La teoría de lo inevitable ( La teoría del invierno 2)

Recuerdos de una noche de verano.

Anna.

Miré mi teléfono de soslayo, no deseaba responder al mensaje de mi hermano justo ahora.

La pantalla comenzó a brillar de manera intermitente, en un tono azulado. Justin me observó con el ceño fruncido.

— ¿Todavía sigues enfadada con él?

No supe bien que responder.

— Supongo.

— No puedes huir eternamente de esa conversación. Tampoco es el fin del mundo, Anna.

— No pienso huir, pero si pienso tomarme mi tiempo para asimilarlo.

Dominic era mi hermano mayor. Siempre habíamos estado muy unidos y siempre había habido mucha confianza entre nosotros, hasta que él se encargó de romperla. Sabía que Dominic se había fijado en una de mis amigas de la facultad y no tenía inconveniente con ello, pero ella, acababa de salir de una relación tóxica. Cometí el error de contárselo, ya que mi hermano aprovechó la fiesta de graduación de Hockweick para darle un beso, alegando que ella ya era una persona libre y después, hacer como que no había sucedido nada, durante varios días.

Mi amiga se sintió bastante mal, y yo me sentí culpable.

— Habla con él, estoy convencido de que tuvo una buena razón para pasar de ella, después. A mí me dijo que la chica le gustaba desde hacía tiempo.

— Traicionó mi confianza, Justin. No se suponía que mi hermano iba a lanzarse como un buitre, después de todo lo que pasó con aquel imbécil.

— ¿Habláis de Samantha? — preguntó Emma.

Asentí.

— Tu hermano es idiota — exclamó Rachel.

— Los hombres somos unos incomprendidos... — respondió Justin, bebiendo de su café.

— Sobre todo tú — solté con ironía.

— Me muero de ganas porque me comprendas, Annita — exclamó riendo.

— A ver si entiendes esto, Justin -respondí gesticulando, de manera exagerada — No. Me. Llames. Annita.

Esperé algún comentario mordaz e irónico, pero el chico me miró los labios durante varios segundos, haciendo que me tensara, después contempló algo o a alguien, justo por detrás de mí. Me giré, para encontrarme al rarito de esta mañana, en la barra.

— Hablando de incomprendidos — exclamó Rachel.

— Vamos al apartamento, estoy agotada — dijo Emma, sin quitarle el ojo de encima al chico.

Salimos y casi me resbalo, al pisar la nieve. Justin me sostuvo por la cintura, para evitar que me estampara contra el suelo.

— Cuidado — me susurró.

Odiaba sentirme nerviosa y tensa, cuando le tenía tan cerca. Notaba sus manos firmes alrededor de mi cintura, y nuestras miradas se encontraron. Justin fue el primero en apartarla.

— ¡Rachel! — gritó Emma.

Rachel estaba en el suelo intentando incorporarse, pero por su gesto de dolor, parecía que se había hecho daño de veras.

— Creo que me he roto la pierna — sollozó.

Emma se acercó a ella y se agachó a su lado, sosteniéndola de la mano. Intenté no fijarme en que su pierna, estaba en una posición imposible.

— Tranquila, la ambulancia llegará en seguida — exclamó Emma, mientras Justin y yo, nos dedicamos una mirada preocupados.

— Parece una fractura de tibia -exclamó una voz masculina a nuestra espalda. El rarito nos observaba, acompañado por otro chico, que no había visto antes.

— ¿Eres médico? — preguntó Justin, con escepticismo.

— No.

Emma tenía razón, y la ambulancia llegó con rapidez. Justin la había llamado.

— Sólo uno de vosotros, puede acompañarla.

— Iré yo — exclamó Justin.

Justin podría ser un capullo, pero siempre ayudaba a todo el que lo necesitaba. Me costaba admitir que esa actitud, me parecía terriblemente sexy. Emma estaba tensa, y le temblaban las manos, ligeramente.

— Emma, ¿te encuentras bien? Ella asintió, sin mucho convencimiento.

Había algo extraño en su actitud, desde que había roto con Roy. No sabría explicarlo, pero la conocía lo suficiente, para saber que nos estaba ocultando algo.

— Todo esto, es una verdadera lástima.

Rodé los ojos cuando me di cuenta de a quién pertenecía esa voz.

«Hablando del diablo»

Roy Chatterson nos observaba con una media sonrisa lobuna.

— Hola Anna — exclamó.

— Qué placer verte, Roy...

Me di cuenta de que Justin se tensó, cuando Roy mencionó mi nombre. A Justin jamás le había gustado Roy, y se lo advirtió a Emma, en más de una ocasión.

— Ah, ya conocéis a Jordan.

— Cuánto tiempo sin verte Emma — exclamó Jordan.

Roy y su amigo, parecían dos matones sacados de una mala película de los noventa, solo que esta película era muy real.

— Me temo que, en estas desafortunadas circunstancias, no podrás competir en la senda del Yetghram — exclamó Roy, pasándole el brazo alrededor del hombro a Emma, quien intentó zafarse en vano.

— No esperaba que sucediera esto... — se lamentó Emma.

— Por supuesto. La vida a veces nos sorprende y las consecuencias no suelen ser muy positivas — respondió Roy.

— Yo competiré con ella — soltó el rarito. Todas las miradas cayeron sobre él.

¿Estaba de coña?.

— ¿Y tú quién eres? — preguntó Jordan.

— Me llamo Adam y podría decirse que soy...amigo de Emma.

— Un amigo, ¿eh? — exclamó Roy evaluándole.

Aquello no pintaba bien. Fuera lo que fuera, lo que le sucedía a Emma, apostaría todo mi chocolate a que estaba relacionado con Roy.

— Sí -exclamó Emma, tras un silencio prolongado— competiremos juntos.

¿Se había vuelto loca?.

— Maravilloso, nos veremos en la cima — respondió Roy.

Ambos chicos se alejaron y solté todo el aire, que hasta ahora no era consciente, que estaba sosteniendo.

Dos horas más tarde...

Me pasé gran parte de la tarde intentando convencer a mi mejor amiga, de que competir con un completo desconocido, era la mayor estupidez que había hecho hasta la fecha. Sin ningún resultado. Emma no sólo me ignoró, sino que había invitado al rarito a nuestro apartamento, para ponerse al día, antes de la competición. Me encerré en mi habitación, para dejarles un poco de privacidad.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.