La Preparatoria Katagiri funcionaba bajo una jerarquía invisible pero implacable, y Kyouko Hori se encontraba en la cúspide. Su grupo de amigos, compuesto principalmente por el atlético y popular Toru Ishikawa y la alegre Yuki Yoshikawa, era considerado el "Círculo de Oro" del salón. Sin embargo, desde que Izumi Miyamura había cruzado el umbral de la casa de los Hori, esa estructura perfecta comenzó a mostrar grietas sutiles que solo Kyouko parecía notar.
Era la hora del almuerzo, y el sol de mediodía bañaba la azotea de la escuela, el refugio privado del grupo. Hori estaba sentada en su lugar habitual, riendo ante una ocurrencia de Yuki, pero su mirada se desviaba constantemente hacia la puerta metálica. Cuando Miyamura apareció, con su uniforme abotonado y su aire de fantasma escolar, el ambiente cambió.
—Hori-san, ¿tienes un momento?—preguntó Miyamura, acercándose con una timidez que rozaba la disculpa.
Toru Ishikawa dejó de masticar su sándwich y arqueó una ceja. Para él, Miyamura no era más que el decorado del salón, alguien que ocupaba un espacio físico pero que carecía de relevancia social. Verlo dirigirse a la chica más popular de la escuela con tal familiaridad le resultaba, cuanto menos, irritante.
—¡Miyamura-kun! Justo a tiempo—respondió Hori, ignorando deliberadamente la expresión de Toru—. ¿Trajiste lo que te pedí?
En realidad, no le había pedido nada, pero era su código para hablar sobre Souta o sobre los planes de esa tarde. Miyamura asintió y le entregó un pequeño sobre que contenía una fotografía que se habían tomado el día anterior con el hermano de Hori. Al abrirlo, Kyouko no pudo evitar una sonrisa genuina, una que no era parte de su máscara de estudiante modelo. Era una sonrisa cálida, privada, que Ishikawa captó de inmediato.
—Oye, Miyamura —intervino Toru, poniéndose de pie y cruzándose de brazos—. No sabía que tú y Hori fueran tan cercanos. ¿De qué se conocen tanto?
Miyamura retrocedió medio paso, el pánico brillando por un segundo tras sus gafas. Su escudo de invisibilidad estaba siendo atacado.
—Ah, bueno... es que... ayudé a su hermano con algo —balbuceó, buscando desesperadamente una salida.
Hori sintió una punzada de molestia. No le gustaba que Toru interrogara a Miyamura como si fuera un intruso. Para ella, Miyamura ya no era el chico raro del fondo; era el joven que conocía el desorden de su sala y el sabor de su comida. Era alguien real en un mundo de apariencias.
—Miyamura es un buen amigo, Ishikawa-kun —sentenció Hori con un tono de voz final que no admitía réplicas—. De hecho, iba a invitarlo a almorzar con nosotros hoy. ¿Algún problema?
El silencio que siguió fue denso. Yuki miró a Miyamura con curiosidad renovada, mientras que Ishikawa apretó la mandíbula, asintiendo a regañadientes. Miyamura se sentó en el borde del grupo, sintiéndose como un pájaro extraño en un nido ajeno. Durante el resto del almuerzo, Hori se esforzó por integrarlo, traduciendo las bromas internas y asegurándose de que no se sintiera excluido.
Para Miyamura, estar allí era una tortura y un privilegio al mismo tiempo. Estaba acostumbrado al frío del aislamiento, y el calor del grupo de Hori le resultaba abrasador. Sin embargo, cada vez que Kyouko lo miraba y le dedicaba una palabra amable, sentía que una parte de su soledad crónica se desvanecía. No era solo que ella conociera su secreto; era que ella estaba dispuesta a dejar que él fuera parte de su mundo público, incluso si eso significaba desafiar las reglas no escritas de la escuela. El intruso estaba empezando a encontrar su lugar, y el "Círculo de Oro" ya nunca volvería a ser el mismo.