Hoy era el día.
Regresaría a casa después de dos años.
Caminé deprisa apenas me bajé del auto. Me había quedado dormida y el tiempo estaba contado. Iba bajando el paso cuando lo vi: Mason esperaba afuera de la oficina.
—Necesitamos hablar —soltó apenas llegué.
—Ahora no, Mason. Tengo mucho por hacer —dije, entrando a la oficina con él detrás de mí.
—Te llamé ayer, pero no contestaste —insistió, buscando mi rostro.
—Estaba ocupada —tomé mi lugar y lo miré—. No tengo tiempo. Debo terminar todo ahora.
—Perfecto —se sentó frente a mí—. Esperaré.
Bufé en silencio.
Ignoré su presencia y continué trabajando. Ninguno habló durante un rato. Lo miré de reojo varias veces mientras escribía en una pequeña libreta; era la misma en la que lo había visto anotar antes.
Avancé aún más lento, con la secreta esperanza de que se cansara y se fuera. No pasó.
Cuando terminé, levanté la vista. Él ya me estaba mirando.
—¿De qué quieres hablar? —pregunté al fin.
—¿Por qué estás tan molesta conmigo? ¿Te hice algo? —dejó la libreta sobre el escritorio.
—Ya te lo he dicho antes —hice una pausa al notar que no parecía entender—. Deberías respetar tu relación. Si a tu novia no le caigo bien y me pidió que me mantuviera lejos de ti, eso es lo que voy a hacer.
—¿Te molesta? —continuó—. ¿Estás celosa, Jade?
Esbozaba una sonrisa.
—Claro que no —rodé los ojos—. Además, si es tu novia, ¿por qué sigues aquí?
Me detuve.
—¿Sabes qué? No me lo digas. No me interesa. Es tu relación… pero yo ahí sobro.
Me levanté y caminé hacia la puerta. Mason tomó mi brazo y me jaló hacia él.
—Sí te interesa —sonrió de nuevo. Me solté de su agarre—. ¿Estás con Fred, no? ¿Cuál es el problema? Él no está celoso de verte conmigo.
—¿De qué estás hablando? —fruncí el ceño.
—Por favor, Jade. Los vi juntos en el estudio.
Su expresión se endureció.
Entonces lo entendí: el portazo de ese día.
—¿Estás celoso? —repetí, usando el mismo tono que él antes. Si íbamos a jugar, sería de dos.
—Sí.
Abrí más los ojos, sorprendida. Mason se alejó hacia la puerta.
—El estudio es para trabajar, no para conquistas. Ya lo he dicho antes —dijo sin mirarme.
¿Estaba insinuando que coqueteaba con Fred?
El enojo me creció en el pecho. Si alguien conocía mi historia, si alguien sabía por qué me esforzaba tanto en lo que hacía, era él.
—Tienes razón —crucé los brazos—. Mi motivación para venir a trabajar siempre ha sido esa: “conquistar”. Y es mejor así. Tú con tu novia y yo con Fred.
Las palabras salieron antes de poder detenerlas.
Se giró. Su mirada era una mezcla de decepción y enojo.
—¿Eso crees?
Asentí.
—De verdad me equivoqué contigo —abrió los brazos señalando la oficina—. Solo buscas a alguien aquí para crecer. ¿Lo has logrado, no?
Se acercó un poco más.
—Fuera de aquí, Mason —lo miré sin expresión—. No te quiero seguir escuchando. ¡Fuera!
Le señalé la puerta.
—Entonces así será. No te molesto más.
Salió sin mirar atrás.
Respiré hondo.
Tomé el resto de mis cosas. Si su intención había sido hacerme sentir mal, no lo lograría. No permitiría que me humillara insinuando que solo era una interesada. Aunque lo que dije no fuera cierto, era lo correcto.
Entre más lejos, mejor.
Al salir de la oficina me encontré con los chicos en la puerta, con una clara excepción.
—Suerte, chicos —sonreí—. Ya verán que todo saldrá bien.
—Gracias, Jade —Logan me abrazó—. Buen viaje, por cierto.
—¿Has visto a Mason? —preguntó Martin, mirando alrededor—. Lo necesitamos para las últimas promociones.
No podía contarles sobre la discusión.
—Debe estar con su novia —me encogí de hombros.
—Es lo más seguro —rió Logan.
—No te salvarás de nosotros, Jade —dijo Frank—. Te llamaremos apenas salga el álbum.
—Eso espero —sonreí.
Los abracé por última vez, deseándoles suerte.
Durante el camino a casa no pude dejar de pensar en Mason.
Esta vez parecía definitivo. Ambos parecíamos dispuestos a dejar las cosas como estaban.
Cuando llegué, Kate ya había preparado la comida. Esperábamos a Rosa, que amablemente se había ofrecido no solo a cuidar a Thor, sino también la casa.
Escuché que tocaban la puerta.
—¡Por fin llega! Muero de hambre —exageró Kate mientras yo abría.
—¿Tú? ¿Cuándo no? —respondió Rosa, saludándome.
—Venimos graciosas hoy, ¿eh? —reí al ver sus mini peleas.
—Vamos a comer antes de que se nos haga tarde —intervine.
Durante la comida, Rosa nos habló de su nuevo compañero. Por la forma en que lo mencionaba, era evidente que le gustaba.
—Jade —me llamó—. ¿Me estás escuchando?
—Sí, ¿qué pasa?
—¿Quién era el chico que estaba contigo el día del hospital? —levantó las cejas, curiosa—. No lo vi, pero sé por buenas fuentes que te acompañó todo el rato.
Miré a Kate.
—A mí no me veas, yo no fui —se excusó.
—No es nadie —dije—. Es del trabajo, nada más.
Eso solo aumentó la curiosidad de Rosa.
—¿Puedo contar ahora yo la historia? —pidió Kate como niña pequeña.
Reí y asentí.
—Bien, para no hacerlo largo —empezó—. Jade conoció a Mason —hizo una pausa—. Él es el vocalista de la banda donde trabaja ahora. A mí me parecía un grosero.
Rosa y yo reímos.
—Luego la acompañó al hospital y debiste ver cómo se preocupó por ella —se tocó el pecho—. Después Jade lo evitó por su novia, hasta que terminaron. Salieron un par de veces… hasta ahora, que al parecer Mason volvió con la otra chica.
Bebió un sorbo.
—Ah, y Jade no termina de aceptar que le gusta.
—No es un “al parecer” —añadí—. Hoy me confirmó que sí volvieron.
Bufé.
—¿Y qué hiciste? —preguntó Rosa, apoyando la barbilla en las manos.
—Le pedí que se alejara. Me echó en cara que salgo con otro chico y, por coraje, no se lo negué. Ahora debe estar igual de molesto que yo.
Editado: 31.01.2026