La Teoría de Tenerte

Capítulo 20

—No sirve de nada atarme al pasado —me encogí de hombros—. Cuando me enteré de que eran una banda, por un momento pensé en salir corriendo de la oficina de Christian —reí—. Pero ustedes no son nada como ellos —lo miré.

—Sí, tienes razón. He escuchado de ellos y su música ni siquiera se acerca —dijo fingiendo superioridad, y volví a reír—. Pero… ¿nunca te buscaron? Digo, debieron preguntarse por qué dejaste de ir.

Desvié la mirada hacia Thor.

—Lo hicieron. Antes de irme, Parker y el resto intentaron que me quedara. Me rogó que no me fuera, me pidió perdón… pero yo ya estaba decidida —recordé aquel día con una claridad incómoda—. A veces me pregunto dónde estaría ahora si no me hubiera ido —bajé la cabeza—. Espero no encontrármelos cuando vaya a Arizona.

—No lo creo —hizo una pausa. Thor se acercó con una rama en la boca—. Pero si llegara a pasar… ¿aún sientes algo por Parker?

Guardé silencio. Tomé la rama y la lancé; Thor salió disparado tras ella.

¿Aún sentía algo? Quería decir que no. Decirlo con seguridad. Pero no estaba tan segura. Si no me importara, no me habría alejado tanto para no verlo.

—No lo sé —respondí sin mirarlo—. Podría decir que no, que lo olvidé… pero no estoy segura —aparté la vista. Hablar de mis sentimientos siempre me dejaba sin respuestas claras.

—Te entiendo —dijo—. No lo he vivido, pero… ¿sabes qué? Ese tipo no merece ni siquiera que lo recuerdes. Mereces algo mejor, Jade.

Cuando giré, estaba demasiado cerca. Demasiado.

Me levanté de golpe y volví a lanzar la rama. Mason permaneció un segundo inmóvil y luego se colocó a mi lado. Seguimos jugando con Thor un rato más; Mason lanzaba la rama cada vez que regresaba, convencido de que siempre traía una distinta.

Caminamos un poco más por el parque. Mason compró helados mientras observábamos a la gente pasar. Agradecí en silencio que no retomáramos la conversación. Contarlo había sido liberador, pero removerlo… no me gustaba.

Al regresar a casa, Thor fue directo a su tazón de agua. Se dejó caer en una esquina de la sala, agotado.

—¿Tienes hambre? —pregunté entrando a la cocina.

—Demasiada, diría yo —rió—. ¿Pedimos algo?

—Tengo una mejor idea —sonreí cómplice—. Preparemos algo.

—¿Me estás volviendo a utilizar? —se tocó el pecho fingiendo indignación.

—Depende… ¿sabes preparar lasaña? —hice un puchero.

Soltó una carcajada y se acercó.

—Eso —señaló mi rostro— es abuso de poder.

Reí mientras lo empujaba hacia la cocina.

Nos pusimos manos a la obra. Él preparaba la carne mientras yo acomodaba la pasta en el refractario. Me sorprendió lo bien que se desenvolvía; parecía saber exactamente qué hacía, como si la cocina le resultara natural. Colocó la lasaña en el horno y se acercó a la barra donde yo estaba recargada.

—Listo —dijo al quedar cerca—. En poco tiempo estará.

—Ven —tomé su brazo—. Quiero mostrarte algo.

Lo llevé hasta mi pequeño estudio.

—Así que aquí es donde terminas todos tus proyectos —se acercó al escritorio, observando las fotos.

—Aquí —asentí—. A veces me quedo con algunas solo para mí.

Tomó las fotografías y se detuvo en una.

—Sabía que soy atractivo, pero… ¿guardas fotos mías? —bromeó, alzando una ceja. Era una de la sesión: él sonriendo, despreocupado, bailando.

Rodé los ojos mientras intentaba quitársela. No lo logré. Levantó el brazo y quedamos a centímetros.

—Esa foto iba a entregártela… pero nunca fuiste —dije. Yo lo miraba directo a los ojos. No estaba segura de si él hacía lo mismo.

—No has negado que sea atractivo —se acercó un poco más. Un movimiento más y nuestros rostros se tocarían.

No dije nada. Solo lo sentí. El cosquilleo en mi estómago creció, intenso.

El sonido del horno me sobresaltó y di unos pasos atrás. Mason rió por lo bajo.

—La lasaña —dije al fin—. Está lista.

Asintió y dejó las fotografías donde estaban.

Mientras comíamos, le conté cómo había sido mi tiempo en la revista. Me escuchaba con atención, interrumpiendo solo para comentar o bromear.

—Así que no te gustaba estar rodeada de millonarios… ¿por eso te fuiste? —dijo después. Ya habíamos terminado y lavábamos los platos.

—No solo eso. Deberías escucharlos hablar de sus vestidos de diseñador o del dinero que ganan al día —reí.

—Lo entiendo —rió conmigo—. Creo que debería irme —dijo secando el último plato—. Debes estar cansada.

Sentí una ligera decepción. No esperaba que se quedara, pero… tal vez un poco más.

—Ha sido muy bueno hablar contigo —sonreí. Él me devolvió la sonrisa.

Caminamos hasta la puerta.

—Te veo mañana, Jade —dijo metiendo las manos en los bolsillos.

—Descansa, Mason.

Se acercó y besó mi mejilla con suavidad. Caminó de espaldas unos pasos antes de girarse y subir a su auto.

Entré de nuevo a casa y me quedé apoyada en la puerta, con una sonrisa inevitable en el rostro.

¿Qué me está pasando con Mason Grace?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.