Anna.
Miré varias veces a Aether, mientras caminábamos en dirección al refugio. Parecía un ser humano y uno muy atractivo, no iba a negar lo evidente.
Justin le dedicaba miradas de desconfianza de vez en cuando, mientras él encabezaba la marcha sin apenas hablar.
— ¿No es increíble?
Justin iba sujeto a mi brazo, mientras cojeaba. Habíamos parado a descansar en varias ocasiones debido a su tobillo, lo que había alargado la llegada al refugio. Le conocía lo suficientemente bien para saber, que su orgullo masculino, no le permitía pedirle ayuda a Aether.
—Deberíamos parar de nuevo —exclamé.
—No, ya estamos cerca.
—El refugio está a unos veinte minutos —respondió Aether, girando la cabeza con una sonrisa.
—¿Tienes por costumbre meterte en conversaciones ajenas? —preguntó Justin, molesto.
—No tengo culpa de que los seres humanos, seáis tan poco discretos.
Justin puso los ojos en blanco y yo me reí.
Llegamos al refugio al anochecer. Aether nos abrió la puerta con cortesía, para que accediésemos a la pequeña cabaña con esa sonrisa astuta, tan característica.
—Me pone de los nervios —susurró Justin.
Justin y yo nos turnamos para ducharnos, mientras el zorro humanoide, preparaba la cena.
Cuando salí de la ducha, la mesa estaba repleta de pequeñas frutas azuladas y naranjas que jamás había visto antes. Me acerqué y tomé una con cautela, cuando finalmente decidí metérmela en la boca, una explosión de sabores me hizo casi atragantarme. Era una mezcla de algo dulce y amargo.
—¿Te gusta? —preguntó Aether.
—Está muy buena ¿qué son?, y lo más importante de todo, ¿de dónde han salido?
Aether se acercó hasta mi posición y se metió una pequeña fruta naranja en la boca. Verle con tanta naturalidad, comiendo alimentos de seres humanos, me hizo sonreír.
Observé su rostro, lleno de pequeñas pecas apenas perceptibles, grandes ojos esmeralda a juego con su ropa y cabello de fuego. Tenía la nariz recta y los labios carnosos. Emma le daría el aprobado.
«¿Por qué le estás mirando los labios?»
—He salido a buscarlas mientras os duchabais.
—Has sido muy rápido.
—Conozco bien este lugar Anna —sonrió.
Madre mía.
En ese momento recordé que alguien me había besado para ayudarme a despertar, y me sonrojé.
—No fui yo —exclamó, como si me hubiese leído la mente.
—¿Qué?
—Fue tu amigo, él te salvó.
—¿Justin me besó? —pregunté, llevando mi mano de manera inconsciente a mis labios.
—Así es, aunque, si te apetece comparar, estaría más que dispuesto.
Joder.
Justin nos observaba en silencio cruzado de brazos con el ceño fruncido.
—Vamos a ver zorrito, me parece muy bien que hayas adoptado la forma de un ser humano, pero no puedes ir por ahí, diciéndole esas cosas a Annita.
Aether me observó sin perder la sonrisa.
—Creo que soy libre de decir lo que me plazca.
—Lo digo, porque después se emociona demasiado —exclamó con esa sonrisa de superioridad, que tanto detestaba.
Imbécil.
—Quizás la comparación merezca la pena —dije, dándole un beso en la mejilla a Aether.
El zorro sonrió, sosteniendo mi mano y dándome un beso tierno en el dorso.
Podía observar la ira contenida de Justin, por mucho que fingiese que no le importaba.
—¡Qué asco! —dijo Justin, antes de meterse una de las frutas en la boca.
Aether le ignoró y se apoyó en un codo, mirándome fijamente. Justin se sentó en el sofá sin prestarnos atención.
—¿Por qué no le cuentas a la chica lo del beso? —preguntó Aether.
Justin y yo nos miramos y apartamos la mirada del otro, casi al mismo tiempo.
—No hay nada que contar —exclamó, masticando ruidosamente.
Aquello me dolió. ¿No había nada que contar? Estupendo.
—Mientras continúas en negación, ¿cómo tienes la herida del tobillo?
—Estoy prácticamente recuperado.
—No es verdad, pero si lo deseas puedo hacer que Mirthel te sane. Os ayudará a ganar terreno.
—¿Quién diablos es Mirthel? Oye, te lo agradezco, pero estoy bien.
— Es un espíritu sanador, con forma de ciervo.
—No voy a involucrarme con esos seres, he tenido suficiente por hoy.
—Como quieras.
Aether se giró para mirarme.
—¿Cuál es tu cama Anna?
Mis mejillas se sonrojaron, ¿me estaba preguntando por mi cama?
—Olvídalo —le advirtió Justin.
—¿Por qué quieres saberlo?
—Para dormir en la cama contigua —sonrió.
— Deberías dormir en el suelo, que es el lugar más apropiado para ti —exclamó Justin malhumorado.
—Ignórale —dije.
Justin me observó enarcando una ceja.
—Voy a acomodarme —me susurró, antes de desaparecer en el interior de la habitación.
—Anna...
—¿Qué? —exclamé mirando a Justin con los brazos cruzados.
—Es un animal...
—Es un espíritu.
—Estás fatal —gruñó.
—Al menos Aether, no finge darme un beso y no hablar del tema.
Justin me observó en silencio.
—¿Quieres que lo hablemos? —exclamó acercándose hasta quedar frente a mí.
Retrocedí un paso de manera instintiva, pero Justin me sostuvo por el brazo.
—No huyas, vamos a hablar de ello.
Nuestras miradas se encontraron. Justin bajó la mirada hasta mis labios y después me observó de nuevo.
—Prefiero tocar el tema, cuando ambos estemos más calmados.
Mis palabras le dolieron, lo supe por la forma en la que hizo una mueca casi imperceptible.
—Nunca es un buen momento Anna, nunca lo será...pero después te quejas, de mi falta de comunicación. Eres tú quien no desea aclararlo, estás muerta de miedo.
Justin me soltó y se sentó en el sofá, molesto.
—¿Y qué si lo estoy? —respondí, casi en un susurro.
Justin no me escuchó, había sacado sus auriculares y se había tumbado, ignorándome. Decidí, que lo mejor era no insistir.
Veinte minutos después...