La teoría de lo inevitable ( La teoría del invierno 2)

La prueba de fuego.

Justin.

Eran cerca de las siete cuando me desperté. Anna y Aether aún permanecían en el interior de la habitación, no es que me importase, pero no confiaba en ese zorro.

Abrí la puerta con sigilo para encontrarme con una escena surrealista; Anna dormí abrazada al pelirrojo como si nada. Una ira desmedida me inundó, salí hacia el salón dando un portazo, sin importarme si eso les despertaba.

En el exterior, la mañana era fría y una suerte de neblina invadía el valle. Corrí entre las rocas y los árboles lo más rápido que pude, intentando ignorar mis pensamientos, durante cerca de una hora.

Cuando decidí regresar, Anna me observó con cara de preocupación.

—¿Dónde diablos te habías metido? Estaba preocupada.

Me giré con una sonrisa sarcástica.

—Desde luego, se te veía muy preocupada, Annita.

—¿Qué insinúas?

—Deja de pagar tu mal humor con la chica —respondió Aether, sentado en el sofá.

—Tú no te metas —exclamé señalándole. —¿No eras un zorro? ¿o piensas quedarte como un pseudo-humano para siempre?

Lejos de enfadarse, Aether se rio a carcajadas.

—No tengo intención de transformarme en zorro, de momento —dijo, mirando a Anna con una sonrisa.

Aquello me estaba poniendo enfermo. Me senté en el sofá lejos de él y le ignoré, jugueteando con mi reloj.

—Deberíamos salir ya, si no queremos que nos tomen la delantera —exclamó Anna.

—Conozco un atajo que os llevará cerca del punto de encuentro, de todas las parejas que consigan pasar la primera fase de la competición.

—Gracias Aether —dijo Anna con una sonrisa.

Me quedé estupefacto, ¿Estaban coqueteando? Conocía perfectamente esa sonrisa, sabía que era genuina, ya que Anna me la había dedicado en alguna ocasión.

Aether se levantó y la besó en el dorso de la mano. Ya había visto suficiente. Me levanté del sofá de mala gana y cogí mis cosas, haciendo más ruido del necesario al cerrar la mochila.

—¿Te sucede algo? —preguntó Aether, con una media sonrisa.

— Nada —respondí con sequedad. —¿Os importa dejar de perder el tiempo y mover el trasero?

— Si, deberíamos ponernos en marcha —respondió Anna.

«Menos mal que al menos muestras algo de cordura»

Tres horas después...

El frío comenzó a pasarnos factura, por lo que decidimos refugiarnos del viento gélido, en una pequeña cueva que encontramos en el camino. Observé el cielo, ahora de diferentes tonos grisáceos y suspiré.

Anna y Aether se habían pasado varios minutos charlando animadamente sobre los espíritus que residían en el Valle, mientras yo mantenía a raya, mi mal humor, o al menos lo intentaba.

De repente el zorro se acercó hasta el fondo de la cueva, en donde me encontraba sentado y se sentó a mi lado.

—¿Sueles aislarte de la gente Justin?

—Solo de la que no soporto.

—Venga, tampoco es para tanto.

Me giré para a observar al hombre pelirrojo que me sonreía, como si aquella situación no fuese surrealista.

—¿Tampoco es para tanto? Eres un maldito zorro o lo que sea, no puedes flirtear con ella —susurré molesto.

—¿Te molesta que flirtee con ella porque desearías ser tú?

—Eso no te importa.

—Vamos Justin, hasta el espíritu más tonto del Valle, se daría cuenta de que estás enamorado de ella.

—¿Y qué?

—¿Y qué? Aprovecha esta oportunidad, antes de que te marches. —respondió, levantándose y dejándome a solas con sus palabras, revoloteando sobre mi cabeza.

Durante la comida, Anna me dedicaba miradas de soslayo con la ceja levantada.

—¿Podrías dejar de comportarte de esa forma? —dijo mientras ponía cara de asco, al probar la comida.

—¿De qué manera Annita? —respondí con indiferencia.

—Justo así.

—¿Podrías ser más explícita? —solté, sonriendo de medio lado. —Pero no demasiado, no sea que me emocione.

Ella puso los ojos en blanco.

—Creo que voy a ver si el atajo nos queda lejos —exclamó Aether, dejándonos a solas.

—Creo que tu amiguito pretende que nos reconciliemos —reí.

—¿Por qué no dejas de comportarte como un crio de cinco años?

—¿Yo? Por supuesto, ahora resulta que toda la culpa de la falta de comunicación entre ambos, es por mi causa.

—Tienes razón, no es sólo por tu causa —admitió.

Aquellas palabras me cogieron por sorpresa. Anna carraspeó y continuó hablando.

—Tenías razón cuando me dijiste, que evitaba hablar de ciertos temas.

—Menos mal que lo admites.

Ambos nos miramos en silencio. Joder, ¿por qué me costaba tanto el simple hecho de decirlo en voz alta?

—Chicos, perdonad la interrupción, pero se acerca una tormenta, llegaremos al punto de encuentro si nos ponemos en marcha ahora.

—Perfecto —exclamó Anna, olvidándose por completo de nuestra conversación.

Maravilloso.

Me levanté con desgana y nos dirigimos a paso rápido por un estrecho sendero, que se perdía entre un pequeño bosque.

—La vegetación en este sitio es bastante peculiar —dije.

—Es por la magia que impregna el Valle —respondió Aether.

Una gota resbaló por mi frente, estaba comenzando a llover.

—Será mejor que busquemos un lugar más seguro —exclamó Anna.

Caminamos lo más rápido posible mientras la lluvia comenzaba a ser más fuerte, empapándonos por completo. Llegamos a un pequeño desfiladero unido por un pequeño puente de madera, que parecía que iba a desmoronarse en cualquier momento.

—No me jodas que hay que cruzar por ahí —espeté.

Aether asintió.

—Me temo que no os queda más remedio. La otra opción es regresar sobre nuestros pasos y esperar entre los árboles del pequeño bosque a que la lluvia baje su intensidad.

—Yo no voy a poner un pie ahí, es un suicidio —exclamó Ana.

—Iré en primer lugar, si el puente es seguro, te daré indicaciones —exclamé.

—Justin, no creo que sea una buena idea...




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