Jueves.
Ya había pasado una semana desde el funeral de Peter.
Ese mismo día logré hablar con Rosa. Todo había sido un error. Los confundieron con invitados del evento; pensaron que secuestrarlos les daría dinero. Cuando Peter mostró su cámara, quedó claro que solo eran fotógrafos. El enojo de esos hombres fue tal que los abandonaron a las afueras de la ciudad, no sin antes golpearlos hasta dejarlos inconscientes.
Ayer acompañé a Rosa a identificar a los sospechosos. Cumplían con la descripción. Eso significaba que ella ya no corría peligro… y que, de alguna manera, Peter también podía estar tranquilo.
Iba camino a la disquera.
No había ido todos los días como hubiera querido. Trabajé desde casa: imprimí algunas fotos en mi nuevo plotter, dejé otras listas en digital; unas para la cuenta, otras para que los chicos se quedaran con ellas. Volver ahí se sentía extraño, como retomar algo justo después de que todo hubiera cambiado.
Toqué la puerta de la oficina de Christian. Nadie respondió.
Subí al piso donde los chicos habían estado escribiendo la primera vez que los vi. Nada.
Entonces escuché música. Venía del estudio. Toqué.
Christian abrió.
—¡Jade! Qué gusto tenerte de vuelta —dijo, haciéndose a un lado para dejarme pasar.
Dentro estaban los chicos. Aún no me habían visto. Me quedé escuchando. La melodía era una balada. Sonaba tranquila, a un ritmo lento. Sonaban muy bien.
—Son buenos, ¿no? —me dijo un chico que no había visto antes.
—Sí, lo son —respondí, sonriendo.
—Soy Fred —extendió la mano—. Los ayudo con el audio.
—Jade —me presenté—. Fotógrafa de la banda —levanté un poco la cámara—. De hecho, Christian —lo llamé—, aquí están las fotos de la sesión. Lamento la tardanza.
Le entregué el sobre.
—Wow, Jade… están increíbles —dijo, hojeándolas—. Mira, Fred.
—Sí que eres muy buena —comentó él, mirándome con aprobación.
Les agradecí con una sonrisa.
Los chicos terminaron de tocar y ahora sí nos miraban. Christian presionó un botón del teclado frente a nosotros y habló por el micrófono.
—Esto está muy bien, chicos. Me gusta. Empezaremos grabando la melodía y luego seguimos con la letra. Pero antes… vengan a ver sus fotos.
Martin fue el primero en salir, seguido del resto.
—Espero que les gusten —dije.
—Te luciste, Jade —comentó Frank—. ¿Puedo subir alguna a mi cuenta?
—Claro. Estas son algunas; el resto las tendran en digital.
—Siento que te he visto antes —dijo Fred mientras los chicos seguían revisando las fotografías, pensativo.
—¿En serio? ¿Dónde? —me giré hacia él.
—¿No trabajabas en For You? —sus ojos se iluminaron—. Estoy seguro de haberte visto en el evento de Ronsillas.
Ese evento es el mas importante del año, lo organizaba la misma revista. Reunían empresarios para recaudar fondos y donarlos a distintas fundaciones. El año pasado fue un honor que me dejaran cubrirlo.
—Sí —respondí—. Yo cubrí ese evento.
Sonreí aún más. No esperaba que alguien me recordara por algo así.
—Tienes frente a ti a la mejor fotógrafa que pudo tener esa revista —intervino Christian, orgulloso—. Y ahora está con nosotros, Fred.
Mi sonrisa se ensanchó.
—Y la más guapa, por lo que veo —añadió Fred con una sonrisa coqueta.
Sentí cómo me ruborizaba.
—¡Eh, Mason! ¿A dónde vas? —gritó Frank hacia la puerta.
—Volveré cuando termine la hora de conquista —respondió Mason, con el volumen justo para que todos lo escucháramos.
No dijo nada más. Simplemente se fue.
—Mejor continúo con mi trabajo —dije, tranquila—. Chicos, cuando quieran, les paso las fotos que deseen.
Salí del estudio.
Regresé a mi oficina. Después de un rato, todos los chicos —excepto Mason— pasaron por sus fotos. Se las compartí y luego subí algunas a la cuenta de la banda y dejé otras guardadas, quizá para cuando lanzaran un sencillo.
Esperé un poco más antes de irme. Pensé que Mason también querría las suyas, pero no apareció. No parecía interesado.
Apagué la computadora, tomé mis cosas y salí de la disquera. Caminé hasta mi auto, rumbo a casa.
Me estaba cansando de sus cambios de humor.
Un día podía ser cercano, atento, incluso un apoyo inesperado. Al siguiente, apenas parecía soportarme. Como si mi presencia le incomodara.
Ya no más.
Lo mejor sería mantener distancia. Evitar confusiones, evitar problemas.
A partir de hoy, mi trato con Mason sería únicamente profesional.
Eso era lo más sensato.
Aunque… no podía evitar preguntarme por qué, aun así, algo dentro de mí se sentía inquieto.
Editado: 31.01.2026