Mi deber como princesa
En cuanto termina el evento mi familia y yo regresamos al reino. Entro en mi habitación, me quedo admirando como siempre lo hermosa y mágica que se ve. El color blanco y dorado de las paredes brillan suavemente ante la luz, dándole un toque especial y elegante. El techo abovedado está adornado con intrincados diseños dorados y en la parte izquierda de la habitació hay un hermoso lago cristalino donde cae una preciosa cascada. Esta misma refleja la luz dorada del techo. La cama es otra maravilla, una obra maestra de ensueño, con un diseño de dosel dorado alzado como una corona que se eleva hacia el techo.
Al lado derecho de la cama, hay un estante de libros con volúmenes antiguos y reliquias mágicas. Un tocador elegante con un espejo dorado se encuentra en la parte derecha de la cama a una distancia prudente del lago, mi closet gigante la cual está frente a mi cama tiene puertas fabricadas de oro puro, se abre para adentro, revelando una colección de vestidos y trajes mágicos, por ultimo no menos importante a un costado de mi closet está un hermoso mueble blanco con bordes dorados
.Cierro la puerta hecha de un precioso diamante conocido como aguamarina, camino hasta el lago y lentamente quito mi corset blanco con detalles dorados, alejo suavemente la tela y luego me despojo de la falda. Entro al lago y nado hasta la cascada. La tarde se me va nadando en el lago relajando mis músculos y disfrutando de mi soledad. Un estruendo proveniente de afuera me alerta. Salgo, tomo mi toalla y me seco el cuerpo. Paso a vestirme con un vestido simple de color violeta claro haciendo juego con mis ojos; corro hacia fuera yendo a la sala real, al llegar veo a mi padre y madre preocupados.
- Papá que ha pasado – pregunto un poco asustada.
- No lo sabemos hija.
- ¿Y Marius donde está?
- Se acaba de ir a averiguar que sucede – asiento preocupada por mi hermano.
Los minutos pasan o tal vez horas no sé, la preocupación por no ver entrar a Marius me tiene angustiada, me acerco y abrazo fuerte a mi madre. Pasan las horas y seguimos sin noticias de mi hermano. Al caer la noche el príncipe abre las puertas del reino, su expresión nos pone alerta a todos, es seria con una pizca de preocupación. Se acerca hacia nosotros y mi madre y yo nos abalanzamos a él con la tensión relajándose de nuestros hombros al ver que regresó sin ningún rasguño.
- Madre, hermana, estoy bien, pero les debo dar una mala noticia, vamos al otro salón para que puedan sentarse --- nos separamos sin decir nada y nos dirigimos hacia el lugar.
Mi padre junto con mi hermano se quedan atrás conversando, volteo sobre mi hombro justo cuando veo el rostro de mi padre palidecer. Frunzo el ceño pero aparto la mirada y sigo mi camino con la angustia creciendo en mi interior. Nos sentamos y esperamos a que ambos hombres entren. Cuanto lo hacen, mi padre se sienta a un lado de nosotras y mi hermano se queda de pie. Nos cuenta lo que sucede y mi corazón se destroza, mis lágrimas caen por mis mejillas al igual que por las de mi madre. Pasan un rato en el que solo se escuchan nuestros sollozos hasta que cierro los ojos y respiro.
- Como princesa de Aerthys yo iré al reino enemigo y hablaré. Padre y madre deberán tener que mantener el orden en el pueblo y tu Marius tendrás que plantear estrategia de guerra por si no logro obtener una respuesta positiva --- mi padre que ha estado sumergido en sus pensamientos, al terminar lo que ordeno se levanta de golpe.
- ¡No!¡Negativo!, no iras sola ante el rey Lysander IV Moonwhisper Nightshade.
- Pero papá, es la única solución, no es como si me fuera hacer algo...
- Y tú crees que no, por los vientos de Eolo, ese hombre es sanguinario y violento, ni una pizca de humanidad tiene, eres del reino enemigo hija --- mi padre logra tranquilizarse y deja salir su expresión de preocupación, me acerco a él y tomo sus manos entre las mías.
- Padre, lo entiendo, pero muy por encima de que sea tu hija, es mi deber como princesa, el rey Lysander no me hará nada, estoy segura de ello, además se cómo defenderme, eh entrenado durante toda mi vida e incluso superé las pruebas para llegar hasta aquí. El pueblo nos necesita.
- Padre, Aria tiene razón, por lo que tengo entendido el rey Lysander no lastima a mujeres, a pesar de estar en guerra, él no ataca a inocentes, lo que ha sucedido fue una advertencia por robar su armamento y una de sus tierras, no somos santos, no nos haremos las víctimas, acataremos las consecuencias de nuestras acciones y defenderemos a nuestro pueblo, apoyo a la princesa Aria acepte o no parar la guerra y llegar a un acuerdo.
Mi padre suspira, pero asiente, sale de la sala mientras yo me dejo caer en el mueble.
- Mi niña, nosotros nos preocupamos por tu bienestar, el de ambos – mi madre intercala la mirada entre mi hermano y mi persona con una expresión melancólica y cálida – Ustedes sois nuestros tesoros más preciados, y claro que tememos a que algo llegue a ocurrirles, así su padre sea gruñón y a veces un poco frío él los ama. Marius —extiende su mano, mi hermano la toma acercándose a ella y se sienta al lado izquierdo – tú desde muy bebé fuiste mi pequeño guerrero, sin embargo, ya no eres un niño, te has convertido en un hombre de 22 años, príncipe y general del reino Aerthys, pero a si tuvieras 100 años siempre serás mi pequeño guerrero, siempre te veré como aquel niño que corría tras sus espadas, armas de juguete por todo el palacio perseguido por Marcel. Mi niño Marius I Valtarius Namarie como máxima jerarca pongo en tus manos las vidas de tus hombres, haz una buena estrategia por si el rey enemigo no acepta, eres y serás el mejor general que tendrá el reino hasta que puedas gobernar.
Mi hermano le muestra una sonrisa sincera, asiente y le da un abrazo, al ponerse de pie se acerca a mí y me revuelve el cabello. Sale de la sala yendo al cuartel. Me quedo en silencio junto con mi madre, uno muy cómodo y, en cuando mi madre me regala su atención, tiene los ojos llenos de lágrimas. Algo dentro de mí se rompe al verla así acaricio sus manos dejando un beso en ellas.
- Y tú, mi pequeña rebelde, mi pequeña valiente. No sabes cuan orgullosos estamos tu padre y yo de ti, de que hayas podido lograrlo y así no lo hubiese hecho siempre esteremos orgullos de tener una hija como tú. Ahora eres la nueva princesa y lo llevas como tal, te amo con toda mi alma, sé que esta es la única solución que tenemos, por ello, pongo en ti las vidas de todo el pueblo. Lo obtengas o no al menos lo habrás intentado. Confió plenamente en ti mi pequeña princesa, en tu capacidad e inteligencia.