Ya habíamos terminado de comer y, a pesar de mi insistencia, Ethan no me dejó pagar ni la mitad de la cuenta.
—En el camino vi un parque muy cerca de aquí —dijo cuando salimos del restaurante—. ¿Vamos?
Lo pensé un segundo.
—No puedes decirle que no a un invitado —añadió, fingiendo un puchero exagerado.
—¿Así defiendes tus casos? —levanté una ceja mientras caminábamos.
—Solo los difíciles —sonrió, sin mirarme.
—¿Puedo hacer otra pregunta? —imité su gesto anterior.
—Con ese puchero seguro nadie te dice que no en el juzgado —rió—. ¿Cuál es?
—Dijiste que todos son abogados —comencé cuando ya estábamos casi en el parque—. ¿Cómo hacen para que nadie sospeche de dónde están… y para pedir permiso? —si sus noches terminaban tan tarde como en la despedida de Miranda, yo no me imagino llegando temprano a trabajar al día siguiente.
Lo miré. Jugaba con una pequeña piedra, moviéndola con el pie.
—Ventajas de ser el jefe. —Respondió tranquilamente
Mi boca volvió a abrirse.
—Mierda… —murmuró, más para sí mismo—. Ya hablé de más hoy.
—¿El jefe? —pregunté—. ¿Eres el jefe del despacho?
Suspiró, pero enseguida volvió a sonreír, como si no supiera hacer otra cosa.
—Se podría decir que soy el dueño —admitió—. Mi papá está retirado y, siendo hijo único, me lo dejó a mí —se encogió de hombros—. Ahora mismo en la oficina todos creen que estoy aquí porque una chica necesita asesoría en su divorcio y que los chicos vendrán después para “evaluar” abrir un despacho en la ciudad —me miró—. Nada de eso es verdad… aunque una de ellas al parecer no es tan mentira.
—Expandirse aquí nunca será mala idea —dije, sincera.
—Oh no —me miro burlón— En realidad, esa si es mentira
Fruncí el ceño
—¿Entonces cuando veras...? —Me calle, comprendiendo a lo que se refería— Idiota
Soltó una carcajada mientras seguía caminando, mentiría si dijera que no estaba disfrutando el momento. Ethan era divertido, atento, caballeroso sin esfuerzo. Nada de él encajaba del todo… y eso estaba logrando que me distrajera un poco de todo el caos real.
—Creo que ya me contaste demasiado — suspire
Asintió rápido, como si hubiera estado esperando que al fin lo aceptara, y bueno, ya había ganado un poco de confianza
—Te dejaré hacerme una pregunta.
Apenas lo dije, me arrepentí. Su sonrisa creció de inmediato, amplia, traviesa.
Se tomó su tiempo.
—Ya sé —dijo al fin—. Cuando te conocí, estaba seguro de algo, no eres la chica que disfruta tener a cuatro hombres a su disposición.
Reí por cómo lo planteó.
—He estado en muchos eventos así —continuó— y jamás conocí a alguien tan desinteresada. Si no había asombro, ni alegría en nada de nosotros… o específicamente de mí —se señaló burlón—, ¿por qué mandaste la foto que te tomé?
¿Por qué lo dejé preguntar? No, la verdadera pregunta es, ¿Por qué sigo aquí?
Intentaba mostrarme serena, para que “el desinterés” siguiera intacto tal y como él lo había descrito. Veamos, ¿Qué le respondes a un stripper cuando te pregunta por qué después de tu poco interés en ellos ahora les envías una foto como si nada?
—¿Me creerías si te digo que no fue intencional? —pregunté.
Pareció sorprendido, pero me dejó seguir.
—Ese día estaba editando fotos en el trabajo. Tenía tiempo libre y la mía se adjuntó por error. Me pareció gracioso jugar a que se las enviaría… total, no los volvería a ver —me encogí de hombros—. Y aunque estaba segura de que no lo haría… tuve un error de dedo.
Sonrió.
—Aunque me decepciona que no haya sido intencional —se tocó el pecho fingiendo dolor—, al menos sé que una parte de ti quería hacerlo.
Me guiñó un ojo.
Iba a responder cuando me señaló detrás de mí.
—¿Esa chica no es Lucía Guilles?
Me gira hacia donde señalaba
—¿Cómo la conoces? —pregunté cuando la vi.
—Es una modelo conocida. Atendí un caso de su agencia en Arizona.
Asentí. Tenía sentido, pero lo que no tenía sentido era quién estaba con ella.
Un chico más alto, demasiado cerca. No era Mason… y definitivamente no parecían solo amigos.
—¿Ese es Mason? —preguntó Ethan.
Seguí su mirada.
Era él. Caminaba rápido, directo hacia Lucía.
—Mierda —murmuré cuando vi lo cerca que estaba de enfrentarlos
—¿El que tiene algo que ver con ella? —preguntó, confuso.
—Ella es su novia.
Abrió mucho los ojos.
—Vamos —dije, tirando de su mano—. Hay que evitar que se peleen.
Ethan se detuvo, frenándome.
—Espera, Jade —me sostuvo—. No sé bien qué pasa, pero si Mason va a tu casa cuando tiene problemas con su novia, supongo que no te llevas bien con Lucía.
Miré al suelo.
—Si llegas así, el problema será mayor —continuó—. Creo que lo mejor es que ellos arreglen lo suyo.
Suspiré con fuerza. Tenía razón.
—Está bien —cedí, forzándome a girarme de la escena y no seguir mirando—. ¿Quieres que te lleve a tu departamento?
—Te lo agradecería.
Volvimos a la salida del restaurante por el auto, toda la burbuja que se había creado con Ethan donde había olvidado todo el tema de Mason, había desaparecido, volviendo a ser lo único que ocupaba mi mente y ahora mismo, no sabía qué decir.
Conduje hasta el edificio de Kate. Su auto no estaba, lo que me llevo a la conclusión que ella tampoco.
—Es aquí —dijo Ethan.
—Espera —dije bajando del auto detrás de él—. Lo siento mucho. No quería que la salida terminara así —miré al suelo—. Me la pasé muy bien… y no quiero que pienses lo contrario.
Levantó mi rostro con suavidad.
—No puedo creer que te estés disculpando —rió—. Jade, no debes hacerlo. Yo también la pasé muy bien.
Se separo un poco bajando sus manos a los bolsillos de sus pantalones
—De verdad, no arruinaste nada, en realidad... yo también lo pase muy bien
—Creo que tú y yo vamos a terminar siendo muy buenos amigos —lo señale
Editado: 31.01.2026