La Teoría de Tenerte

Capítulo 21

Estaba terminando de subir algunos videos que les había tomado a los chicos. Explicaban el proceso del álbum, pequeños fragmentos íntimos de cómo había nacido cada canción. El viernes lo lanzarían y era momento de que sus redes estuvieran más activas que nunca.

—¿Se puede? —dijo Christian tocando la puerta de la oficina.

—Claro, pasa —respondí sin dejar de mirar la pantalla.

—Soy todo oídos, Jade —se sentó frente a mí—. ¿A qué se deberá tu ausencia este fin de semana? No estarás para celebrar con nosotros el lanzamiento.

—Lo sé, y me da mucha pena no poder acompañarlos —confesé. Cuando supe la fecha, no pude evitar sentir una pequeña punzada—. Viajaré a Arizona. Es la boda de mi primo.

Sonrió, como si ya lo supiera.

—Sabía que sería por algo así —dijo, y luego frunció ligeramente el ceño—. Jade… por un momento pensé que estarías cansada de estar aquí. La última vez que hablamos, las cosas con Mason no estaban muy bien

—No lo estaban —admití—. Pero ya no es así. Y aun si lo fueran, jamás pensaría en dejar el trabajo a la mitad, y menos ahora.

—Entonces sí sirvió quitarle el auto —soltó una carcajada—. Cuando lo llamé para decirle que ya lo había dejado en su casa, me dijo que estaba contigo.

Alzó una ceja. Yo me ruboricé sin poder evitarlo.

—Se ofreció a acompañarme a comprar mi vestido para la boda, nada más —dije desviando la mirada.

—Sí, claro —respondió con tono burlón—. Qué coincidencia que los dos estén tan felices hoy, ¿no?

Rió mientras se dirigía a la puerta.

—Nos vemos, Jade.

Negué con la cabeza sonriendo, y volví a concentrarme en el trabajo. Quería dejar todo listo antes del jueves.

—¡Jade! Qué bueno que sigues aquí —dijo Fred entrando apresurado.

—Hola, Fred. Siéntate. ¿Qué pasa? —apoyé los codos en el escritorio.

—Eres la única que queda. ¿Puedes ayudarme a conectar el audio?

—Claro, ¿pero no se suponía que ya estaba todo listo?

—Lo está, pero Logan insiste en grabar mañana versiones acústicas para después del lanzamiento —bufó—. Estos chicos no se cansan.

—Ni me digas —reí, levantándome. Él hizo lo mismo—. Vamos.

Tal como dijo, la disquera estaba prácticamente vacía. Yo no sabía demasiado de audio, pero entendía lo suficiente para notar que el problema estaba en los micrófonos del estudio: no captaban nada. Ayudé desde la cabina mientras Fred hacía ajustes. Al final, funcionó.

—Listo —sonrió—. Te lo agradezco mucho, Jade.

—No fue nada. En realidad, tú hiciste todo.

—Entonces eres una gran ayudante —levantó un dedo señalándome.

Caminé hacia él, o al menos lo intenté. Mis pies se enredaron con los cables que habíamos movido. Instintivamente extendí las manos para amortiguar la caída… pero nunca llegué al suelo. Fred me sostuvo.

—¿Estás bien? —preguntó, demasiado cerca. Su nariz chocó con la mía.

—Sí… gracias —sonreí, un poco nerviosa.

En ese momento se escuchó un portazo. Fred se apartó de inmediato.

—¿Qué fue eso? —preguntó ofreciéndome la mano.

—Ni idea —fruncí el ceño—. Tal vez Christian.

Se encogió de hombros.

Salimos juntos. Me despedí de Fred mientras subía a su auto y luego conduje a casa. Apenas llegué, llamé a Kate. Hacía días que no hablábamos y necesitaba ponerme al día.

Un rato después, llegó.

—No puedo creer que ya sea fin de semana —dijo entrando como si la casa fuera suya, directa a la cocina.

—Lo sé. Estoy nerviosa… ¿tú no? —la seguí.

—Más bien emocionada —sacó lo que quedaba de la lasaña—. Espera… ¿no que no sabías hacer lasaña? —me miró indignada.

—No la hice yo —me encogí de hombros.

—¿Y quién fue? —sonrió lentamente—. ¿Mason?

—¿Y tú cómo sabes eso? —fruncí el ceño.

—Instinto, querida —rió—. Además, no me has contado nada de él. Lo último que supe es que era un grosero. ¿Qué pasó?

—Han pasado muchas cosas —sonreí.

—Cuéntamelo todo —dijo apoyando los codos en la barra mientras calentaba la comida.

Kate era mi mejor amiga. Entre nosotras no existían secretos. Le conté todo, cada detalle, cada gesto, cada conversación. Ella solo asentía, sonreía y, de vez en cuando, levantaba las cejas.

—Hoy no lo vi, pero seguro mañana lo veré —concluí.

—Estoy muy feliz por ti, Jade —me dijo con sinceridad—. Se te nota en la cara. Te brillan los ojos cuando hablas de él. Solo una cosa…

—¿Qué? —pregunté mientras bebía un sorbo.

—Si te lastima, lo mato —guiñó un ojo.

La abracé, agradecida.

La tarde pasó entre bocadillos y películas. Kate se quedó a dormir; al día siguiente tendría libre por una limpieza en su trabajo, así que sus vacaciones empezaban desde hoy.

Acordamos que traería sus cosas a mi casa para organizar el viaje juntas. No supe en qué momento nos quedamos dormidas.

Pero incluso con los ojos cerrados, mi mente seguía despierta… preguntándose si todo aquello que empezaba a sentirse tan bien podría complicarse más de lo que imaginaba.




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