Estaba terminando de alistarme cuando confirmé algo inesperado: el día había amanecido helado. Y por lo visto, así se quedaría toda la semana.
Llevaba un top con escote en forma de corazón, unos jeans claros y, encima, un suéter largo negro. Mis tenis blancos completaban el conjunto. Sabía que hacía frío, pero durante la sesión seguramente ni lo notaría.
Dejé mi cabello al natural y me puse un gorro de lana negro. Un poco de maquillaje, lo justo, y estaba lista.
Necesitaba llegar más temprano de lo habitual para preparar las luces y los escenarios que había conseguido. Me emocionaba hacer esto. Me ponía nerviosa, también. Quería que todo saliera bien.
Me despedí de Thor y salí con mi mochila, lista para trabajar.
La disquera estaba casi vacía cuando llegué. No me sorprendió; aún era temprano. A las diez los chicos debían estar listos para las fotografías. Miré mi celular: ocho y media.
Entré a mi oficina, donde ya estaban las luces y cámaras que había pedido para la sesión, y me puse manos a la obra. Colocar reflectores, ajustar ángulos, probar posiciones. Cuando por fin todo estuvo listo, Christian apareció cargando varias bolsas de ropa.
—Hola, Jade. Aquí está el vestuario de los chicos. Ya no deben tardar en llegar.
—Hola, Christian. Tampoco deben tardar las chicas que ayudarán con el peinado y el maquillaje.
—¿Maquillaje? —preguntó sorprendido.
Reí.
—Solo para quitar el brillo del rostro, nada de qué preocuparse.
Él sonrió, más tranquilo.
—Entonces creo que estamos listos —miró su celular—. Volveré para la sesión. Suerte, Jade.
—Gracias —lo despedí con la mano mientras salía.
Todo estaba preparado. Las chicas de maquillaje estaban por llegar. Solo faltaban ellos.
—Hola —saludó Logan al entrar, observando el estudio improvisado—. ¿Hiciste todo esto sola?
—Sí. ¿Te gusta? —pregunté.
—No sé mucho de esto, pero sí… sí me gusta —se detuvo a mirarme y sonrió.
—Gracias —le devolví la sonrisa.
—¡Ya estamos aquí! —gritó Nathan, haciendo que ambos diéramos un pequeño salto.
Detrás de él venían Frank, Mason y Martin, quien llevaba unos lentes oscuros y caminaba como si estuviera en una pasarela.
—Martin, no hagas el ridículo —dijo Frank, quitándole los lentes.
—Hoy nace una estrella, Mitman. Debo mantener una imagen —respondió, recuperándolos y posando frente a una luz.
—¿Toda esta ropa es para los cambios? —preguntó Mason, observando las prendas con su nombre.
—Sí. Christian las trajo y dijo que volverá pronto —respondí.
Las chicas de maquillaje ya estaban ahí. Solo faltaba que ellos se cambiaran.
—Chicos, escojan su primer cambio. Ellas los ayudarán con el cabello y empezamos. Frank, tú vas primero.
Asintió emocionado. Martin le rodó los ojos.
Pronto Frank estuvo listo.
—Bien, haz lo que te nazca. Sonríe, posa, lo que quieras —dije mientras levantaba la cámara.
Intentó posar, pero la risa le ganó. Y ahí fue cuando tomé las primeras fotos. No les dije nada, pero ese era justo el punto: capturarlos naturales, sin presión, sin poses forzadas.
Poco a poco se fue soltando y el trabajo se volvió fácil.
—Muy bien, Frank. Las fotos están geniales. Ve por el otro cambio —revisé la cámara, satisfecha—. Nathan, es tu turno.
En segundos ya estaba frente al lente.
—Lo mismo, Nathan. Haz lo que te nazca.
Sonrió y comenzó a cambiar de pose con cada clic. Tenía más experiencia de la que aparentaba.
—Excelente, Nathan. Lo hiciste muy bien.
—Gracias, Jade —respondió tímido.
—Logan —lo llamé—. Sigues tú.
Logan sonrió de inmediato. Le pedí que caminara un poco, que se moviera. Funcionó.
Luego vino Martin, que curiosamente, siendo el más emocionado, era el más nervioso.
—Oye, Martin… ¿te sabes el chiste de Pocoyó?
Me miró confundido.
—No…
—Tampoco yo.
Mi sonrisa se ensanchó.
Martin estalló en risa y empezó a explicar el chiste —que no tenía sentido— a todos, mientras yo aprovechaba cada gesto, cada carcajada. No entendía cómo reírse tan natural podía verse tan bien en cámara.
—Mason, es tu turno —dije finalmente.
Se acercó.
—¿Tengo que reír igual que ellos? —se rascó la nuca, tímido.
—Tienes que hacer lo que tú quieras —respondí encogiéndome de hombros.
Comenzó sonriendo, pero sabía que podía dar más.
—¿Qué te parece bailar? —propuse.
—No hay música.
Miré alrededor. En una esquina había una grabadora. La encendí sin pensarlo y dejé sonar una canción que parecía salsa.
—¿Salsa? No sé bailar eso —rió.
—Yo tampoco —dije, empezando a moverme—. Pero puedo intentarlo.
Se rió de mí.
—Soy toda una experta, lo sé —bromeé mientras tomaba fotos—. Vamos, baila conmigo.
—Bailas terrible —dijo entre risas.
—Entonces demuéstrame que lo haces mejor.
Funcionó.
Y bailaba muy bien. Mintió descaradamente. Mientras se movía me miraba con una sonrisa victoriosa y yo no podía dejar de reír. Tomé muchas fotos. Me retó a seguir bailando y acepté. Di lo mejor de mí.
La canción terminó.
—Bueno… al final no bailas tan mal —dijo Mason, sonriendo.
—Ni tú posas tan mal —le devolví.
—¿En qué momento tomaste las fotos? —preguntó sorprendido.
—Ese es mi secreto —guiñé un ojo.
Sonrió.
—Es momento de que esta estrella siga iluminando la sesión —anunció Martin entrando de nuevo.
—Habló Pocoyó —murmuró Nathan detrás de él.
Seguimos con fotos grupales, de dos, de tres, con instrumentos. Cuando Christian regresó, también tomé algunas con él.
—Ven, Jade, tómate una con nosotros —dijo Frank, tomándome de la mano y llevándome al centro.
Martin activó el temporizador. Me coloqué entre Christian y Mason. Sentí la mirada de Mason justo antes del clic. En la segunda foto, todos hicieron muecas y saqué la lengua imitándolos.
#368 en Joven Adulto
#5229 en Novela romántica
fotografia, musica drama bandas musicales, musica romance y amor
Editado: 20.01.2026