Salí de bañarme y me puse unos jeans azules y una blusa de tirantes con rosas. Me calcé los tenis blancos y terminé con un poco de maquillaje, lo justo para verme despierta sin sentirme tan arreglada.
La noche anterior, al llegar a casa, apenas alcancé a despedirme de Rosa, que tenía que volver a la suya. Kate, en cambio, aún tenía un día extra de vacaciones y pensaba aprovecharlo para llevar sus cosas a su departamento.
Salí de mi habitación con el plato de comida de Thor en las manos. Kate estaba en la cocina, concentrada en preparar el desayuno.
—Eres una gran esposa —bromeé, sentándome frente a la barra.
—Lo sé, amor —me siguió el juego, y las dos reímos.
Apenas terminé de desayunar, tomé mis cosas y salí rumbo a la disquera. Tal vez no había mucho que hacer ese día, pero podía adelantar otros proyectos y ponerme al corriente.
—¡Jade! Qué bueno que por fin hayas vuelto —me saludó Christian apenas entré.
—¿Y a qué debo tanta felicidad? —pregunté mientras caminaba hacia mi oficina.
—Estamos llenos de entrevistas con los chicos y necesitaba desahogarme con alguien —dijo, dejándose caer frente a mi escritorio con expresión agotada.
—Regularmente eso pasa cuando…
—¿Dónde está Mason? —interrumpió Lucia, entrando a mi oficina como si fuera suya.
—Aquí no lo siento —respondí con una sonrisa falsa.
Lucia rodó los ojos.
—Podrías ser menos grosera.
—Y tú podrías tocar antes de entrar —contesté en el mismo tono.
No dijo nada. Se dio la vuelta y salió furiosa hacia el pasillo. Solté un suspiro largo, como si con eso pudiera sacarme el fastidio del pecho.
—Otro motivo de estrés, por cierto —comentó Christian, tocándose la nariz mientras reía.
—Ni me digas —murmuré, sacando la memoria de la cámara para conectarla a la computadora.
—Te dejo, tengo que arreglar algunos eventos con los chicos —dijo levantándose—. ¿Puedes creer que ya los están pidiendo para conciertos?
—Me alegro por ellos —sonreí—. Va a ser todo un éxito.
—Eso espero —respondió antes de salir.
Revisé que todas las fotografías de la banda estuvieran en orden y preparé algunas más. Terminé antes de lo esperado, así que pasé a revisar las fotos que había tomado el fin de semana.
Empecé con las de los policías. No pensaba hacer mucho, solo ajustar un poco la luz. Llegué a la foto que había tomado el segundo policía. Creí que saldría terrible, pero no era así. Estaba ligeramente sonrojada, sonriendo. Juraría que en ese momento estaba frunciendo el ceño, pero la imagen decía otra cosa. La dejé tal cual. Al final, no la enviaría; no tenía caso retocarla.
Busqué en mi bolso la tarjeta de los chicos, escribí el correo y adjunté las fotografías. Por error, también iba la mía. Dudé unos segundos. Jugué con la idea de enviarla así y, en el cuerpo del mensaje, escribí: “Cumplo con mi trabajo”.
—¡Jade!
Di un brinco en mi asiento y, sin querer, presioné el botón de enviar.
—Ay no —susurré al ver el aviso de enviado con éxito.
Levanté la vista y me encontré con los cinco chicos frente a mí.
—¿Era necesario gritar? —pregunté, todavía mirando la pantalla.
—Alguien viene de mal humor —rió Logan, sentándose frente a mi escritorio.
—No es eso… envié algo por error —dije, revisando de nuevo el correo, como si pudiera deshacerlo.
—¿Esos son strippers? —soltó Frank, asombrado. Me di cuenta de que estaba detrás de mí.
—¡Frank! —cerré las pestañas de la computadora de golpe.
Todos rieron, excepto Mason, que me miraba en silencio.
—¿Son los chicos del video de tu amiga? —preguntó Martin entre risas.
—Sí, es trabajo —respondí, sintiendo cómo la cara se me encendía. Evitaba mirarlos.
—Tan trabajo que tenías que comprobar cómo lo hacían —dijo Logan, levantando una ceja.
—Eso no era parte —me defendí.
—Oh, yo también vi eso —añadió Nathan—. Ese chico te quería besar.
—¿Solo vienen a burlarse? —pregunté, ya más divertida. Lo hecho, hecho estaba.
—Veníamos a platicar un rato —se encogió de hombros Frank—. ¿Te enteraste de que estamos sonando en la radio?
—No solo eso, los escuché —sonreí—. Cuando regresaba del aeropuerto, estaban sonando.
—Melódica voz, ¿no? —añadió Nathan.
Miré a Mason por un segundo. Esperaba mi respuesta.
—Muy buena —dije con media sonrisa.
Vi cómo su expresión se iluminaba, como si no esperara un cumplido mío.
—Pero el instrumental es hermoso —añadí, mirando al resto.
—¿Oíste eso, Mason? —se burló Martin—. Lo hemos hecho mejor.
Mason bufó, y todos reímos.
En ese momento llegó una notificación a mi correo. Abrí el mensaje.
“Tienes agallas.”
Y, sin saber por qué, sonreí.
Editado: 31.01.2026