La Teoría de Tenerte

Capítulo 36

Salí de bañarme y me puse unos jeans rasgados, una blusa de tirantes azul y mis tenis blancos. Ricé mi cabello con calma y añadí un poco de maquillaje, lo suficiente para sentirme despierta.

La noche anterior, cuando regresé a casa, encontré a Kate subiendo sus cosas al auto. Tenía tantas ganas de contarle lo que había pasado, pero el cansancio me ganó. Apenas pude ayudarla a acomodar algunas cajas antes de despedirnos.

Había hablado con Christian más temprano. Me dijo que los chicos asistirían a una entrevista en la radio, así que podía llegar más tarde a la disquera. El tiempo perfecto para desayunar sin prisas.

Preparé mi café, dejé listo el omelette y coloqué el plato con croquetas de Thor en su lugar. Mientras desayunaba, encendí el televisor solo para no comer en silencio. Estaba a punto de terminar cuando mi celular comenzó a sonar.

—¿Sí? ¿Diga? —respondí al ver un número desconocido.

—¿Hablo con Jade Steele? —escuché del otro lado.

—Así es. ¿Con quién hablo? —su voz me resultaba familiar, pero no lograba ubicarla.

—No estoy muy seguro de que conozcas alguno de nuestros nombres.

Fruncí el ceño… hasta que caí en cuenta.

—Dime… ¿eres el policía uno, dos, tres o cuatro? —contesté, rogando equivocarme.

—Policía uno, para tu suerte —rió. Me relajé al instante; al menos no era el dos—. Tu número venía en el correo con las fotos.

Claro. Era de suponerse.

—Entiendo. Dime, ¿pasa algo con ellas? —pregunté mientras caminaba hacia mi estudio, con Thor siguiéndome detrás.

—No, para nada —respondió, y mi ceño volvió a fruncirse—. Llamo para agradecerte… y para preguntarte cómo podemos pagarte por esto.

Su cambio de tono hizo que mi rostro se calentara, recordando cual había sido su “oferta” a cambio. Por suerte, nadie me veía… salvo Thor.

—Por esta vez, tómenlo como un “gracias” por lo mucho que han divertido a mi familia —dije, jugando con la pluma del escritorio.

—¿Cómo crees? Es tu trabajo, y no debería ser regalado —replicó. —Insisto, ¿Cuánto te debemos?

—No es un regalo, es intercambio —me encogí de hombros, sentándome frente al escritorio—. Normalmente este tipo de trabajos no los haría ni aunque me pagaran —reí—. Fue cosa de una sola vez.

—Es que estamos interesados en más fotos —soltó, sin rodeos—. A todos les ha encantado tu trabajo y pensábamos en tener más para… —hizo una pausa— ya sabes, promoción.

—Gracias por tomarme en cuenta —giré lentamente en la silla—, pero estoy algo lejos para eso.

—No te preocupes por la distancia —dijo, y fruncí el ceño—. ¿Mencionaste que vives en Nueva York no? Pues tenemos algunos pendientes en esa ciudad y nos pareció buena idea contactarte

Sus palabras me sorprendieron.

—¿Qué dices?

Lo pensé unos segundos. Tendría que conseguir un lugar, organizarlo después de salir de la disquera, preparar el equipo… pero al final, trabajo era trabajo.

—¿Cuándo podrían venir? —pregunté, rendida.

Escuché cómo hablaba con alguien más, seguramente los otros tres.

—Si este fin de semana te parece bien, ahí estaremos.

Era más pronto de lo que esperaba.

—Solo tengo una condición —dije antes de cerrar el trato—. Quiero saber sus nombres reales… y ver sus caras.

Escuché algunas quejas de fondo, pero al final un resignado

—De acuerdo.

Acordamos hora y lugar, y colgué. Miré el reloj: casi las nueve y media. Si salía en ese momento, llegaría con buen tiempo.

Tomé mis cosas, me despedí de Thor y salí hacia mi auto. Durante el camino, pensé una y otra vez por dónde empezar con la sesión, el lugar aún pendiente, aunque una idea comenzaba a formarse.

Llegué a la disquera, dejé mis cosas en la oficina y subí al estudio en busca de Fred.

—Hola —saludé. Se quitó los audífonos—. ¿Estabas escuchando la entrevista de los chicos?

—Terminó hace un rato, deben de estar por volver —respondió—. ¿Puedes creer que Mason dijo que todo el disco está dedicado a una chica? —apoyó la barbilla en la mano—. No me creo que todo sea para Lucia… ¿no crees que podría ser para alguien más?

Evité pensar en la noche anterior.

—Debe ser para ella —me encogí de hombros—. Nosotros no la conocemos como él.

O quizá yo intentaba convencerme a mí misma.

—Pero bueno… ¿pasa algo? —preguntó al notar mi inquietud.

—Sí —salté un poco en la silla—. Me llamó uno de esos strippers.

Fred ahogó un grito.

—Vendrán este fin de semana para otra sesión.

—Esos chicos quieren algo… y no son fotos —rió. Le di un ligero empujón.

—¿Conoces algún lugar para hacerlas? Pensé en ti después de lo que me contaste de tu ex.

Se quedó pensativo.

—Mi casa es buena opción —dijo serio… y luego rió—. Mentira. Tengo un amigo con una casa increíble para sesiones —asentí—. Déjame ver si la tiene disponible este fin y listo.

—Gracias, Fred —me abalancé a abrazarlo—. No sabes el peso que me estás quitando.

—Para eso están los amigos —rió.

—Bueno, me voy. Aún tengo trabajo que hacer —señalé la puerta y salí casi corriendo.

Hasta que choqué con algo... o más bien, alguien.

—Perdón —dije al levantar la vista—. No te vi… Mason.

—Está bien —respondió separándose de a poco—. ¿Todo en orden?

Asentí sin mirarlo. Él se hizo a un lado para dejarme pasar, y no lo dudé.

Después de lo de anoche, estar cerca de él me ponía más nerviosa de lo que estaba dispuesta a admitir.

Y eso… no me gustaba nada.




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