Iba camino a la disquera. Hoy tomaría algunas fotos de los chicos mientras trabajaban; material sencillo, cotidiano, suficiente para subir a sus redes y dejar claro que Of Dream estaba de regreso.
Llegué, estacioné frente al edificio y tomé mis cosas. Caminé hasta el elevador y, al llegar al estudio, me detuve un segundo antes de tocar la puerta. Respiré hondo. Luego llamé.
Mason abrió.
—Hola, Mason —saludé.
No respondió; solo se hizo a un lado para dejarme pasar.
—¡Jade! ¡Por fin llegaste! —exclamó Martin—. Estoy listo para que tomes mi mejor ángulo.
Posó de forma exagerada y no pude evitar reír.
—En realidad pensaba tomarles algunas fotos mientras trabajan —dije—. Ya saben, escribiendo, tocando… cosas reales para subirlas a su cuenta.
Dejé mis cosas en una esquina y encendí la cámara.
—Será incómodo fingir que estamos haciendo algo —comentó Mason por fin.
—No tendrán que fingir —respondí sin mirarlo, concentrándome en enfocar—. Ustedes hagan lo suyo. Yo haré el resto.
—Bueno, entonces sigamos —dijo Logan mientras se colgaba la guitarra.
Los demás retomaron sus posiciones.
Fue entonces cuando terminé de ubicar a cada uno: Martin en la batería; Frank con una guitarra; Logan con otra, además de la voz; Nathan en el bajo… y Mason frente al micrófono.
Por un segundo pensé que Mason estaría en la batería o en algo distinto. Nunca imaginé que cantara. Y, siendo sincera, con lo poco que escuché, era demasiado bueno. Demasiado.
Algunos recuerdos amenazaron con colarse, pero los empujé de inmediato.
Estaban concentrados, tratando de que los instrumentos encajaran en una sola melodía. Si en algo tenía experiencia era en pasar desapercibida, en no romper el momento. Me moví hacia una esquina y comencé a disparar.
No les pedí poses. No las necesitaban.
Cuando revisaba algunas tomas, un timbre sonó.
—Es Lucía, ya vuelvo —dijo Mason mirando su celular.
Salió del estudio. Los demás se quedaron en silencio.
—¿Cuándo empezarás con las fotos, Jade? —preguntó Frank, rompiendo un silencio que no había notado hasta entonces.
—De hecho ya terminé —respondí mientras encendía mi laptop—. Solo las editaré y pronto estarán en su cuenta.
—¡Déjame verlas! —Martin empezó a moverse de un lado a otro—. Necesito saber si salí bien.
—Contrólate, Crowell —lo frenó Logan.
Martin regresó a la batería refunfuñando.
—Cuando me llamas por mi apellido me ofendo, Ford.
—Cuando termine podrán verlas —dije—. Solo tengan un poco de paciencia, ¿sí?
Asintieron.
Desde fuera del estudio, la voz de Mason volvió a colarse.
—¿Estás segura, Lucía? Apenas cuelgue no habrá vuelta atrás.
Su tono estaba alterado.
No quería escuchar, pero era imposible no hacerlo.
—Espero que no te arrepientas —fue lo último que se oyó.
El ambiente cambió. No era la única incómoda; todos lo estaban. Cada quien fingía concentrarse en lo suyo, aunque ya nada era igual.
Mason regresó a su lugar.
—Eres fotógrafa —dijo de pronto, mirándome—. Debes saber que las fotos duran más. O dime, ¿necesitas ayuda con eso?
Su voz cargaba algo más que ironía. Algo amargo.
—¿Qué mierda te pasa, Mason? —intervino Logan—. Jade no tiene la culpa de que tengas problemas con Lucía.
En un segundo ya estaban frente a frente.
—¡No te metas donde no te llaman, Logan! —espetó Mason acercándose más—. ¿No te enseñaron que escuchar conversaciones ajenas está mal?
—No me hables de educación cuando acabas de hablarle así a Jade.
El aire se tensó. Estaban a nada de cruzar un límite.
—¡Basta! —me interpuse entre ellos—. No peleen.
Miré a Logan primero.
—Gracias, pero no es necesario que te pelees por mí.
Luego desvié la mirada de Mason. Sentí que esperaba algo de mí, pero no se lo di.
—Terminaré mi trabajo abajo —añadí—. Así ustedes también pueden seguir con lo suyo.
No esperé respuesta.
Tomé mis cosas y caminé hacia la puerta. Todos me observaban, excepto Mason, que miraba algún punto perdido del estudio.
Abajo, mientras editaba, no podía dejar de pensar en lo ocurrido. No quería hablar con Christian; no había necesidad de hacerlo más grande. Terminaría, subiría las fotos y me iría a casa.
Lo bueno del empleo era no tener un horario fijo, no como en la revista.
Creí que esto sería más fácil.
Pero no lo era.
Y apenas era mi primer día.
¿Qué me esperaba en los meses siguientes?
Cuando terminé de editar, elegí las fotos menos repetitivas y las subí. Of Dream estaba oficialmente de regreso.
Miré la hora: dos de la tarde.
Guardé todo en la mochila, colgué la cámara en mi cuello y bajé al estacionamiento. Era sábado; seguro Kate tendría algún plan.
Estaba decidida a volver a casa cuando escuché mi nombre.
—¡Jade! —Nathan se acercó con los demás detrás—. Qué bueno que te alcanzamos. ¿Quieres venir a comer con nosotros?
—Gracias, pero hoy no puedo —respondí—. Será luego, ¿sí?
Podía. Solo no quería estar cerca de Mason después de lo ocurrido.
—No me digas que te espera tu novio —bromeó Frank, moviendo las cejas.
—No exactamente, pero tengo planes —mentí, tratando de sonar segura.
—Está bien —dijo Logan acercándose—, pero la próxima no te escapas. Dame tu número. Así, si te arrepientes, sabrás dónde encontrarnos.
No tenía mucha opción. Saqué una tarjeta de presentación de mi mochila. Llamó al número y guardé el suyo.
—¿Ya podemos irnos? —preguntó Mason al acercarse.
No lo miré, pero sentí su mirada encima de mí. Incómoda. Pesada.
—Yo ya me voy —dije—. Hasta el lunes, chicos.
Subí a mi auto y arranqué. Por el espejo vi cómo se quedaban ahí, mirándome ir, hasta que desaparecieron de mi vista.
Y supe, aunque aún no quería aceptarlo, que el caos apenas estaba comenzando.
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Editado: 20.01.2026