La Teoría de Tenerte

Capítulo 28

Kate y yo terminábamos de desayunar. Decidimos hacerlo temprano para que, cuando llegaran las chicas del peinado y maquillaje, ya estuviéramos listas.

—Me divertí mucho ayer —dijo Kate, dando una mordida a sus pancakes—. Esos chicos hacen muy bien su trabajo.

—Lo noté cuando besaste a uno de ellos —recordé, sonriendo—. Justo antes de que se fueran. Le diste un beso rápido al policía tres… y él te devolvió la sonrisa con toda la picardía del mundo.

—Eso no lo recuerdo bien —respondió señalándome con el tenedor—. También bebí demasiado.

Reí, de acuerdo.

—Aunque tú tampoco fuiste una santa.

—¿Y eso por qué? —fruncí el ceño, divertida.

—Vi cuando uno de ellos te tomó una foto, Jade —levantó las cejas—. Y era el mismo que no dejaba de intentar besarte mientras te bailaba.

Se rió de mí.

—Eso es mentira —repliqué—. Es su trabajo.

—Deberías ver el video y comprobarlo tú misma.

Abrí los ojos de par en par.

—¿¡Me grabaste!?

Reí. No podía enojarme; al final, había sido divertido.

—Y no solo eso —dijo tomando su café—. Te subí.

—Pagarás eso cuando termine de editar las fotos de anoche —entrecerré los ojos.

Kate soltó una carcajada.

Tomé mi celular y abrí el video. Era una historia; solo estaría unas horas y luego desaparecería, así que no me preocupaba. En la grabación aparecía con el rostro ligeramente enrojecido, riendo, claramente nerviosa, mientras el chico acercaba su rostro al mío y yo movía la cabeza esquivándolo.

Había mensajes. Algunos de Jacob, burlándose del video. Otros… de los chicos.

Revisé quiénes habían visto la historia. Mi teoría se confirmó.

Mason la había visto.

No escribió nada.

Tal vez eso terminaba de confirmar que no recordaba la llamada de madrugada… o que seguía molesto conmigo. El vacío de su silencio me pesó más de lo que quería admitir.

Después de desayunar, me di un baño mientras Kate dejaba su atuendo listo. Al salir, me puse una camisa de cuadros y un pans; no quería arruinar el peinado ni el maquillaje.

Cuando llegaron las chicas, comenzaron su trabajo. En mis ojos aplicaron una fusión de sombras en tonos azul y plata, dando profundidad a la mirada. Pestañas postizas, base bien trabajada y, en los labios, un nude suave.

Mi cabello lo rizaron y lo recogieron parcialmente. Yo ya estaba lista cuando Kate seguía contando, entre risas, lo ocurrido la noche anterior. Las maquillistas no dejaban de reír.

Volví a mi cuarto y me puse el vestido. Añadí un pequeño dije en forma de corazón que combinaba perfecto. Tacones, un poco de perfume… y listo.

Al salir, encontré a Kate rodeada de las chicas, ayudándola con el vestido.

—Estoy lista —dije.

Todas voltearon.

—Wow —Kate abrió la boca formando una “o”—. Te ves hermosa, Jade.

Le sonreí, agradecida.

—Las dos quedaron preciosas —dijo una de las chicas.

Les agradecimos mientras guardaban sus cosas y recibían el pago.

—¿Estamos listas? —preguntó Kate.

—Lo estamos.

Decidimos ir en taxi a la ceremonia. No rentamos auto; así podríamos beber sin preocuparnos por accidentes.

Al llegar, vi a mi familia reunida afuera. Nos acercamos entre halagos y sonrisas. No dejaban de decirnos lo bien que nos veíamos; yo solo agradecía, devolviendo los cumplidos.

Dentro de la capilla, los detalles me atraparon. Las flores lilas a lo largo del pasillo la hacían verse aún más hermosa. Tomamos lugar cerca del atrio. Reconocí muchos rostros, pero me limité a sonreír.

La marcha nupcial comenzó. Miranda apareció del brazo de su padre; se veía hermosa. Él sonreía con una melancolía inevitable. Miré a Marco, intentando contener las lágrimas… sin éxito.

Durante la ceremonia, busqué disimuladamente entre los invitados. No sabía exactamente a quién buscaba. Solo observaba.

—¿Buscas a alguien? —susurró Kate mientras el cura seguía hablando.

—Solo veo quiénes vinieron —me recompuse.

—Creo que... los chicos están aquí —dijo, observándome con atención.

Era de esperarse. Aun así, la idea me incomodaba, no, me aterraba. Aunque me pidieron disculpas, nunca volví a saber de ellos… ni quise hacerlo. Estábamos bien así.

—Debe ser por Marco —respondí—. Era muy amigo de Parker y de los chicos.

Volví la mirada al frente. El protocolo estaba por terminar.

Miranda no dejaba de sonreír. Marco tampoco, aunque seguía limpiándose las lágrimas.

—Y ahora… puede besar a la novia —anunció el cura.

Los aplausos llenaron la capilla mientras los recién casados se besaban.

Salimos y los recibimos con pétalos. Se besaron otra vez antes de subir al auto que los llevaría al salón. Yo no dejaba de sonreír. Estaba feliz por ellos… y por estar ahí, con mi familia.

Decidimos quedarnos un poco más. No vi a Parker ni a ninguno de los chicos, lo que me tranquilizó.

Tomé algunas fotos con mi celular a Kate, que posaba feliz, y luego ella me devolvió el favor.

—Vengan, vamos en mi auto —dijo Olivia, tomándonos del brazo.

Durante el trayecto me contó cómo estaba todo. Todos seguían trabajando. Ella acababa de comenzar como diseñadora de interiores. Con veintitrés años, era la más pequeña y cerraba el ciclo de estudios de la familia. Siempre habíamos sido cercanos en edad; por eso nos llevábamos tan bien. Crecimos juntos, desde bebés.

Al llegar al salón, los nervios regresaron.

—¿Estás bien? —preguntó Olivia.

Asentí.

—No has visto a Parker, ¿verdad? —dijo con media sonrisa.

—No… ¿tú sabes si estará aquí?

Miró al frente antes de responder.

—Cuando Marco te llamó, él también estaba en la reunión. No podíamos sacarlo así sin más de la casa —me miró—. Es amigo de Marco, y lo tomó en cuenta. Cuando supo que estarías aquí, dudó si venir o no. A todos nos sorprendió cuando confirmo… y más que decir que vendría con todos los chicos —hizo una pausa—. Pero no creo que te los encuentres por aquí.




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