su ceño fruncido. Me hizo un gesto seco, ordenándome que me fuera. Con un nudo en la garganta y los labios apretados, tuve que reunir un valor que no poseía para abandonarlo.

Completamente abatida, recorrí el resto del pasillo tan deprisa como pude. Pero de pronto, desde el frente, surgió un hombre con una espada en alto; sin misericordia, se lanzó contra mí. Me volví de inmediato, refugiándome en una de las habitaciones. Corrí sin rumbo, sofocada y aterrada, hasta tropezar contra el fondo.

Me arrinconé en una esquina; al girarme comprendí que sólo había logrado quedar acorralada. Horrorizada, lo vi alzar su espada. Justo cuando iba a hundirla en mi pecho, su cuerpo cayó al suelo como si una fuerza invisible lo hubiera derribado. Aún intentó arrastrarse hacia mí, hasta quedar finalmente inmóvil a mis pies.

Entonces vi a Eldram. Estaba tan asustado como yo, sosteniendo una pesada roca con ambos brazos aún en alto. Respirábamos al mismo ritmo, con el horror reflejado en la mirada, mientras el suelo se iba empapando de sangre espesa.

Alguien más se irguió junto a Eldram. Reconocí de inmediato aquel par de ojos de un azul intenso. Con un gesto de sus manos me indicó que saliera de allí. Sostenía su espada, cubierta de sangre; comprendí que había estado allí antes que Eldram, acudiendo en mi auxilio.

—¡Serene, vámonos de aquí! —exclamó Eldram, dejando caer la roca.

Tuvo que sujetarme con fuerza del brazo para hacerme avanzar. Casi por instinto nos agachamos al ver que más flechas silbaban en el aire. Una vez más, Jon se interpuso, dándonos el espacio necesario para seguir escapando.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.