Justin.
Sabía que Anna no estaba dormida, se ha había estado moviendo de madrugada, y la había escuchado resoplar, en un par de ocasiones.
—¿No puedes dormir? —pregunté.
—Si tuviese mi teléfono, me pondría una de esas canciones de meditación y podría llegar a relajarme un poco.
Asomé mi cabeza a su litera y ella me lanzó la almohada.
—¿Por qué has hecho eso? —me quejé.
—Me has asustado.
Bajé de un salto y me senté en su cama. Anna enarcó una ceja.
—Regresa ahí arriba, esta cama es demasiado pequeña para los dos.
—Sabes que no voy a marcharme, yo tampoco puedo dormir.
«Y más, sabiendo que estás tan cerca»
—¿Crees que alguien más, habrá logrado encontrar esta ruta?.
—Es posible, tampoco era tan complicado —respondí. —¿Y si nos ponemos en marcha?.
—¿A esta hora?.
Miré mi reloj, eran las cinco de la mañana.
—Ganaremos terreno y en un par de horas, amanecerá.
—¿Con esa cosa ahí fuera?.
—Estás conmigo, no hay nada que temer —exclamó con arrogancia.
—Ya.
Una hora después...
Había logrado convencer a Anna después de repetírselo doscientas veces. La chica había bostezado otras diez. Llevaba el cabello desaliñado, en un recogido mal hecho.
Las linternas iluminaban a duras penas el sendero y la oscuridad silenciosa del Valle, nos envolvía. Comencé a silbar una canción de los Rolling Stone y no tuve que mirar a Anna, para saber que me había puesto los ojos en blanco.
— ¿No crees que si haces tanto ruido atraerás a esa cosa con ramas?
—Esta vez, estaré preparado.
—¿Lo estás haciendo porque estás muerto de miedo? —rio.
—Por supuesto que no, a mí no me da miedo nada.
Aquello era mentira, ella me aterraba.
—Un momento —dijo Anna. —¿Qué es eso Justin?
Dirigí la mirada en su dirección, una luz azulada parecía bailar en la distancia, iluminando partes del camino, con sus movimientos erráticos.
—Joder —exclamé.
—¿Crees que serán hologramas de Endel Harts? Porque no hay una razón lógica para el árbol parlante y mucho menos, para eso.
—También lo he pensado, quizás no puedan hacernos daño, tal vez sólo estén ahí, para hacernos la competición más entretenida.
Aquella luz pareció acercarse a nosotros, mientras giraba y danzaba sobre sí misma.
—Es aterrador —dijo Anna, dando varios pasos atrás.
La visión era espeluznante, eso debía reconocerlo. Una luz extraña en mitad de un Valle silencioso, cuando aún no había amanecido, definitivamente escribiría sobre ello.
—Parece una persona —exclamó.
La luz continuó acercándose a nosotros con su danza peculiar. Me fijé en los detalles, parecía tener una silueta humanoide, es más, parecía una bailarina con un tutú.
—No temáis competidores del Yetghram, acercaos.
Una voz femenina, nos asustó.
—Dime que lo has escuchado —dijo Anna, poniéndose tras de mí.
—Perfectamente, creo que eso quiere que nos acerquemos.
—No Justin, olvídalo.
—Por una vez, no pienso discutírtelo.
La luz se paró a varios metros de nuestra posición, y comenzó a transformarse en una mujer azulada y semitransparente, de largos cabellos que rozaban el suelo y si, efectivamente, tenía un tutú.
—Soy Avelina, uno de los cinco espíritus guardianes del Valle.
—¿Un qué? —pregunté.
—Si queréis continuar vuestro camino, debéis pasar mi prueba, de lo contrario, la competición termina aquí.
—Como sospechaba, esto debe ser obra de Harst —dije. —¿No os parece que las seis de la mañana, es un poco temprano?
—El tiempo no existe, humano.
—¿Cuál es la prueba? —preguntó Anna, con impaciencia.
—Debéis responder a mis preguntas con total honestidad. Si no me convence la respuesta, retrocederéis varios kilómetros, si por el contrario me agrada, adelantaréis varios kilómetros. Os advierto, que puedo leer vuestros miedos y secretos más profundos, si mentís, os enviaré directos al punto de partida en Aelston.
—Eso parece sencillo —exclamé.
Avelina me sonrió con maldad. Tragué saliva, tenía que aprender a mantener mi boca cerrada.
—Estamos listos —exclamó Anna.
—¿Desde cuando hablas por mí? —me quejé.
—Desde que he descubierto, que cada vez que abres la boca, nos metes en problemas.
—Muy bien, tú —exclamó mirándome. —Serás el primero.
—No la cagues —me susurró Anna.
Le dediqué una mirada condescendiente.
—¿Por qué no le has contado que te marchas en dos meses?.
Anna abrió los ojos por la sorpresa.
—¿Te marchas?.
—Primero su respuesta —exclamó el ser, tajante.
Hija de puta, quería encontrar las palabras adecuadas para despedirme de la gente que amaba, cuando llegase el momento, no pretendía que se enterasen así.
—Porque me da miedo perder, todo lo que he conseguido hasta ahora.
—Mala respuesta.
Un halo de luz azulada nos envolvió, y todo giró como si estuviésemos yendo hacia atrás, en un vehículo a una velocidad sobrehumana. Cuando la luz desapareció, estábamos de nuevo en la cabaña donde habíamos pasado la noche.
—¡Justin! —se quejó Anna.
—Si no eres honesto, os llevaré hasta Aelston.
Pedazo de bruja.
Tomé aire y cerré brevemente los ojos. Joder. Esperé unos minutos hasta que encontré el valor de hablar.
—Temo alejarme de las personas que quiero, y eso la incluye a ella.
No fui capaz de mirarla a los ojos, pero sentía los suyos clavados en mí.
—Bien —exclamó aquel ser. —Ahora tú.
—¿Por qué tienes tanto temor a enfrentarte a lo que sientes?.
Observé el pánico en su mirada. Aquella mueca hubiese sido graciosa y con toda probabilidad, me hubiese burlado de ella, si no fuera por las circunstancias.
—Piénsalo bien, o nos enviará a Aelston —exclamé.
Ella permaneció en silencio varios minutos, que se me hicieron eternos.