Aún seguíamos en el hospital.
Rosa, por fin, estaba respondiendo al medicamento. No era una victoria, pero sí un respiro.
Kate tuvo que regresar a su trabajo, aunque no quería. Jacob acompañó a la mamá de Peter para hacer el traslado a la funeraria. Todo seguía avanzando, aunque yo sentía que el tiempo se había quedado detenido.
Mason no se había separado de mí en ningún momento.
Quería agradecerle, decirle algo, lo que fuera… pero no tenía fuerzas.
La culpa me aplastaba el pecho.
Si yo no me hubiera ido, tal vez Peter seguiría vivo. Tal vez la que estaría en esa camilla sería yo, no él. Tal vez… demasiados “tal vez” que no llevaban a ningún lugar.
—Jade, necesitas descansar un poco —me susurró Mason.
—Necesito ver a Rosa. No me puedo ir así —respondí apenas, con un hilo de voz.
—Está estable, ya lo dijo el médico —dijo con suavidad—. Tienes que descansar, por favor.
Con cuidado, pasó un mechón de cabello detrás de mi oreja.
Accedí. No quería irme, pero sabía que no podría verla hasta el día siguiente. Había personas de la fiscalía esperando su declaración y ella también necesitaba descansar.
Ya se estaba haciendo tarde. No había comido nada. No tenía apetito, aunque estaba segura de que Mason sí. Me preguntó la dirección de mi casa.
No me había dado cuenta de que estaba lloviendo hasta que sentí la brisa fría sobre los brazos. Había dejado mi chaqueta en la oficina. Mason me ofreció su sudadera; me negué, pero insistió. Al final, íbamos camino a casa.
Cuando llegamos, la lluvia era más intensa. En la parte trasera del auto había una sombrilla. Se la di para que no se mojara más.
Cuando bajó, se acercó a mí y caminamos juntos hasta la puerta.
Thor saltó sobre mí apenas entré. Me agaché para acariciarlo y las lágrimas volvieron a caer.
No sabía cómo, pero parecía entenderlo. No se separó de mí ni un segundo.
—Debes tener hambre —dijo Mason, tocando con cuidado mi hombro.
—No mucha —respondí en voz baja—. Vamos… te preparo algo para cenar.
Me levanté despacio, soltando a Thor.
—Déjame ayudarte. Yo lo hago —dijo, agachándose ahora para jugar con él.
—Está bien —respondí—, pero lo hacemos los dos.
Caminamos hacia la cocina. Preparamos una pasta con carne. Mentiría si dijera que lo hice sola; Porque en realidad Mason fue quien practicamente lo hizo mientras yo solo ayudaba acercando lo que me pedía.
Y aun así, no entendía por qué.
Al principio fue tan difícil tratar con él… y ahora estaba ahí, acompañándome en mi peor momento.
—Mason —dije de pronto.
Me miró.
—¿Por qué?
—¿No te gusta el queso? —respondió levantando el trozo con una sonrisa.
—No —negué con la cabeza—. Me refiero a… por qué me ayudas. No somos los mejores amigos. Empezamos muy mal y mira… —señalé la cocina— ahora estamos aquí.
Mason dejó lo que estaba haciendo y me miró de frente.
—Precisamente por eso —dijo—. Empezamos muy mal. Te traté terrible. Y tú, en vez de gritarme o juzgarme, fuiste lo suficientemente madura como para no hacerlo.
Hizo una pausa. Miró a Thor y continuó:
—Cuando te vi salir de la disquera tan alterada, decidí hacer lo mismo que tú hiciste conmigo: no juzgarte y apoyarte. Porque eso es lo que cualquiera haría por ti.
—Eres una gran persona, Mason —intenté sonreír, pero apenas salió una mueca.
El recuerdo del día anterior me atravesó.
—¿Te puedo hacer una última pregunta? —dije, dudosa.
—Dime —respondió mientras servía la pasta.
—¿Por qué no me dijiste que el cuadro había sido solo tu idea?
Sus ojos se abrieron de golpe.
—¿Qué dices? Fue idea de toda la banda —respondió, y noté cómo su rostro se sonrojaba.
—¿Ah, sí? —levanté una ceja—. ¿Y por qué entonces ellos no sabían nada?
Un trueno retumbó fuerte y, de pronto, todo quedó a oscuras.
Thor empezó a moverse por la casa; solo se escuchaban sus pasos.
—Dime que tienes velas —dijo Mason, claramente salvado por el trueno.
—Tercer cajón —respondí.
Lo escuché buscarlas. Al poco tiempo, encendió algunas y la luz cálida iluminó nuestros rostros.
Cenamos en silencio, con el sonido de la lluvia de fondo.
Entonces lo pensé.
—Mason… tienes que quedarte a dormir aquí.
—Sé que cocino delicioso, pero vas a tener que aprender a hacerlo tú sola —respondió con tono burlón.
—Entonces supongo que no tendrás problema en irte caminando en mitad de la tormenta —sonreí.
Su sonrisa se borró al instante.
—No había pensado en eso —admitió, serio.
Gané.
Después de cenar, me dispuse a arreglar el cuarto de invitados. No estaba tan desordenado; algunas veces Kate y Rosa se habían quedado ahí. Aun así, quería asegurarme de que todo estuviera bien.
En ese momento, volvió la luz.
Regresé a la sala. Mason estaba jugando con Thor. Él le llevaba uno de sus juguetes y Mason lo lanzaba al otro lado de la casa.
Sonreí.
Sabía que la conversación de la cocina había quedado pendiente.
Pero por hoy… ya habíamos tenido suficiente.
Editado: 31.01.2026