La sombra del Guardián, Vigía Eterno

Nim’eth

Dócilmente, el caballo mantenía un ritmo constante y sereno al internarse entre los árboles. Y mientras avanzábamos, alejándonos cada vez más de aquel bosque poblado de bestias y del campamento abandonado, mis pensamientos se hundían en la manera en que había logrado burlar a aquellos hombres… y también a las criaturas que los acechaban.

¿Qué eran realmente esas bestias?

Al evocarlo en mi memoria, lo recordaba moviéndose sin el menor tropiezo conmigo a cuestas, daba la sensación de ser una de esas sombras que se deslizan sin peso entre las penumbras más antiguas.

No podía evitar estremecerme cada vez que dejaba de sentir su aliento, ni cuando apenas lograba percibir el latido de su corazón. Su cuerpo, grande y siempre frío, se alzaba tras el mío como un muro del castillo. Aquello me llevaba a innumerables pensamientos, pero la gratitud se interponía a todos ellos: fuese quien fuese Jon en realidad, me había arrancado del peligro.

Guardé silencio cuanto pude, hasta que las incertidumbres terminaron por desbordarme.

—Jon… ¿cómo fue posible que escapara con vida?

No respondió. El caballo trotaba a una marcha moderada, pero al oírme lo apuró, como si mis palabras le incomodaran. Esperé hasta que el animal volvió a templar el paso.

—Jon, ¿no me dirá qué ocurrió? ¿Guardará eterno silencio, aunque me lleve a su lado?

No dijo nada en respuesta. Apreté los labios, ya exasperada por su actitud desdeñosa, y insistí, ahora con enojo:

—¿Acaso ha perdido la facultad de oír? ¿Qué fue lo que sucedió? ¿Por qué evita responder? ¡Jon!

—¿Para qué necesita saberlo? —respondió al fin, con voz grave, cargada de severidad.

Me giré ligeramente para mirarlo. Seguía cubierto; sólo podía distinguir sus ojos profundos y el ceño endurecido bajo el capuz.

—¿De qué viene tal cuestión? ¿No ve lo evidente? —Me quejé mirándolo indignada —. Me dejó desamparada, librada a mi suerte… ¿y aun así se atreve a discutir? No imagina lo que llegué a sentir. Y ahora vuelve, como un espectro, como una aparición surgida de la nada. ¿Le parecen pocas razones para querer saber qué lo llevó a…?

Mantuvo la vista fija al frente, sin concederme siquiera una mirada.

—A desaparecer. —Dije con voz más apagada al sentir que volvía a desbordarme. No me hería que no respondiera, sino entender qué había optado dejarme sin su compañía tanto tiempo.

—No debería permitirse algo como eso. —Explicó con voz grave.

—¿Permitirme? ¿Qué cosa?

—Que esté yo, inmiscuido en sus emociones. Bien sabe que cumplo con un deber; no soy más que un emisario de su padre.

Apreté los labios.

—Y, en cualquier caso, no podía irrumpir mientras permaneciera junto a ellos.

Comprendí entonces que, desde su perspectiva, tenía razones para callar. Sus palabras siempre me resultaban demasiado pesadas; así que, incómoda y desconcertada, sintiéndome ahora herida en lo más hondo, lo miré con enojo.

—¿Cómo puede ser tan inclemente? No entiendo qué intenta decirme. ¿Qué significado real guardan sus palabras? ¿Acaso no eran su familia? ¿No los apreciaba de verdad? ¿En qué momento todo eso cambió para usted?

Ante mis reproches, vi cómo su ceño se suavizaba apenas.

—Su capacidad para comprender y observar sigue siendo pobre, por desgracia. Tal como siempre ha sido.

Aquella respuesta no sólo fue injusta, sino hiriente. Sentí el corazón agitarse con violencia, incapaz ya de contener el enfado creciente; fue como recibir un golpe directo al rostro.

—¡Cómo se atreve! ¿Por qué siempre acaba comportándose así? ¿Acaso disfruta recordarme, una y otra vez, lo obstinado que es? ¿Lo salvaje de sus actos, y lo adusto de su propio temperamento?

Hablé desde la herida, desde todo el sufrimiento que aún cargaba. Pero él no parecía afectado; al contrario, se mostró más relajado al advertir mi resentimiento.

—Desvía el sentido de mis palabras. —indicó con la misma firmeza —. Digo lo que es. Le resulta sumamente difícil advertir lo evidente por sí misma; tanto, que necesita que alguien se lo esclarezca de continuo.

Lo miré, profundamente ofendida.

—¡Estoy hastiada! Cansada de ser arrastrada por infortunios sin fin. Todo aquello que me concede un mínimo de paz termina por quebrarse.

Respiraba bajo, conteniendo mi sentir; no quería quebrarme en llanto ante él.

—Ha sido suficiente. Deténgase, Jon…

Poco antes había atravesado el horror de creerlo muerto. Aquel sufrimiento había sido una tortura prolongada, un peso casi insoportable. Durante una tarde y parte de la noche había sobrevivido sola… y ante su terrible terquedad y actitud quería seguir así, sin sentirme humillada por preocuparme, por cargar de más.

Apreté los labios, conteniendo un furor que amenazaba con arder.

—Princesa, no debería dejarse arrastrar por sus emociones ni perder la compostura por...

Lo miré con ira redoblada. Las lágrimas me ardían en los ojos.

—Nuestro viaje ha terminado. —Prorrumpí con expresión tensa y la voz casi quebrada—. ¡Es usted quien no necesita decirme qué debo o no hacer!

Mis palabras resonaron con verdadero dolor. Detuvo al caballo. Descendí de él con torpeza, sin importar si caía o me torcía un pie. Trastabillé, pero no me detuve. Avancé con pasos largos, sin volver la vista atrás, aunque oía al animal ajustar su marcha para seguirme de cerca.

Hubo un breve silencio antes de que su voz volviera a alzarse.

—Su padre es un hombre honorable; usted, en cambio, sigue siendo una niña. Gobernada por sus caprichos, herida por sus propios pensamientos, incapaz aún de atender al deber.

Contuve el aliento, como si un puñal se me hubiese hundido en el pecho. Me giré hacia él.

—¿Cómo se atreve? —dije, enfurecida.

Me sostuvo la mirada, sin que en sus ojos hubiese nada más que firmeza.

—¡Infame salvaje! ¡Bestia sin juicio ni ley! ¡Remedo vil de hombre honrado! ¡Maldito sea su corazón de piedra y entrañas yermas! ¡Ojalá se hunda en los abismos más negros del mundo condenado… y allí permanezca hasta el fin de los tiempos!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.