Estaba terminando de desayunar cuando mi celular comenzó a sonar. Miranda.
—Hola, Miranda —respondí alegre, dejando el plato cerca del fregadero.
—Hola, Jade. Espero que estés muy bien. Te llamo para confirmar si vendrás acompañada —dijo con entusiasmo.
—Sí, Kate viajará conmigo. Llegaremos el jueves por la noche.
—Perfecto. Las espero con toda la energía en la despedida de soltera —se escuchaba genuinamente feliz—. Mi hermana está preparando todo y yo ya no puedo esperar para estar casada.
Me alegraba escucharla así. Saber que ambos estaban ilusionados con formar una nueva familia me llenaba de una calma extraña, de esas que se contagian.
—Ya no falta nada, te verás hermosa, Miranda —sonreí—. No sabes las ganas que tengo de volver a verlos a todos.
—Te extrañamos mucho, Jade. Pero dime… ¿ya estás lista? —preguntó, curiosa.
—Sí, ayer fui a comprar mi vestido —recordé a Mason insistiendo en pagarlo—. Jamás pensé que sería tan difícil escoger uno —bromeé.
—Ni me lo digas —rió—. He tardado un mes recorriendo tiendas hasta encontrar el correcto.
—Si tú tardaste eso, no me imagino cuánto habría tardado yo —solté, riendo también. Miranda siempre había sido decidida; verla dudar resultaba casi irreal.
—Eso significa que ya tenemos pretendiente… ¿o me equivoco? —su tono cambió, divertido y expectante.
Reí por lo bajo.
—No diría exactamente eso.
Y era verdad. Mason no estaba intentando nada… ¿o sí? No debía adelantarme. No quería crearme ilusiones sola.
—Espero que puedas repetirme lo mismo en persona, porque por teléfono no te creo mucho —rió—. Tengo que seguir con lo de las invitaciones, Jade. Nos vemos este viernes.
Nos despedimos y colgué.
Me di un baño rápido. No sabía exactamente qué ponerme, así que opté por algo sencillo: un jumper de mezclilla, una blusa blanca de tirantes, tenis blancos y poco maquillaje. Me até el cabello en un moño. Me sentía cómoda, yo misma.
Un rato después tocaron la puerta.
—Espero que te guste la idea que tengo en mente —dijo Mason apenas abrí.
—A ver, cuéntame —abrí espacio para dejarlo pasar.
—¿Qué te parece salir a pasear a tu perro? —preguntó, observando mi reacción.
Sonreí de inmediato.
—Me encanta la idea. No se me ocurre un mejor plan con un día así.
Su rostro se relajó. Tal vez había temido que no me gustara, pero si había algo que disfrutaba era pasear con Thor… y hoy era perfecto para eso.
—Entonces, ¿vamos? —preguntó.
—Dame un segundo, voy por su correa —fui hacia el pequeño patio. Al regresar, los encontré jugando con una pelota.
—Estoy lista —dije acercándome. Coloqué la correa de Thor y guardé las bolsitas en mi bolso.
Salimos y cerré la puerta detrás de nosotros.
—¿Cuánto tiempo llevas con él? —preguntó mirando a Thor.
—Un poco más de un año —respondí—. ¿Tú no tienes mascota?
—Aquí no. Pero con mis padres tengo dos.
Caminamos hasta el centro del parque. Solté la correa para que Thor pudiera correr y jugar con otros perros. Mason y yo nos sentamos en una banca, observándolo.
—Antes de decidir vivir con un perro tuve que asegurarme de que tendría tiempo para él —retomé la charla.
—Debió ser complicado —dijo, mirando al frente.
—Un poco —suspiré—. No quería vivir sola… y me pareció una gran idea.
—¿Y tus padres? ¿No viven aquí? —me miró.
Sentí que el momento había llegado.
—Creo que es hora de contarte cómo llegué hasta aquí —sonreí con suavidad.
No dijo nada. Solo esperó. Tomé aire.
—Cuando estaba por terminar mi carrera, en Arizona, trabajé para otra banda: The Kings —vi su sorpresa—. Estaban empezando, y yo estaba emocionada por formar parte de algo así. Parker, el vocalista, era mi novio. Al principio todo iba bien, pero conforme comenzaron a despegar… ya no eran los mismos.
Hice una pausa breve, eligiendo qué recordar y qué no.
—Después, mis padres sufrieron un accidente. Un conductor ebrio los chocó y el auto volcó —mi voz bajó—. Cuando lograron sacarlos… ya estaban muertos.
Una lágrima escapó. Mason tomó mi mano y la apretó con cuidado.
—En el funeral no apareció ninguno de ellos. Ni siquiera Parker. Pero no podía renunciar aún, tenía demasiados gastos. Mi familia me ayudaba, pero no quería depender de ellos —respiré hondo—. Un día volví antes de lo esperado y encontré a Parker besando a otra chica. No dije nada. Regresé a casa. Ya nada me ataba a ese lugar. Todo era tan informal que no pudieron detenerme. Nunca volví.
Su mano seguía ahí, firme.
—Con mis ahorros y un poco de ayuda de mi familia decidí venir aquí. Kate ya vivía en la ciudad; su abuela era vecina de mis padres, así nos conocimos. Cuando se enteró, me ayudó con todo: me recomendó con Jacob, mi exjefe de la revista. Sin ella no sé dónde estaría —lo miré, intentando sonreír—. Después de un tiempo mi contrato terminó, y aunque iban a renovarlo, decidí intentar algo nuevo. El resto de la historia… ya la conoces.
Mason parecía procesarlo todo, en silencio.
—Lamento mucho lo de tus padres, Jade —dijo al fin—. No imaginé que detrás de esa chica tan fuerte y profesional hubiera una historia así.
Acarició mi mano con suavidad.
Y por primera vez, sentí que alguien no solo estaba escuchando y mirándome con lastima cuando le contaba… sino entendiendo mi historia.
Editado: 31.01.2026