La Teoría de Tenerte

Capítulo 26

—Jade… —alguien me movía de un lado a otro de la cama mientras yo protestaba entre quejidos.

—Vamos ya —reía Kate—. Te dije que durmieras temprano justo por esto.

Volvió a zangolotearme sin piedad.

—Ya voy… necesito dormir unas tres horas más —levanté la mano en señal de rendición, logrando que se riera otra vez.

—No, ya —pasó frente a mí y abrió las cortinas, dejando entrar toda la luz.

—Kate… —me quejé—. Apaga eso.

Me cubrí el rostro con la almohada, pero no sirvió de nada. Jaló de mi brazo mientras yo seguía aferrándome a la cama, hasta que finalmente consiguió levantarme.

—¿Por qué no has dormido? —preguntó sentándose a mi lado.

—Sí dormí… pero recibí una llamada de madrugada que me quitó el sueño —recordé con una sonrisa inevitable. Seguro Mason seguía dormido y, cuando despertara, tendría un dolor de cabeza insoportable.

—¿Ah, sí? —alzó una ceja—. ¿De quién? ¿De Mason? —me miró burlona—. Pensé que estabas molesta con él.

—Y lo estoy. Lo de ayer fue una pausa —sonreí recordando las palabras de Mason.

—Ya veo —rodó los ojos, divertida—. Pero vamos, date un baño y vemos qué desayunar. Muero de hambre.

—Es el cambio de horario, debemos adaptarnos —me encogí de hombros mientras tomaba mi ropa

—Te espero en la cocina, no tardes mucho —rogó antes de salir.

Caminé hacia el baño de mi habitación con una sensación extraña, como si nunca me hubiera ido. Todo estaba exactamente donde lo recordaba. La rutina volvió sola: el espejo frente al que me sentaba a cepillarme el cabello antes de ir a la universidad, el rincón donde pasaba horas editando en la computadora durante la madrugada. Mi pasado seguía ahí, quieto, esperando.

Después de ducharme me puse unos jeans azul oscuro, una blusa blanca holgada y una bandana roja sobre el cabello, dejándolo suelto. Un poco de maquillaje y salí rumbo a la cocina.

—¿Qué hacemos? ¿Compramos algo para desayunar o salimos a algún lugar? —dijo Kate al verme. Eran casi las diez de la mañana.

—Tal vez podríamos… —Alguien tocó la puerta—. Espera, veré quién es.

Fui hasta la entrada y abrí.

—¡Jade! Qué gusto tenerte en tu casa de nuevo —mi tía Mary me envolvió en un abrazo que devolví de inmediato—. Tú también, Kate, ven acá.

Reí cuando la jaló para unirla al abrazo.

Al soltarla, vi entrar a mi abuela junto a mi tío Spencer. Abriendo los brazos en cuanto me vio y yo me acerqué sin pensarlo.

—Todos te extrañamos mucho, Jade —me dijo mamá Lisa, dándome un beso en la mejilla—. Estás más hermosa que cuando te fuiste.

Me hizo girar sobre mí misma y no pude evitar reír.

—Gracias… yo los extrañé mucho más a ustedes, mamá Lisa —sonreí.

Mi abuela abrazó a Kate mientras yo saludaba a mi tío.

—Espero que tengan hambre —dijo él, levantando unas ollas—. Trajimos el desayuno.

—Muchas gracias, justo estábamos decidiendo qué hacer —respondió Kate, abrazando a mi abuela.

—No es nada, niñas —sonrió ella.

Observé sus mejillas, aún sonrojadas como siempre al sonreír. Tenía más arrugas, sí, pero solo la hacían verse aún más tierna.

Nos sentamos a comer y mis tíos comenzaron a contarnos sobre los últimos detalles de la boda. Como padres de Marco, estaban llenos de emoción. Mamá Lisa también irradiaba felicidad; ver a uno de sus nietos casarse era la excusa perfecta para reunirnos a todos de nuevo.

—Pasaremos por ustedes hoy para ir a la despedida de soltera —dijo mi tía Mary mientras se dirigía a la puerta—. Preparen sus ojos para lo que se viene —guiñó un ojo.

Kate abrió los ojos como platos.

—¿Qué has dicho? —preguntó mi tío, regresando un momento.

—Cosas de chicas —respondió riendo—. Vámonos antes de que alguien queme la sorpresa.

Le dio un pequeño empujón y todos reímos. Así se llevaron de regreso a mi abuela, mientras Kate volvía a la cocina.

—¿Crees que lleven a algún chico? —preguntó con una sonrisa emocionada.

—Conociéndolas, seguro llevarán más de uno.

Sus ojos brillaron y no pude evitar soltar una carcajada.

—Quiero salir a caminar —dije mirando por la ventana—. ¿Vamos?

—Por supuesto. Solo voy por mi bolso.

Asentí, revisando mi celular. Una parte de mí esperaba una llamada de Mason. Quería saber si recordaba lo de anoche. Seguía molesta… pero también lo extrañaba, aunque no quisiera admitirlo.

—Estoy lista.

Salimos de la casa y caminamos hasta una de las plazas cercanas. Entre compras —muchas de Kate y algunas mías—, ella insistía en cambiarse para la despedida. Quería estrenar lo que habíamos comprado hoy mismo; su entusiasmo tenía nombre y apellido: los chicos que, según ella, seguro aparecerían.

Regresé a mi habitación para cambiarme. Me puse un vestido negro de tirantes, ceñido al cuerpo, que llegaba apenas por encima de mis rodillas y unos tacones bajos. Ricé ligeramente mi cabello y reforcé un poco el maquillaje.

Kate apareció con una producción que superaba la mía.

—Me encanta tu estilo —me tomó de la mano y me dio una vuelta.

—Y a mí el tuyo. La experta aquí eres tú —sonreí.

—Hay que tomarnos una foto —dio un brinquito—. En eso sí que eres experta —me guiñó un ojo.

Tomé algunas fotos. Kate insistió en que me tomara varias a mí y luego le devolví el favor. Subí unas juntas a mi cuenta mientras esperábamos a mi tía. En cuanto lo hice, mi celular comenzó a sonar. Era Angie, la hermana de Miranda.

—Hola, Jade. Sé que ya casi es la hora de la despedida, pero quería pedirte un favor —dijo al otro lado.

—¡Angie! Claro, dime —respondí animada.

—Se nos ocurrió tomar algunas fotografías del lugar a último momento, pero no conseguimos a nadie. ¿Crees poder hacerlo tú?

—¡Por supuesto que sí! Llevaré mi cámara —me alegró que pensaran en mí.

—No sabes el alivio que me causas —soltó una risita—. Es algo casual, solo para nosotras. No queremos que el novio se entere de esto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.