La Teoría de Tenerte

Capítulo 2

Desperté poco antes de las diez de la mañana. El día anterior lo había pasado organizando y tirando papeles que había traído de la oficina a casa; trabajo que me habría ahorrado si hubiera sido un poco más ordenada durante el tiempo que trabajé ahí. Aun así, necesitaba hacerlo. Era una forma de cerrar.

Después me senté a buscar algún empleo, pero no duré más de diez minutos. Thor saltaba sobre mis piernas, recordándome con insistencia que debía darle de comer. Era curioso, durante sus primeros meses solía dejar parte de sus croquetas de la mañana para más tarde, y por la noche, cuando yo regresaba de trabajar, le servía de nuevo. El veterinario me había recomendado darle de comer tres veces al día durante sus primeros ocho meses por ser un Golden Retriever, pero ahora solo comía dos. Parecía entender cuánto y cuándo comer, y se lo agradecía, porque así me facilitaba tenerlo conmigo.

Tenerlo era una gran responsabilidad, más aún con mi trabajo, pero siempre encontraba un momento para sacarlo a pasear y jugar con él.

Después fui a quitarme el poco maquillaje que llevaba puesto, me preparé para dormir y caí rendida.

Hoy día tenía un plan claro: llevar a Thor al parque y comenzar, ahora sí, mi búsqueda de empleo.

Me levanté y tomé un baño rápido. Me vestí con ropa interior limpia y, como la mañana estaba algo fresca, me puse unos jeans negros, una blusa blanca y una sudadera guinda encima. Me calcé mis tenis negros. Recogí mi cabello en dos trenzas de raíz, una a cada lado de la cabeza, y salí de la habitación rumbo a la cocina.

Mientras preparaba mi desayuno, le serví de comer a Thor, que esperaba ansioso. Al terminar, tomé todo lo necesario para pasearlo: la correa y algunas bolsitas para limpiar sus heces. Guardé las bolsitas en mi bolso junto con las llaves, algo de dinero y salimos rumbo al parque.

Casi una hora después, Thor ya estaba cansado. Había jugado con otros perros, corrido, olfateado cada rincón. Decidí que era momento de volver a casa.

De camino, pasé frente a uno de esos puestos donde venden revistas. Me detuve al ver el título de una de ellas: For You. Sonreí. De alguna forma, me tranquilizó pensar que todo estaría bien con ellos. Junto a la revista estaban los periódicos, así que decidí comprar uno para buscar más oportunidades de trabajo. Por un momento pensé que tal vez ya no era un método muy usado, pero no descarté la opción.

Al llegar a casa dejé el periódico en la habitación que usaba como mini oficina. Le quité la correa a Thor y dejé el bolso sobre uno de los sillones.

Era hora de buscar trabajo.

Comencé desde la computadora, revisando vacantes en galerías. Ninguna me llamó demasiado la atención, aunque no las descarté por completo. Después de casi dos horas, me rendí con internet. Tomé el periódico y hojeé las noticias: quejas hacia el gobierno, problemas ambientales que nadie parecía atender. Todo era preocupante. Finalmente llegué a la sección de empleos, y ahí comenzó la verdadera búsqueda.

Ayudante de cocina, secretaria, cajera, ayudante en fruterías… Eran trabajos dignos, sí, pero no era para lo que yo había estudiado. Yo buscaba fotografía, edición, incluso video. Para eso me había preparado, y ese seguía siendo mi objetivo.

Entonces lo vi.

Un pequeño cuadro en el periódico decía: “Se busca fotógrafo”. Leí con atención la breve descripción.

Con experiencia: la tengo.

Compromiso: mientras sea en lo que me gusta, sí.

Conocimiento en edición y video: creo que ya tenemos ganador.

Cumplía con todos los requisitos, pero no especificaba en qué trabajaría. Y eso me detuvo un segundo. No quería volver a una revista.

Aun así, decidí marcar el número que aparecía para pedir más información. Había algo en ese anuncio tan escueto que me llamaba la atención. Tenía esperanza, aunque no sabía por qué.

Al segundo pitido, contestaron.

—¿Sí? ¿Diga? —escuché del otro lado.

—Buenas tardes —respondí—. Disculpé, leí sobre un puesto para fotógrafa en el periódico y estoy interesada en él. —Intenté sonar tranquila, formal.

—Esos chicos me deben veinte dólares cada uno —escuché a lo lejos, como si hubiera cubierto la bocina—. Ejém… sí, claro. ¿Cuál es su nombre?

—Jade Steele —contesté, preguntándome si había sonado demasiado apresurada.

—Muy bien, señorita Steele. ¿Podría pasar mañana para realizarle una pequeña entrevista y explicarle un poco más sobre el puesto?

Por un momento pensé que me estaba adelantando demasiado. No sabía nada del trabajo, pero decidí no darle vueltas.

—Sí, claro —respondí, intentando sonar segura.

—Muy bien. ¿Tiene dónde anotar?

Tomé una pluma y escribí la dirección en un pequeño trozo de papel.

—Listo —dije cuando terminé.

—Perfecto, señorita Steele. La espero mañana a las doce del día para mayor información. Que tenga linda tarde.

—Igualmente.

La llamada se cortó.

Me quedé ahí, de pie, con el papel en la mano. Estaba emocionada. Iba a ir a una entrevista después de tanto tiempo. Y por un momento me sentí segura, como si ese puesto ya fuera mío.

A pesar de no saber absolutamente nada de él.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.