La Teoría de Tenerte

Capítulo 13

Por fin amaneció.

No había dormido nada.

Antes de irme a mi habitación llamé a Jacob para preguntar por el funeral de Peter y, después de eso, pasé la noche entera llorando. No podía dejar de pensar en el dolor que debía estar sintiendo su mamá en ese momento.

Peter había empezado a trabajar en la revista cuatro meses antes de que yo me fuera. Recuerdo perfectamente el día que llegó: venía con su mamá. Cuando los vi, me imaginé a mí con la mía. A ella le habría encantado acompañarme en un primer día así.

Jacob lo cuidaba mucho. Era el más joven de la empresa: diecinueve años.

Y aunque ser fotógrafo pareciera de lo menos peligroso, no lo era. Todos, al menos una vez, habíamos pasado por alguna agresión. A la gente le molestaba, de una u otra forma, que los fotografiáramos. Jacob no quería que Peter viviera eso todavía. Estoy segura de que ahora mismo debía sentirse fatal, aunque no fuera su culpa.

Yo trataba de darle trabajo. Le pasaba algunas fotos para que las editara y lo hacía muy bien.

Fue la única persona de la que no me pude despedir el día que me fui.

Escuché que tocaron la puerta.

Me levanté y abrí.

—Jade… estás muy pálida —dijo Mason al verme.

—Estoy bien. Solo no pude dormir —respondí apoyándome en el marco—. ¿Qué pasa?

—Llamé a un amigo para que venga por mí. Tengo que cambiarme de ropa —me miró de nuevo—. Regreso en cuanto esté listo para acompañarte.

—No te preocupes. Kate vendrá por mí. Voy a estar bien —intenté sonreír.

—¿Estás segura? No tardo nada, lo prometo.

Noté las ojeras bajo sus ojos. Estaba segura de que él tampoco había dormido.

—Sí. Ya has hecho demasiado por mí, Mason. No sé cómo agradecértelo —hice una pausa—. Además, seguro tienes que ir a la disquera. Yo todavía tengo que llamar a Christian.

Había olvidado avisarle que no iría.

—Espero que no te molestes —dijo metiendo las manos en los bolsillos—. Ayer los chicos y él llamaron preguntando. Les conté lo que pasó.

—No, para nada —respondí—. Pero es importante que yo lo llame. Es mi jefe —recordé sus palabras—. Agradéceles a los chicos por su preocupación.

Sonreí apenas.

—Vamos, te acompaño a la puerta.

Caminé con él hasta la salida. Me despedí con un beso en la mejilla mientras subía al auto de quien supuse era su amigo.

Serví el tazón de Thor y regresé a la habitación. Necesitaba darme un baño. Al salir, cepillé los nudos de mi cabello y me vestí con unos jeans negros, una blusa blanca ajustada, una sudadera negra encima y mis tenis negros.

Kate no tardaría en pasar por mí.

Llamé a Christian. Contestó al tercer tono.

—Hola, Jade. ¿Estás bien? —preguntó de inmediato.

—Hola, Christian. Sí… estoy bien —mentí un poco—. Quería pedirte perdón por irme sin avisar —hice una pausa—. No creo poder ir hoy, pero mañana temprano estaré ahí.

—Nada de eso, Jade. Tómate el tiempo que necesites. No hay prisa.

—Gracias, pero prefiero trabajar a quedarme encerrada en casa —dije con sinceridad. Quedarme ahí solo lograría que siguiera llorando.

—Como prefieras. Lamento mucho lo de tu amigo.

Me quedé en silencio.

—¿Jade?

—Gracias, Christian. Tengo que irme… voy al funeral. Te veo mañana.

—Hasta mañana, Jade.

Colgué.

Minutos después, Kate me escribió: ya estaba afuera. Salí de casa y subí a su auto. La radio estaba encendida; la apagué en cuanto empezaron a hablar de lo ocurrido el día anterior.

Al llegar al cementerio, vi un gran grupo de personas reunidas cerca del ataúd. Supuse que eran amigos de la universidad. Reconocí muchos rostros de la empresa. Kate se acercó con Jacob. Yo me quedé a unos metros.

—¿Eres Jade, verdad?

Me giré al escuchar la voz. Era la mamá de Peter.

—Sí… lo siento mucho, señora —mis ojos luchaban por no llorar—. Quería mucho a Peter.

—Me habló de ti —dijo con calma—. Decía que lo apoyabas mucho en la empresa.

—Sí —respondí—. Era muy entusiasta para trabajar.

Sonreí apenas. Las lágrimas cayeron de todos modos.

—Ven —dijo—. Acompáñame a verlo.

Tomó mi mano y me guió.

Al acercarme, vi su cámara sobre el ataúd. A un lado, su chamarra de la universidad. Si alguien estaba orgulloso de su escuela, era él.

Me cubrí la boca al ver su rostro. Tenía muchos golpes. Lloré sin contenerme. Su mamá tocaba el vidrio que lo cubría mientras las lágrimas corrían por su rostro.

—Me contó que cuando saliste de la empresa no pudo despedirse —dijo entre sollozos—. Dijo que no te llamaría, que iría a verte para agradecerte todo lo que hiciste por él —me miró—. Jade… él quedó pendiente contigo. Pero yo quiero agradecerte por él.

—No tiene que agradecerme nada —respondí limpiando mis lágrimas—. Yo fui feliz ayudándolo, viéndolo tan emocionado.

Miré de nuevo hacia él.

—Peter… gracias a ti. Por tu alegría, por tus ganas, por todo lo que nos diste. Te voy a extrañar mucho. Vine a despedirme de ti. Descansa, amigo.

Me quedé unos minutos más, hasta que algunos de sus amigos se acercaron. Regresé a donde estaba antes.

El cielo seguía nublado. En cualquier momento iba a llover.

Busqué a Kate con la mirada. Le había dado mi sombrilla porque no llevaba bolso. Cuando la vi, también vi a los chicos. Todos estaban ahí. Incluso Christian.

Cerraron el ataúd.

El llanto llenó el lugar mientras lo llevaban hasta su lápida. Volví a llorar. Pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer.

Los chicos se acercaron con sus sombrillas.

—Ya, Jade… tranquila —susurró Logan mientras frotaba mi espalda.

Lloré en silencio.

Nunca imaginé volver a estar en una situación así.

Pero Peter ahora estaba en paz.

Y yo… pude despedirme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.