La Sustituta

CAPÍTULO 16 — ENTRE SOCIOS

La oficina de Claudio Reyes estaba en un piso quince con vista a la avenida principal.

Era una oficina que había sido decorada una vez, hace diez años, por alguien con criterio y presupuesto, y que desde entonces no había sido modificada porque Claudio consideraba que cambiar la decoración de una oficina era una señal de inseguridad. Los muebles eran oscuros, la alfombra era gris, había dos sillones de cuero frente al escritorio para las visitas y un sillón más grande detrás para él. En la pared del fondo había una sola foto enmarcada: Mayra en el escenario del primer recital grande, con los brazos abiertos y el estadio lleno detrás.

Claudio la había puesto ahí el año que ganaron el primer premio de la industria.

En los últimos días la había mirado más veces de lo habitual, aunque no hubiera podido decir exactamente por qué

Víctor llegó a las diez de la mañana, sin llamar, como hacía siempre, porque los socios de verdad no llaman antes de entrar.

Cerró la puerta.

Se sentó en uno de los sillones de visita con la energía de quien trae algo que no puede esperar.

—Hay un problema —dijo.

Claudio dejó el documento que estaba leyendo sobre el escritorio.

—¿Cuál?

—Rodrigo dice que alguien estuvo parado en la ruta frente al acceso de la clínica. Dos veces. La primera fue hace cuatro días, de día. La segunda fue anoche, de noche. Mismo auto, mismo punto de estacionamiento.

Claudio no cambió la expresión.

—¿Lo identificaron?

—Patente registrada a nombre de un tal Martín Salas. —Víctor hizo una pausa—. El novio de la chica.

El silencio que siguió fue breve y completo.

—¿Cómo llegó hasta ahí? —dijo Claudio.

—Eso es lo que hay que entender. La chica mandó algo, o alguien de adentro le pasó información.

—¿Rodrigo tiene candidato?

—Sospecha de la mujer de limpieza. Pero no tiene prueba.

—¿La chica tiene teléfono?

—No. Ningún dispositivo.

—Entonces fue a través de alguien. —Claudio juntó las manos sobre el escritorio—. ¿El novio fue a la policía?

—No que sepamos. Si hubiera ido ya tendríamos alguna señal: movimiento en la zona, algún contacto con la comisaría del distrito. Nada hasta ahora.

—¿Qué está haciendo entonces?

—Mirando. Por ahora solo mira.

Claudio miró la foto de Mayra en la pared.

—Un hombre que mira desde afuera sin ir a la policía es un hombre que todavía no sabe qué tiene —dijo—. Si supiera, ya hubiera llamado. Tiene una ubicación aproximada pero no tiene certeza.

—Puede tener más de lo que creemos.

—Puede. Pero si tuviera certeza habría actuado. No se queda en un borde de ruta mirando árboles si tiene algo concreto que mostrarle a alguien.

Víctor tamborileó los dedos sobre el apoyabrazos del sillón.

—Claudio. Hay que moverla.

—¿A dónde?

—A otro lugar. Tenemos la casa del norte, está preparada, el personal es el mismo. La llevamos ahí y el novio pierde el rastro.

Claudio consideró eso.

—¿En qué momento del proceso está Dana?

—Le quedan dos semanas de entrenamiento. Tres como máximo.

—Si la movemos ahora interrumpimos el proceso

—Si no la movemos el novio va a traer gente.

—El novio va a traer gente de todas formas —dijo Claudio—, en algún momento. La pregunta es cuándo y con cuánto.

Víctor no respondió.

Claudio se levantó y fue hasta la ventana. La avenida de abajo estaba en el ritmo normal de la mañana: autos, gente, el movimiento ordinario de una ciudad que no sabía ni le importaba lo que se discutía en este piso quince.

—No la movemos todavía —dijo Claudio—. Ajustamos la seguridad de la clínica. Al hombre de limpieza del pasillo lo reemplazamos. Y ponemos a alguien en la ruta para que nos avise si el novio vuelve.

—¿Y si vuelve con refuerzos?

—Si vuelve con refuerzos, la movemos. Pero no antes. —Hizo una pausa—. ¿Cómo está el proceso de Dana?

—Bien, según los reportes. Mejor de lo esperado. La chica aprende rápido.

—¿Coopera?

—Aparentemente. Dana dice que cambió de actitud en la última semana.

—¿Dana lo cree o lo reporta?

Víctor lo miró.

—¿Cuál es la diferencia?

—La diferencia es que Dana trabaja con esta gente de cerca y a veces desarrolla una perspectiva que no es completamente objetiva.

—Dana es profesional.

—Dana es profesional y también es humana —dijo Claudio—. Son dos cosas que no siempre van en la misma dirección.

Víctor se levantó y fue hasta el minibar en el mueble lateral. Sirvió agua, no alcohol, aunque eran las diez de la mañana y Claudio hubiera entendido el alcohol.

—Hay otra cosa —dijo Víctor, sin darse vuelta.

—¿Qué?

—Mayra llamó desde el hospital.

Claudio esperó.

—Sabe que hay una doble. Le confirmé la cirugía.

—¿Le dijiste que era temporal?

—Sí.

—¿Te creyó?

Víctor volvió al sillón con el vaso de agua.

—No —dijo

—No —repitió Claudio. No era una pregunta.

—No. Conoces a Mayra hace seis años. Sabe cuándo le estás mintiendo.

Claudio asintió despacio.

—¿Cómo está? Médicamente.

—Mejorando. El doctor dice que en tres semanas más puede tener el alta.

—¿Y la cara?

Víctor hizo una pausa.

—El doctor dice que con dos cirugías más puede quedar en un setenta por ciento.

—¿Setenta?

—Si. Pero no va a quedar como antes.

Claudio miró el vaso de agua en la mano de Víctor.

—¿Y ella lo sabe?

—No. Todavía le están diciendo que el proceso lleva tiempo.

—Cuando lo sepa va a reaccionar.

—Sí.

—¿Cómo?

—Mal —dijo Víctor, con la brevedad de quien conoce bien a alguien—. Muy mal.

El silencio que siguió era del tipo que se instala cuando dos personas que llevan años tomando decisiones juntas llegan al borde de una decisión que cambia el tamaño de todo lo anterior.

—Necesitamos hablar del largo plazo —dijo Víctor.




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