La Teoría de Tenerte

Capítulo 11

Estaba editando las fotos del día anterior.

No quería saturarlas de efectos; no lo necesitaban. Las imágenes eran buenas por sí solas, auténticas, vivas. Solo ajusté un poco el brillo, lo justo para que respiraran mejor.

Miré la hora: once de la mañana.

Decidí tomarme un descanso y abrí los comentarios de las fotos que había subido antes de los chicos. Tal como Christian había dicho, la mayoría eran de mujeres. No lo había notado hasta ahora.

Muchos hablaban de lo bien que estaban las fotos, de lo naturales que se veían.

Sin darme cuenta, una sonrisa se me dibujó en el rostro mientras seguía leyendo.

El sonido de mi celular me sobresaltó.

—Hola, Jacob. ¿Qué pasa? —respondí con ligereza, todavía con ese buen ánimo colgado en la voz.

—Hola, Jade… necesito que estés calmada —dijo. Su tono era demasiado serio.

Mi estómago se encogió.

—¿Qué pasó, Jacob? Me estás asustando —sentí cómo los nervios elevaban mi voz.

—Es Rosa… —hizo una pausa—. A ella y a Peter los encontraron heridos. Están graves.

Me levanté de golpe, la silla rechinó contra el piso. Empecé a gritarle que me dijera dónde estaban.

Mis gritos alertaron a los chicos; los vi correr hacia mi oficina, preocupados. Apenas Jacob me dijo el nombre del hospital, tomé mi bolso y caminé directo a la salida, con ellos detrás de mí.

—Jade, espera —Logan me tomó del brazo—. Estás muy nerviosa y… no sé qué pasa, pero no puedes irte así.

—Necesito ir al hospital. Tengo que irme ahora —dije soltándome de él.

No quería ser grosera. Apenas los conocía y estaba atravesando algo que no sabía cómo manejar.

Seguí caminando. Escuché pasos detrás de mí, pero no les di importancia.

Cuando por fin llegué a mi auto, alguien me arrebató las llaves.

Mason.

—Por favor, Mason, necesito irme —intenté sonar menos nerviosa de lo que ya estaba.

—Yo te llevo. No voy a dejar que conduzcas así —dijo, sin mirarme, mientras abría la puerta para que entrara.

No discutí. Arrancó de inmediato. Le di el nombre del hospital y se concentró en el camino.

Tenían razón. Estaba demasiado alterada. No quería provocar un accidente.

Durante el trayecto nadie habló. Agradecí ese silencio.

Llamé a Kate; me dijo que también iba en camino al hospital.

Apenas llegamos, me bajé del auto y caminé rápido hacia la sala de espera.

Ahí estaba Jacob. Se veía agotado, tenso, sosteniéndose apenas. Hacía un esfuerzo evidente por no quebrarse frente a todos.

Cuando me vio, me abrazó. Y entonces lloré.

—¿Qué pasó? —pregunté con la voz temblorosa.

—No lo sé, Jade… —dijo—. Ayer hubo un evento para la empresa de los Smith. Rosa y Peter se ofrecieron a cubrirlo. Hoy en la mañana me llamó un paramédico… los encontraron a las afueras de la ciudad. Al parecer intentaron secuestrarlos… —su voz se quebró—. Dijeron que estaban muy delicados, pero no nos han dejado verlos.

Una lágrima se le escapó. La limpió de inmediato.

Me acerqué al módulo de informes.

—Disculpe… ¿podría decirme el estado de salud de la señorita Rosa Wang y del joven Peter Sanz?

La mujer buscó en su computadora y luego me miró.

—Aún no tenemos informe, señorita. Ambos siguen en terapia intensiva.

Mis ojos se abrieron. Sentí que el aire me faltaba.

Me senté. Mason se acercó y ocupó el asiento a mi lado.

—Tranquila, todo va a estar bien —dijo, apoyando su mano en mi hombro.

Lo miré.

—Gracias, Mason… no quería molestarlos. Seguro estaban ocupados —dije, bajando la mirada.

—Eso no importa. No iba a dejarte ir así —respondió, y luego se corrigió rápido—. Cualquiera de los chicos habría hecho lo mismo.

Habló tan deprisa que noté su nerviosismo. Sonreí apenas.

—Así está mejor —dijo, satisfecho.

—¡Jade! —Kate apareció, igual de alterada que yo—. ¿Cómo están?

—No nos han dejado verlos —respondí—. Están muy graves, Kate…

La voz se me quebró. Mason se levantó para dejarnos el lugar y fue por agua.

—¿Cómo pasó esto? —preguntó Kate en un susurro.

—No se sabe… —dije, mirando el suelo—. Solo que fueron a cubrir un evento y los encontraron esta mañana, heridos, fuera de la ciudad.

Las lágrimas no paraban.

—Peter no debió pasar por esto… apenas estaba empezando. Yo debería haber ido, no él…

Mi voz se apagó.

—No digas eso, Jade —Kate tomó mi rostro—. Nadie debería pasar por algo así. No te culpes.

Pero ya no la escuchaba.

Vi a una mujer desplomarse en el suelo, llorando, cuando un médico se acercó a ella.

La reconocí. Era la mamá de Peter. La había visto el primer día que él llegó a la revista.

Me acerqué.

Escuché al médico explicar que estaba muy golpeado… que no lo resistió.

Peter había muerto.

Todo se volvió confuso. El mundo giraba.

Peter estaba muerto. El más joven de la revista. Apenas comenzando. No podía imaginar lo que había vivido esa noche.

A lo lejos vi a Mason acercarse, preocupado. No entendí lo que dijo.

Solo pude abrazarlo.

Él rodeó mi espalda y dio suaves golpes reconfortantes, mientras yo lloraba, sin poder creer lo que acababa de pasar.




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