La Teoría de Tenerte

Capítulo 8

Lunes.

Ayer había pasado el día entero dejando mi casa reluciente. Culpa mía por distraerme tan rápido jugando con Thor o entretenerme con cualquier cosa que se cruzara en el camino.

Me di una ducha rápida. Elegí unos jeans azules rasgados y una playera negra con estampado; encima, una camisa a cuadros blanco y negro. Para terminar, mis Converse blancas.

Sequé mi cabello y le di unas ondulaciones suaves. Un poco de rímel en las pestañas y un labial nude fueron suficientes. Desayuné mientras Thor se concentraba en sus croquetas. Cuando terminé, regresé al baño para cepillarme los dientes y asegurarme de no olvidar nada.

Me despedí de Thor y salí rumbo a la disquera.

Apenas llegué, me dirigí al elevador cuando escuché que alguien me llamaba.

—¡Jade, buen día! Por favor, ven un momento —dijo Christian, abriéndome paso hacia su oficina.

—Buen día. ¿Pasó algo? —pregunté mientras tomaba asiento y dejaba mis cosas en la silla de al lado.

—Pasan cosas… y muy buenas, Jade —respondió con una sonrisa—. Tus fotos del viernes han sido una gran idea. Están teniendo muchísima aceptación y, no sé cómo, pero están en todas partes.

Su entusiasmo era contagioso. Con cada palabra, mi sonrisa crecía un poco más.

—¿De verdad? —pregunté… o más bien, chillé—. Este fin de semana no estuve muy conectada como para enterarme.

—Pues está pasando —afirmó—. No quería adelantarme a lo que tenía preparado, pero creo que es un buen momento.

Hizo una pausa y miró hacia la silla donde había dejado mis cosas.

—Es momento de entregarte una oficina, para que estés más cómoda.

Estoy segura de que en ese instante mi sonrisa se parecía a la del gato de Alicia.

—Muchas gracias, Christian. De verdad.

—Nada de gracias. Te la has ganado. Vamos para que la veas y empieces a adaptarte.

Caminé detrás de él. La oficina estaba justo a un costado de la suya. Por dentro, era similar: un escritorio de madera, asientos cómodos y algunas plantas decorando las paredes.

Pero lo que realmente la hacía especial era el enorme cuadro detrás del escritorio. Apenas entré, captó toda mi atención.

La fotografía era mía.

Estaba en mi cuenta, y siendo sincera, me atrevo a decir que era una de mis favoritas.

—¿Qué te parece? ¿Te gusta? —interrumpió Christian mis pensamientos.

—Sí, muchas gracias —respondí—. La fotografía… ¿la escogiste tú?

—En realidad, me imagino que ese fue un regalo de…

—De la banda —interrumpió Mason, entrando a la oficina.

Levanté la mirada.

—Gracias por lo que hiciste, Jade. Has hecho un gran trabajo con esas fotos —dijo, mirándome directamente a los ojos.

Desvié la vista hacia la fotografía y asentí.

—Gracias. Es mi trabajo, en realidad —respondí, recordando lo del viernes—. Pero agradezco mucho este gesto.

Sonreí. De la forma más sincera que pude.

Y, por primera vez, Mason me devolvió la sonrisa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.