La Teoría de Tenerte

Capítulo 37

Fotos y más fotos.

Ya era un nuevo día, estaba terminando con todos los pendientes, pero al buscar entre archivos antiguos encontré algunas imágenes viejas que, con un poco de edición, podían recuperar vida. Me concentré en eso, dejando que el tiempo pasara sin darme cuenta.

—¿Ocupada? —Fred tocó la puerta. Le hice una seña para que entrara.

—Estoy por terminar —dije mientras se sentaba frente a mí—. ¿Me tienes noticias?

—Sí, y muy buenas. —Se acomodó mejor en el asiento—. Hablé con mi amigo ayer y la casa está libre este fin de semana.

—¿Y el precio? —pregunté de inmediato, dudosa.

Necesitaba saber si entraba en el presupuesto que había hecho. De lo contrario, tendría que buscar otra opción.

—De eso ni te preocupes —respondió, y fruncí el ceño—. Jade, es mi amigo. No te va a cobrar —rió entre dientes—. Para mi mala suerte, no voy a poder acompañarte, pero confío en que cuidarás bien de ella. Y que podre ver las fotos después —Sonrió burlón y rodee los ojos

—De la casa no tengas duda, las fotos ya veremos —reí—. No sé cómo voy a pagarte todo lo que estás haciendo por mí.

Fred fingió pensarlo.

—Ya lo has pagado… cuando me cuentes cómo te fue ayer —jugo con una de las plumas—. No creas que lo he olvidado.

Sonrió con picardía. Solté un suspiro largo.

—Todo es muy confuso —admití—. Entre más quiero alejarme… más se acerca.

Fred asintió, pensativo.

—¿Y si fuera al revés? —levantó una ceja—. Si él te quisiera lejos, ¿tú lo ayudarías con eso?

Lo miré incrédula.

—Tal vez respetaría su decisión y... —me calle, desviando la mirada. ¿De verdad no era capaz de decir que lo alejaría?

—¿Tal vez? —negó con la cabeza—. Ni siquiera estás segura. Te diré lo que harías —se quedó pensativo—. Si él te quisiera lejos, tú buscarías mil maneras de acercarte porque sabes que hay algo entre ustedes, y te jode pensar perderlo solo porque sí. —Suspiro— Y no lo tomes personal, es nuestra naturaleza humana, cuando más te prohíben algo, más te niegas a cumplirlo.

No dije nada. No tenía cómo negarlo.

—Fred, aquí estás —apareció Frank en la puerta—. Mason quiere grabar algo.

Luego me miró.

—Lo siento, Jade, te lo robo un rato.

—Está bien —reí—. En realidad, yo ya iba de salida.

Tomé mis cosas y salí con ellos.

—Hablamos luego —sentenció Fred.

Asentí mientras caminaba hacia la salida.

Aún tenía que conseguir el resto del equipo para las fotos.

Conduje hasta el centro comercial. Además del equipo, necesitaba material de decoración. No conocía la casa todavía, pero prefería estar preparada. Compré más de lo que planeaba, subí todo al auto y me dirigí a casa.

Estaba por ser la hora en que llamaba a la abuela.

Apenas llegué, tomé el celular y le llamé. La conversación giro en torno a su novela, de lo molesta que estaba con la villana. Me hacía gracia escucharla enojarse igual —o peor— cada vez, aunque ya hubiera visto la historia tiempo atrás.

Tomé una manzana de la cocina y me senté en la sala para seguir hablando con ella… hasta que tocaron a la puerta.

—Mama Lisa, están tocando —dije levantándome—. ¿Te llamo después?

—Claro, hija. Mañana hablamos.

Me despedí y colgué. Caminé hacia la puerta con la manzana aún en la mano y abrí.

—Sorpresa.

La manzana cayó al suelo.

—Mierda —murmuré al verla rodar.

—Qué boquita —rió el chico frente a mí. Lo miré mal—. ¿Sabes quién soy o no?

Apoyó el brazo en el marco de la puerta.

—Tenía entendido que estarían aquí hasta el viernes —respondí—. Y… —miré el celular— es miércoles.

—Sí, todos llegan hasta el viernes, pero yo tuve que adelantarme —sonrió, demasiado cómodo—. Para tu suerte, estoy sin antifaz —guiñó un ojo—. ¿Puedo pasar?

Miré hacia la sala y me hice a un lado. Entró sin dudar. Yo me agaché a recoger la manzana… ahora sucia.

—Lindo hogar —comentó—. ¿Vives sola?

Cuando regresé de tirarla, Thor salió disparado de uno de los cuartos y saltó sobre él.

—Solo con él —señalé a Thor, que disfrutaba de las caricias—. Y ahora tengo en mi casa a alguien a quien apenas le conozco la cara.

—¿Qué? ¿Quieres conocer más? —bromeó.

Rodé los ojos.

—¿Cómo te llamas? —pregunté, directa.

—Te lo diré luego.

Suspiré.

—¿Algo de tomar?

—Agua está bien.

Regresé con dos vasos y le di uno.

—¿Y a qué debo la visita? —pregunté sentándome.

—Tenía que asegurarme de que la casa que rentamos alcance para los cuatro —se encogió de hombros—. Como nos diste esta dirección, me pareció buena idea venir —sonrió—. Y créeme, no me equivoqué —me señaló—. Tu cara al verme fue increíble.

—No era para menos —respondí—. Encontrarme a un stripper en la puerta de mi casa no es lo más común.

—Cuestión de gustos —se recargó en el sillón—. Pero también vine por otra cosa.

Se levantó.

—¿Por qué? —fruncí el ceño y lo seguí.

Dejó el vaso en la barra y se giró.

—Invitarte a comer.

Se acercó y yo retrocedí por reflejo.

—¿Y qué te hace pensar que diré que sí? —me crucé de brazos.

—Que, si aceptas, te diré mi nombre… y todo lo que quieras saber —imitó mi postura.

—Lo de los nombres…

Tocaron a la puerta.

—No te muevas de ahí —le advertí al policía dos mientras iba a abrir.

Abrí la puerta.

—Jade, necesito hablar contigo —dijo Mason apenas lo hice.

¿Por qué hoy?




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