Iba de camino a la disquera. Había dejado a Kate en su casa para recoger algunas cosas; todo lo que necesitaría durante este fin de semana.
Mientras yo en la oficina me ocupé en terminar las fotografías pendientes, y cuando por fin apagué la pantalla, los encontré a todos esperando en la puerta. A todos… menos a Mason.
—¡Hola, chicos! Pasen —dije mientras cerraba la computadora.
—Así que nuestra fotógrafa no estará para el lanzamiento —habló Nathan, intentando sonar serio, aunque no le salía del todo.
Reí al verlos a todos con los brazos cruzados, fingiendo reproche.
—Lo siento, chicos. Me encantaría quedarme, pero tengo que viajar —sonreí, apoyándome en el escritorio.
—No estarás para festejar, Jade —Martin hizo un puchero exagerado.
—Les prometo llamarlos apenas sea su lanzamiento —levanté el dedo meñique como juramento.
Se miraron entre ellos y, sin decir nada, estiraron los suyos, formando un extraño nudo.
—Es una promesa —sonrió Logan.
—Y bueno… ¿solo venían a regañarme por no estar? —levanté una ceja, divertida.
—En realidad también veníamos a entregarte esto —Frank me extendió un disco—. Eres la primera en tener el álbum, autografiado por todos.
Abrí la tapa y ahí estaban. Todas las firmas. Mi sonrisa se ensanchó y me lancé sobre ellos en un abrazo espontáneo.
—Gracias, chicos. No saben lo feliz que estoy por ustedes. Por fin volverán a estar donde merecen —dije cuando nos separamos.
—Y todo esto también es gracias a ti —dijo Logan.
—Nada de eso —tomé mi bolso—. Este éxito es suyo. Yo solo hago mi trabajo.
—Aunque lo niegues, eres parte de esto —sonrió Martin antes de volver a abrazarme.
—¿Quieres venir a comer con nosotros? —preguntó Nathan—. Mason nos dejó plantados por su novia —añadió, mirando el gran cuadro de la oficina—. Por cierto… me encanta tu foto.
¿Mason volvió con su novia?
¿Por qué no me lo dijo?
—Gracias… también es de mis favoritas —respondí, bajando la mirada.
¿O será que nunca terminó con ella?
—Lo siento, chicos. Tengo que volver a casa a preparar las maletas —forcé una sonrisa. Pareció suficiente.
—Será después, entonces, cuando regreses —dijo Frank.
Salieron de la oficina y yo lo hice detrás de ellos, con un nudo extraño apretándome el pecho.
Al llegar a casa encontré a Kate viendo un programa de concursos, con Thor echado a su lado.
—Llegaste. ¿Lista para hacer maletas? —me miró apenas entré, y supe que con ella no podía fingir—. ¿Qué tienes?
—Me ilusioné en vano —me dejé caer en el sillón frente a ella—. Mason sigue con su novia.
—¿Qué? ¿No habían terminado ya? —Kate frunció el ceño, tan confundida como yo.
—Eso me dijo… tal vez me mintió —respondí sin ganas.
—Es un idiota —se acercó y me abrazó—. ¿Quieres que lo mate?
No pude evitar reír.
—No, Kate. Yo sola me hice ilusiones —bufé—. Está bien.
—¿Sabes qué vamos a hacer? —levanté la vista—. Vamos a festejar que estamos solteras. Y quién sabe… tal vez encontremos chicos lindos allá —me guiñó el ojo.
La abracé de nuevo. A su manera, siempre sabía cómo levantarme el ánimo.
—Te quiero, Kate.
—Yo mucho más, amiga —respondió apretándome—. Vamos, hagamos maletas.
—¿Las haces por mí? —me acomodé en el sillón.
—Eso no va a pasar.
Reí por lo bajo mientras tiraba de mis brazos para levantarme.
Me llevó a mi cuarto. A pesar del desorden, ya tenía una maleta lista. Un gran avance.
Guardamos nuestros vestidos juntas. El suyo era negro, con pequeños brillos y un escote pronunciado. Sabía que se vería hermosa con él.
—Me encanta tu vestido —dijo Kate mientras lo guardaba junto al suyo—. Vas a salir de esa fiesta con todos detrás de ti.
—Esa serás tú —respondí—. Ese vestido seguro se te ve increíble.
Hacía todo lo posible por no pensar en Mason… y aun así, hasta ahí se colaba.
—Entonces ambas saldremos de ahí con todos a nuestros pies —rió.
Y reí con ella. Sabía que no podía pedir mejor compañía para regresar a casa.
Seguimos guardando cosas hasta que Kate se quedó dormida. La dejé descansar y volví a la sala para alimentar a Thor.
Luego tomé el álbum que me habían regalado los chicos y lo llevé a mi cuarto.
Una parte de mí esperaba una llamada.
Nunca llegó.
Me quedé dormida con el celular entre las manos, esperando algo que, en el fondo, sabía que no pasaría.
Editado: 31.01.2026