La Teoría de Tenerte

Capítulo 5

Llegó el día.

Me encontraba frente al espejo, dándole ligeras ondas a mi cabello para que se viera más casual. Vestía un pantalón azul de tiro alto, un top negro de tirantes delgados y lo complementaba con un suéter tipo saco color mostaza. La mañana estaba algo fresca, aunque sabía que pronto saldría el sol y estaría más cómoda, sin frío.

Me maquillé lo justo y, en poco tiempo, estuve lista. Tomé un desayuno ligero y guardé todo lo necesario en mi nueva y pequeña mochila. Minutos después, ya iba camino a la disquera.

Durante el trayecto no pude evitar pensar en cómo serían los chicos. Si les caería bien o mal. Si me odiarían. O si, simplemente, no duraría ni una semana porque no era lo suficientemente eficiente. Aparté esos pensamientos cuando me di cuenta de que ya había llegado.

Tomé mis cosas y caminé hacia la misma oficina del día anterior. Dentro estaban Christian y otro hombre que aún no conocía, observando algo en el monitor.

—Hola —dije con cierta timidez—. ¿Puedo pasar?

—¡Jade! Pasa, siéntate —respondió Christian, levantándose para saludarme mientras yo tomaba asiento.

—Hola, Jade. Soy Richard, amigo de Christian —me estrechó la mano—. Desde tu visita de ayer, él me ha tenido revisando todas tus fotografías. Eres realmente buena.

Sonreí, y él me devolvió el gesto. Siempre me emocionaba cuando alguien se tomaba el tiempo de mirar —y apreciar— mi trabajo. Era como cuando felicitan a un chef por su platillo.

—Muchas gracias, de verdad —respondí.

—Bueno, Jade —intervino Christian—, estás aquí para firmar tu contrato. Léelo las veces que necesites. Si algo no te parece, lo podemos cambiar, y si tienes alguna duda, pregúntame.

Me extendió las hojas y comencé a leer cada palabra con atención. No quería cometer errores. El sueldo no era nada malo; de hecho, era muy bueno y podía mejorar según lo estipulado. Tenía acceso total a las cuentas de la banda para subir fotografías y contenido, lo cual me emocionó: podría aplicar todo lo que aprendí en la clase de manejo de redes durante la carrera.

Todo parecía perfecto… hasta que llegué a las cláusulas.

La confidencialidad no me preocupó. Era lógico; no querían que su música se filtrara antes de tiempo.

Pero la última cláusula sí me detuvo.

Seis meses.

El trabajo solo sería por seis meses. Eso me hizo pensar. Necesitaba el empleo, y no quería vivir únicamente del dinero que había ahorrado en la revista, pero un contrato así no era lo que consideraba estable.

—Supongo que ya llegaste a las cláusulas —dijo Christian, interrumpiendo mis pensamientos—. Sé que puedes pensar que, después de esos seis meses, ya no tendrás relación con la disquera, pero no es así. Si decides continuar y muestras una excelente eficiencia, se te seguirá solicitando y pagando por cada sesión.

Me miró con atención.

—Entonces… ¿qué has decidido, Jade?

Lo pensé. Era temporal, sí, pero bien pagado. Podía aprovechar ese tiempo en lugar de quedarme buscando otro empleo mientras llegaba una mejor temporada laboral.

Tomé la pluma que estaba sobre el escritorio y firmé.

Richard, que seguía ahí, sonrió y asintió, como si me confirmara que había tomado la decisión correcta.

Christian soltó el aire que parecía haber estado conteniendo.

—Por un momento pensé que te irías y me dejarías plantado… con todo y banda.

No pude evitar reír. Richard se unió.

—No soy muy bueno en este tipo de situaciones —añadió Christian—, pero bueno… es hora de presentarte a los chicos.

Los tres nos levantamos. De inmediato sentí más nervios que la primera vez que pisé ese lugar. Estaba a punto de conocer a las personas con las que compartiría mi rutina laboral, y necesitaba que la relación fuera buena.

Mis pensamientos se disiparon cuando un estruendo sacudió el lugar.

Di un pequeño salto. Estábamos en el elevador rumbo al siguiente piso, y ese golpe no sonó nada bien. Noté la urgencia en los rostros de Christian y Richard; algo definitivamente no estaba bien.

Al llegar, seguimos los gritos. No sonaban amigables. Supuse que eran los chicos de la banda, y no era precisamente la mejor primera impresión.

Christian entró de golpe.

—¿¡Qué rayos les pasa!? ¿Por qué están peleando ahora?

Frente a nosotros había un grupo de chicos. Dos intentaban separar a uno visiblemente furioso de otro que tampoco parecía tranquilo y que, además, sangraba del labio. El último estaba en una esquina, observando todo con evidente aburrimiento.

—Pasa que Mason y Logan solo saben pelear y pelear —comentó el que estaba sentado.

—No puede ser que se la pasen en esto —dijo Christian, molesto—. Venía a presentarles a la nueva fotógrafa, la que se encargará de que vuelvan a ser reconocidos, y así es como dan la bienvenida.

El silencio se volvió incómodo. Hasta que Richard habló.

—Ella es Jade Steele, excelente fotógrafa y con muy buenas referencias.

Se hizo a un lado para que todos me vieran. Yo sonreí, incómoda.

—Hola, chicos. Espero que podamos llevarnos muy bien.

—Lo siento, pero eso no existe aquí —dijo uno de los que estaba involucrado en la pelea—. Y no estoy para presentaciones.

Me miró por última vez y salió de la habitación.

—Y ese fue Mason Grace —dijo alguien—. Una disculpa por él. La situación que estamos pasando es complicada. Espero que lo comprendas, Jade.

Asentí. Christian parecía avergonzado, y entendía que no era su culpa. En todos los trabajos hay momentos así… solo no esperaba que fuera mi primer día.

—Soy Nathan —habló el chico que había estado sentado—. Y bueno, yo también espero que nos llevemos bien.

Me sonrió. Yo le devolví el gesto. Tenía los ojos café, muy similares a los míos, y el cabello negro. Aunque estaba sentado, parecía tan alto como los demás.

—¿Por qué no mejor ser amigos y no solo “llevarnos bien”? —intervino otro, haciendo comillas con los dedos—. Frank.




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