La Teoría de Tenerte

Capítulo 38

—Mason —dije apenas lo vi—. Ahora no puedo.

Salí y dejé la puerta entreabierta, intentando cerrar antes de que mirara demasiado.

—¿Estás con Fred? —preguntó, intentando mirar por encima de mi hombro.

Me moví para taparle la vista.

—Estoy ocupada.

—No tardaré mucho, por favor —suplicó.

Desvié la mirada.

—Mason, de verdad…

—¿Nos vamos? —interrumpió el policía dos.

Cerré los ojos un segundo.

—Te dije que esperaras adentro —susurré, lanzándole una mirada molesta al stripper, que claramente se estaba divirtiendo con la escena.

—Nunca obedezco —respondió en el mismo tono.

—¿Y él es…? —preguntó Mason, serio.

Estaba por responder, pero el otro se adelantó.

—Ethan Mills —extendió la mano—. Un gusto.

Miré la escena como si ocurriera en cámara lenta. Mason tomó su mano.

—Mason Grace.

El apretón pareció eterno.

—Es un amigo de… —dije, buscando ayuda.

—La universidad —respondió Ethan, pasando su brazo por mis hombros, como si fuera un gesto típico de él—. Vine a invitarla a comer —añadió—. ¿Quieres venir con nosotros?

Abrí aún más los ojos.

—No —respondió Mason de inmediato. Luego me miró—. Entiendo que estás ocupada ahora, ojala puedas luego —soltó— Que disfruten la comida —miro a Ethan que se limitó a sonreír

Y se alejó hacia su auto sin decir nada más.

—Por nada —Me susurró Ethan antes de darle un codazo en las costillas. Se quejó.

—¿Te costaba esperar dos minutos? —reclamé al volver a entrar a la casa.

—No querías hablar con él. Solo te ayudé —se encogió de hombros.

—Eso me correspondía a mí.

Suspiró.

—Puede ser… pero hice las cosas más fáciles —regreso a su asiento, para después suspirar—. Lo siento si hice mal.

Lo mire con los brazos cruzados

—¿Entonces...? —preguntó con un toque de duda.

Ahora mismo, me cuestionaba que tan correcto era sacarlo a patadas de mi casa, o si estaba exagerando, tampoco es que pudiera enojarme demasiado si al final no quería hablar con Mason, ¿Para que insistir con él? ¿Realmente me es tan complicado alejarme?

—¿De verdad te llamas Ethan? —pregunté, cambiando de tema, con media sonrisa.

—Así es —respondió orgulloso—. Te ahorré presentarme como “policía dos” —hizo comillas con los dedos.

Reí.

—Necesito más detalles.

—Eso será cuando vayamos a comer —tomó mi brazo antes de que me diera tiempo de arrepentirme y me llevó hacia la puerta.

Tomé mi bolso de paso y cerré detrás de mí. Sentía un pequeño estrujón dentro de mí, y Mason ocupaba todo el espacio de mis pensamientos en este momento, ¿Debí hablarlo? ¿Qué si era urgente? Aunque de ser así no se hubiera ido, ¿No?

—¿Sabes? —dijo ya afuera—. Ahora que aceptaste salir a comer… no sé a dónde ir —confesó, algo apenado—. No conozco la ciudad.

Saqué las llaves del auto.

—Eso no es problema —le sonreí—. Te llevaré a uno de mis restaurantes favoritos.

Asintió y subimos.

—Así que Mason… —rompió el silencio—. ¿Es tu novio?

Miré al frente, que Mason se hiciera presente en todo era hasta cierto punto frustrante, lograba colarse hasta en situaciones que ni siquiera pensaba pasar hoy

—Hoy las preguntas las hago yo —respondí.

Ethan levantó las manos en rendición y sonrió.

Conduje hasta un restaurante no muy lejos de casa.

—Aquí es.

Entramos. Caminando hasta una zona central del lugar, mientras ordenábamos la comida

—Antes de que me bombardees con preguntas —dijo acomodándose—, ¿puedes contarme por qué estás aquí?

Buscó mis ojos.

—Es por trabajo —me apresure a decir—. Tengo un buen trabajo aquí… y estoy tranquila.

No era una completa mentira

—Entiendo —asintió—. Bueno, tu turno.

Sonreí.

—Ethan —usé su nombre por primera vez—. ¿Qué haces cuando no eres stripper?

Abrió más los ojos.

—Pensé que irías más lento.

—Te equivocaste.

La mesera se acercó con las bebidas, dándole tiempo a Ethan, que ahora mismo parecía debatirse que hacia aquí.

—Soy abogado —soltó de golpe.

—¿Abogado? —pregunté, sorprendida—. No me malentiendas, pero esperaba cualquier cosa menos eso.

Sonrió.

—Eso pasa cuando conoces primero al stripper. —guiño el ojo

—Pero… ¿por qué? —pregunté—. Debes ganar bien como abogado para además trabajar de noche.

Se recargó en la silla, como preparándose.

—No es por dinero —hizo una pausa—. ¿Puedo contarte algo sin que los chicos se enteren?

Asentí.

—Todos somos abogados.

Mi boca volvió a abrirse.

—¿Todos?

Rió.

—Nos conocemos desde niños. Somos hijos de abogados, estudiamos juntos… y nos encanta lo que hacemos —continuó—. Pero pasamos tanto tiempo juntos que todo se volvió rutina. Un día, el “policía tres” —se burló— nos habló de una chica que buscaba strippers para su despedida de soltera. Nos pareció divertido.

La mesera dejó la comida y él siguió.

—Nadie sabría quiénes éramos. Solo bailar para desconocidas. Con el tiempo invertimos más en trajes, publicidad… De día estamos en el despacho. Algunas noches, bailamos para mujeres que no saben nada de nosotros.

Me miró.

Yo seguía procesándolo todo.

—Vaya historia —dije al fin—. No sé qué decir.

—Eres la primera desconocida a la que se lo cuento —se detuvo—. En realidad… eres la primera persona que lo sabe, además de nosotros cuatro.

Lo miré, sorprendida.

—¿Solo yo?

—Así es —asintió—. Creo que ya hablé de más.

Ladeó la cabeza. Sonreí.

—No sé qué hice para que confiaras así en mí —dije entre risas—, pero gracias, supongo

Su expresión cambió, como si no esperara eso.

Empezamos a comer. Me contó del lugar donde se quedaban. Para mi sorpresa, era el edificio de Kate, sonreí al imaginar su cara cuando se encontrara con ellos.

Nada de esto estaba en mis planes…

y aun así, por primera vez en días, no sentía ganas de huir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.