La Teoría de Tenerte

Capítulo 32

Estaba terminando de guardar todo en las maletas. Tenía tiempo de sobra, pero no quería arriesgarme. Miré la hora: cuatro de la mañana. Con estar treinta minutos antes de las seis en el aeropuerto, estaríamos bien.

—¡Kate! —grité mientras cerraba la última maleta.

No hubo respuesta.

Fui hasta su cuarto y, como lo supuse, estaba profundamente dormida. Pensé en despertarla, pero no tenía sentido. A diferencia de mí, ella ya tenía todo listo desde la noche anterior. Se había ganado esa hora extra de sueño.

Caminé hasta el cuarto de mis papás.

Todo seguía exactamente igual.

Nunca me atreví a cambiar nada de lugar. Solo limpiaba, con cuidado, dejando cada cosa donde ellos la habían dejado. Mi familia siempre respetó eso, y yo se los agradecía en silencio.

Me recosté sobre su cama, como cuando era niña y las pesadillas me despertaban. Ellos me hacían un espacio entre los dos: mi mamá me abrazaba, mi papá decía cualquier tontería hasta hacerme reír.

Cerré los ojos un instante.

—Jade —sentí que alguien me movía—. Ya llegó Olivia, vamos.

Abrí los ojos del todo y miré el celular: cinco en punto. Me levanté, acomodé la cama con cuidado y caminé hacia la sala.

Ahí estaba Olivia, sosteniendo un café entre las manos, mientras Kate reunía las maletas junto a la puerta.

—¿Listas? —sonrió Olivia.

—Parece que sí —respondió Kate con un puchero.

No pude evitar sonreír. Me causaba gracia verla “sufrir” por alguien que había conocido en dos días, pero quien soy yo para juzgarla.

Subimos las maletas al auto y emprendimos camino al aeropuerto. Durante el trayecto, Olivia intentaba convencer a Kate de que dejara de lamentarse por Ryan, mientras ella se negaba rotundamente, haciéndonos reír.

En el aeropuerto hicimos el chequeo y nos sentamos a esperar el llamado.

Por los altavoces anunciaron nuestro vuelo.

—Cuídense mucho —dijo Olivia, levantándose.

—Así será, prima —sonreí al abrazarla—. Cuida a Mamá Lisa, por favor —susurré antes de soltarla.

No quería que Kate se preocupara. Decírselo ahora solo arruinaría el recuerdo del viaje.

Olivia asintió y luego abrazó a Kate.

—Y tú deja de lamentarte por ese chico —bromeó—. No me sorprendería que tengas otros esperando por ti en Nueva York.

Kate pareció pensarlo un segundo… y negó.

—Esa sería mi querida amiga —dijo, mirándome.

Fruncí el ceño y ambas rieron.

—Ya me contarás después —sonrió Olivia.

Negué con la cabeza, sonriendo.

Nos despedimos una vez más y caminamos hacia el avión.

Después del vuelo estábamos hambrientas. Estaba a punto de llamar un taxi cuando vi a Rosa con un cartel que decía “Jade y Kate”. Reímos al acercarnos; ella parecía igual de divertida.

—Pero, ¿qué pasó? —dijo entre risas—. Iban a una fiesta y regresan como si vinieran de una guerra.

Miré a Kate; ella me miró a mí. Rosa tenía razón.

—Acabo de dejar al amor de mi vida a casi cuatro mil kilómetros —bufó Kate, apoyando la cabeza en mi hombro.

Reí por lo bajo.

—Lo veía venir —sonrió Rosa—. ¿Y tú? —me miró con atención.

No quería contarles aún lo de Mamá Lisa. No quería preocuparlas.

—No pude dormir en el avión —respondí, procurando sonar firme.

Rosa me sostuvo la mirada un segundo más. No bajé la vista. Dudó… pero al final asintió.

Caminamos hasta el auto y Rosa condujo hasta mi casa.

—¿Y tú qué tal? —pregunté ya dentro.

—Bien —se encogió de hombros—. Poco trabajo, pero tranquilo —me miró de reojo—. Thor también la pasó muy bien.

—Gracias por cuidarlo —dije, mirando al frente.

—No es nada —sonrió.

Encendí el radio. La melodía llamó mi atención de inmediato.

—Esos que no son… —canturreó Kate desde atrás.

—Sí, son Of Dream —respondí, sin poder evitar cierta emoción.

Sabía lo mucho que les había costado volver. Escucharlos en la radio no era poca cosa.

—Tenemos aquí a la fan número uno —bromeó Rosa.

Me sonrojé.

—No es eso. Trabajo con ellos y me da gusto que les vaya bien —me encogí de hombros, restándole importancia.

—Sí, claro —se burló Kate.

La miré mal. Rosa rió.

Al llegar a casa, Thor saltó de emoción. Esa, sin duda, era la mejor sensación de regresar.

—Deben tener hambre —dijo Rosa—. ¿Preparamos algo?

Asentimos y fuimos a la cocina.

Definitivamente, las tres ahí no éramos la mejor combinación. La mitad de la comida terminó en el suelo, y Thor se encargó de la limpieza. Aun así, lo logramos.

Mientras comíamos, pusimos a Rosa al día. Kate no se saltó ni un solo detalle.

—Vi el video —sonrió pícara—. Pero eso del coqueteo fue más allá.

—Y también le pidió una foto —añadió Kate.

—Es trabajo —negué, riendo—. Y esa foto no la voy a usar.

—Deberías —intervino Rosa—. Al final no lo volverás a ver, ¿no?

Negué de nuevo. Esa foto sería seguir el juego… y no pensaba hacerlo. Ese policía no me iba a ganar.

—¿Y qué tal con…? —Rosa se detuvo, dudando.

—¿Parker? —asintió—. No pasó nada. Creo que ni siquiera me vio —jugueteé con la comida—. Mark sí me vio… y tampoco pasó nada.

—Está bien —bufó—. Ahora cuéntamelo todo sobre ese chico —Kate apoyo sus brazos en la mesa, como si estuviera a punto de dar una declaración

Agradecí el cambio de tema. Me recargue en la silla escuchando con lujo de detalle a Kate, explicando las diez razones de por que estaba segura que jamás lo iba a superar.

Después de comer, ambas se quedaron dormidas. Yo intenté imitarlas, pero no pude. La comida me devolvió la energía que había perdido.

Decidí sacar a Thor al parque. Dejé una nota en la mesa y tomé mis llaves.

El día estaba perfecto. Solté la correa y me senté en la banca de siempre, observándolo correr.

Al rato me levanté para buscar algo de beber… y me detuve en seco.

Mason y Lucía.

Ahí estaban.

Me volvió a mentir.




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