Estaba terminando de subir algunas fotos para la promoción del disco.
Los chicos ya habían pasado por la oficina, y yo había evitado con cuidado cualquier contacto con Mason, que no había dejado de mirarme desde que todos entraron.
Justo cuando estaba por cerrar todo, tocaron a la puerta.
—¿Y a qué hora te irás mañana, Jade? —preguntó Martin al entrar de nuevo.
—Por la tarde. Cuando salga de aquí solo esperaré a una amiga que cuidará a mi perro —le sonreí.
—¿Tienes mascota? —sus ojos se iluminaron de inmediato.
—Sí, es un golden —respondí mirándolo curiosa—. ¿Tú tienes?
—Tenía uno cuando era niño, pero ahora no —ladeó la cabeza con nostalgia.
—Lo entiendo —sonreí comprendiendo— Cuando vuelva podrás conocerlo.
Tomé su mano y le di un pequeño apretón. Martin sonrió, genuino.
—Es una promesa entonces —pareció recordar algo—. ¿Crees que ya estés allá cuando salga el disco?
—Eso espero. Debería llegar la noche del jueves y el disco sale en la madrugada del viernes.
—Entonces está bien —volvió a sonreír—. Los chicos y yo iremos a comer. ¿Quieres venir?
—Tengo que terminar esto, lo siento —hice una mueca.
—Está bien, te veré mañana —dijo antes de salir.
Un rato después terminé, tomé mis cosas y caminé hacia afuera.
Fue entonces cuando los vi.
Mason se despedía de Lucía mientras ella subía a un taxi.
Entré a mi auto.
—¿Ya te vas? —di un pequeño brinco cuando su voz apareció de pronto. Mason estaba recargado en la ventana.
—Sí, tengo cosas que hacer —respondí mientras encendía el auto. No quería mirarlo.
—Te invito a comer, ¿quieres? —sonaba animado. Demasiado.
Seguramente por haber vuelto con su novia. Y seguro ni imaginaba lo poco que quería estar cerca de él.
—Tengo cosas que hacer —repetí, esta vez mirándolo.
—¿Te pasa algo? —noté un dejo de burla en su voz.
—Me tengo que ir. Adiós.
Arranqué sin darle oportunidad de decir nada más.
Si bien yo sola me había hecho ilusiones, estaba cansada de que desapareciera, de que no me contara sobre su reconciliación y luego pretendiera hablarme como si nada.
Además, si sabía que su novia no me quería cerca, debería marcar distancia. Así se evitaba problemas… para ambos.
Con Kate salimos a caminar con Thor. Después, me ayudó a bañarlo.
Quería consentirlo antes de irme; nunca lo había dejado solo y no sabía cómo reaccionaría, aunque sabía que con Rosa estaría bien.
—No sé si bañamos a Thor o él nos bañó a nosotras —rió Kate, tratando de secarse la ropa.
—Esta vez fue menos —dije imitándola—. He terminado peor.
Reímos juntas.
—¿Cómo te fue hoy? —preguntó. Sabía que no hablaba del trabajo.
—Si lo dices por Mason… quiso invitarme a comer —dejé la toalla junto a la ropa sucia—. Obviamente me negué y vine a casa.
—¿O sea que no está con su novia? —me siguió.
—Hasta donde sé, sí lo está. Antes de invitarme estaba con ella —la miré.
—¿No te parece raro? —insistió—. Digo, si te busca después de la escena con esa chica, tal vez ya no están juntos.
Lo pensé.
Y aun así, si fuera cierto… ¿por qué no decirlo?
—No lo creo, Kate —mi celular empezó a sonar—. Espera.
Miré la pantalla. Mason.
Se lo mostré a Kate; ella asentía frenéticamente. Yo negué.
—¿No vas a contestar?
Caminé hacia la cocina.
—No —me detuve—. Si él no se va a alejar, lo haré yo.
—Jade, creo que deberías hablar primero con él —se acercó—. Mira, yo te lo dije… no me hacía feliz verte de nuevo en un lugar así —bajé la mirada—. Pero cuando te vi tan emocionada, te apoyé.
Con sus manos levantó mi rostro.
—Ese chico estuvo contigo cuando ni siquiera se lo pediste. Creo que merece ser escuchado —asintió hacia el celular.
—¿Y si me equivoco? —mi voz salió más débil de lo que esperaba—. ¿Y si está jugando conmigo mientras sigue tan tranquilo con su novia?
Tal vez estaba exagerando.
Pero ya lo había vivido antes. Y sabía cómo dolía.
—Si eso pasa, estaré aquí —sonrió con dulzura y me abrazó.
—No lo sé, Kate —murmuré aún entre sus brazos—. Ni siquiera sé si siente algo por mí.
Me soltó apenas.
—¿Y tú qué sientes? —me observó con atención.
¿Qué sentía?
Ni yo lo sabía del todo. Me emocionaba verlo llegar. Me ponía nerviosa cuando estaba cerca. Y, extrañamente, me sentía en calma cuando estaba con él.
—Muchas cosas —respondí al fin—. No podría decir solo una. Pero luego se aleja… me trata como si fuera una extraña… y ya no sé cómo sentirme.
—Eso, querida amiga —abrió los brazos como si hubiera descubierto algo obvio—, significa que te gusta.
Asentí, sintiendo el calor subir a mis mejillas. Pensarlo era una cosa. Decirlo… otra muy distinta.
—Me iré a bañar —señaló su ropa empapada—. Pero piensa en lo que hablamos —me apuntó antes de irse al cuarto.
Miré el celular. Volvía a sonar.
Cuando por fin reuní el valor para contestar… la llamada ya había terminado.
Y me quedé ahí, con la sensación de haber llegado tarde a algo que no sabía si estaba lista para enfrentar.
Editado: 31.01.2026