—Bueno, Jade, creo que es momento de aprovechar que los chicos están de nuevo bajo el ojo del público y hacer una sesión. ¿Qué te parece? —preguntó Christian mientras le daba un ligero apretón en el hombro a Mason.
—Claro, si te parece bien podemos hacerla aquí mismo —respondí, ya pensando en los posibles encuadres, la luz, los espacios.
—Tú eres la experta en esto —sonrió—. Mis chicos están a tu total disposición.
Le dio otro pequeño empujón a Mason, quien bufó en respuesta.
—Entonces empezamos mañana —dije. Solo necesitaría reflectores para mejorar la iluminación.
—Me parece perfecto. Mason, por favor encárgate de avisarles a los chicos. Los necesito con toda la energía. Del vestuario me encargo yo —se señaló—. Tengo que atender unos asuntos, así que nos vemos mañana. Jade, disfruta tu oficina.
—Gracias —respondí cuando salió de mi ahora nueva oficina.
Tomé mi celular. Si había un lugar donde podía conseguir reflectores, era en mi antiguo trabajo. Estaba por llamar cuando caí en cuenta de algo.
Mason seguía ahí.
Y no solo eso. Las cosas entre nosotros aún estaban… incómodas.
—Creo que mejor voy consiguiendo las cosas para mañana —dije, con la intención clara de salir para hacer la llamada.
—Espera, por favor —tomó mi brazo. Lo miré—. Tú y yo nos debemos una plática.
Me soltó casi de inmediato.
Noté cómo se tensaba, como si esperara que en cualquier momento empezara a gritarle. Sin pensarlo, reí.
—¿Qué es lo gracioso? —alzó una ceja.
—Nada. Dime, ¿qué pasa? —intenté sonar tranquila.
Mis piernas pedían salir corriendo. Evitar conflictos siempre ha sido tentador, pero esta vez no pensaba hacerlo.
—Te pido disculpas —dijo finalmente—. El viernes estaba muy estresado y… me la agarré contigo.
Desvió la mirada.
Las disculpas claramente no eran su fuerte. Cuando eres fotógrafa aprendes a leer gestos pequeños, los tics nerviosos, las pausas incómodas. En él, pedir perdón era casi un acto físico de incomodidad.
Solté un suspiro.
—No te preocupes. Está bien.
Y lo estaba. El ambiente se había vuelto tenso por algo que, viéndolo de lejos, no había sido tan grave.
—¡Aquí están! Pensé que no habías venido, Jade —entró Martin de golpe, y de inmediato su mirada se fue al enorme cuadro—. ¿Esta es tu oficina?
Detrás de él entraron los demás.
—Seguro el cuadro fue idea de Christian —comentó Frank.
—¿Qué? ¿El regalo no fue de ustedes? —pregunté, buscando a Mason con la mirada.
Pero ya no estaba.
—No, de hecho nos acabamos de enterar de esta sorpresa —respondió Logan.
—Oigan, dice Mason que tiene una letra lista y nos necesita arriba ahora —anunció Nathan, mirando su celular.
—Nos vemos más tarde, Jade —dijo Logan antes de salir.
Y pronto me quedé sola.
No entendía nada.
Según Mason, el regalo había sido de todos. Pero ninguno de los chicos sabía nada, excepto él. ¿Y si había sido solo su idea? ¿Por qué no me lo dijo?
La curiosidad empezó a colarse entre mis pensamientos. Imaginé el tiempo que se había tomado buscando la foto en mi cuenta, eligiéndola, mandándola a imprimir… todo ese proceso.
Por mí.
Ahora entendía mejor los nervios. Sin darme cuenta, sonreí.
Tal vez sí podríamos llevarnos bien. Tal vez la promesa de volver a For You no tendría que cumplirse después de todo.
El resto del día lo dediqué a conseguir el equipo para la sesión. Hacía mucho que no preparaba una así, y me emocionaba saber que, por fin, estaba exactamente donde quería estar.
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Editado: 20.01.2026